Review The Killing: Numb

La línea que separa la seriedad y el rigor del aburrimiento o la confusión es muy efímera. Y con The Killing, sea porque el parón ha borrado de mi memoria detalles de la primera temporada o porque la serie no tiene muy claro a dónde va, a veces entremezclo esas sensaciones. No se me ocurriría decir jamás que no es una serie bien trabajada, con una brillante estética cinematográfica y que pone sobre la mesa un tratamiento riguroso y profundo de sus personajes. Sin embargo, cuando se adentra en su historia, el sentimiento de satisfacción y entretenimiento se mezcla insistentemente con el de confusión. Por eso, todavía no he decidido si The Killing me parece una maravilla que juega conmigo o es que está dando vueltas y empieza a marearse, como dio la sensación que sucedía al final de la primera temporada. ¿Lo comentamos?

  • Episodio 2×03: Numb
  • Fecha de emisión: 8 de abril

No me quejo de Numb. No me quejo porque hemos tenido una importante ración de personajes principales, lo que significa que nos hemos adentrado un poco menos en lo que, a mi parecer, es el punto flaco de la serie: la historia. Numb es, pues, un capítulo de personajes (como si los demás no lo fueran…) en el que toca destacar el regreso de Mitch, la siempre interesante Michelle Forbes. Mitch, como vimos en el doble episodio que abría la segunda temporada, se ha marchado de casa incapaz de lidiar con la que le ha caído encima en los últimos diez días. No soy nadie para juzgar cómo se traga cada uno sus tragedias, pero algo me dice que Mitch no ganará el premio a la mejor madre del año.

En Numb la hemos visto conduciendo, bebiendo y montándoselo con un extraño en un motel de carretera mientras en la siempre (¡siempre!) lluviosa Seattle, su marido y sus dos hijos tratan de superar exactamente lo mismo que ella -la muerte de Rosie- pero además deben ir a clase o al trabajo, evitar a la prensa y no confundir a su tía con su madre/esposa. No quiero juzgar… pero se nota que lo estoy haciendo, ¿verdad? No, no entiendo a Mitch. Su actitud ante la tragedia es sumamente egoísta. Por un momento, al ver ese calco de Rosie en la piscina, hemos pensado que se despertaría de su letargo y volvería a casa para, esencialmente, ayudar en el cuidado de sus hijos y evitar que su marido se vuelva completamente loco. Pero no. Ha cerrado la cortina, una manera muy gráfica de dar carpetazo, por ahora, al asunto que le he amargado la vida.

Stan encarna la otra cara de la moneda en este proceso de asimilación: quiere luchar. Y podemos tomarnos esa expresión muy al pie de la letra: desea matar al asesino de Rosie Larsen. Para ello, como vimos la semana pasada, ha entrado en contacto con Janek, un mafioso al que entregó parte de su vida y que todavía le guarda suficiente estima como para ayudarle a encontrar al responsable. Lo que no sabe Stan, nosotros nos hemos enterado en Numb, es que el equipo de Janek tiene relación con Beau Soleil, ese servicio online de prostitución en el que estuvo metida Rosie Larsen. Porque sí, lo estuvo, por mucho que Janek le quiera hacer creer a Stan que su hija no se sacaba unos ahorrillos con el oficio más viejo del mundo. Además, queda claro ya que es el responsable del incendio del primer episodio, donde se perdieron pruebas sobre todo este asunto. O sea que el pobre Stan, recapitulamos, tiene a la mujer montándoselo con otro, a la prensa viviendo en la puerta de su casa, a la policía dándole la espalda, a dos hijos preguntones y a una mafioso que considera aliado, al que se ha cogido como último clavo ardiendo para encontrar al culpable del asesinato de su hija, pero que en realidad está implicado en el caso y le presenta informaciones falsas. Fantástico. ¿Quién no querría estar en la piel de este hombre? Sí, le queda Terry, la cuñada que interpreta el papel de la madre, pero la relación que mantienen es terriblemente fría. En serio, a veces creo que muchos de los problemas de esa serie se resolverían con un abrazo…

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A Holder, por ejemplo, no le iría mal un abrazo. Primero, una colleja, por tonto, pero luego un abrazo. Cuando acabó la primera temporada pensamos que estaba detrás de todo lo que había pasado en Seattle en los últimos trece días, que movía los hilos y utilizaba su disfraz de detective para llevar a cabo una conspiración poco menos que planetaria. En realidad, Holder es un peón. Un peón tonto que ha creído en la gente equivocada y que ha intentado coger un atajo cuando el sentido común exigía ir por el camino de curvas. Y ahora es un juguete roto. En realidad siempre lo ha sido, pero ahora además lo parece. Por eso, al menor traspiés ha vuelto a por esa amiga capaz de hacerle sentir bien independientemente de lo mierda que esté hecho. Y no, no me refiero a la compañera de Narcóticos Anónimos, sino a la droga. Me molesta que en todas las series que cuentan con un personaje rehabilitado, éste acabe cayendo en la tentación en algún momento, pero me voy a callar porque sólo por ver la interpretación de Joel Kinnaman ya merece la pena. Soberbio en la escena en casa del yonqui, en especial porque venimos de una escena cargada de ternura en la que busca desesperadamente el cariño de su sobrino. Apunten a Kinnaman entre los candidatos a premios de la televisión

Holder ha pagado las consecuencias de su torpeza, pero aún está a tiempo de arreglarlo gracias a su buen olfato de detective. El cambiazo de la mochila fue un movimiento esencial para que la investigación que lleve a cabo con Linden dé sus frutos. Porque sí, Linden y Holder vuelven a ser pareja, una magnífica noticia para la serie y para el propio Holder, que en el momento de dar con la pelirroja empezaba a parecerse demasiado a su yo del pasado. Es hora de dejar atrás las rencillas, de confiar el uno en el otro y de investigar sobre la mochila. El otro hilo del que habrá que tirar es el del hombre tatuado. Sabemos que el tipo tatuado es el que incendió las pruebas de Beau Soleil, trabaja para Janek y conduce una camioneta del negocio de los Larsen. Esto podría ser una pista definitiva para dar con el asesino o, como sucedió incontables ocasiones el año pasado (los compañeros de Rosie, el profesor de Rosie, el asunto de la mezquita), un camino sin salida.

Cerramos con Richmond, que da título a este 2×03 (Numb = paralizado) con su lesión de columna. Aquí sí que no voy a juzgar la actitud del político, empeñado en mantener la fe a pesar de lo que le han dicho los médicos. Estoy prácticamente convencido de que Darren no volverá a andar, pero también lo estoy de que tiene mucho que decir tanto en la investigación del asesinato de Rosie Larsen (del que ahora mismo está totalmente alejado) como en la carrera por la alcaldía de Seattle. A diferencia de lo que sucede con Holder, no sé si le pasa a alguien más, me cuesta identificarme con el dolor del político. Y no es por culpa de Billy Campbell (correcto) ni por falta de contexto, que la serie lo ha trabajado, sino por la sensación de que de alguna manera, si no hay conexión entre la política y el asesinato (insisto, creo que la habrá) estamos perdiendo el tiempo en esa habitación de hospital. Gwen ya ha saltado del barco, ¿se atreverá la serie a desmontar esa trama?

En general, un capítulo algo lento. O, mejor dicho, más lento de lo que nos tiene acostumbrados esta serie. En el saco de las buenas noticias, el regreso de Mitch y el reencuentro como pareja detectivesca de Holder y Linden. En el de las malas, lo que os comentaba al principio, que a veces la historia es demasiado confusa, muchas de ellas para guiarnos a un callejón con un muro al final. Mejorará.


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