Review The Killing: Missing

Review The Killing: Missing

Objetivo: publicar la review antes del domingo. ¡Objetivo cumplido! Claro que publicarla el sábado a última hora tampoco es para lanzar cohetes, pero es un comienzo. El rediseño de la web, la transición a WordPress y la gestión de todos los que hacen posible Todoseries no es sencilla, aunque ya empezamos a ver la luz al final del túnel y creo que para la semana que viene todo funcionará a pleno rendimiento. Incluidos nosotros. Ahora toca hablar de The Killing, una serie que me generó muchísimas dudas con sus primeros episodios, pero que me ha conquistado plenamente con los últimos cinco o seis. En especial, con este Missing en el que, ¡por fin!, conocemos a la verdadera Sarah Linden.

Objetivo de la semana: publicar la review antes del domingo.

  • Episodio 1×11: Missing
  • Fecha de emisión: 05 de junio de 2011

Leyendo los comentarios de la pre review, veo que muchos comparan este undécimo capítulo con The Suitcase, el 4×07 de Mad Men. Estoy seguro que tenéis razón, pero yo vivo de espalda a lo que sucede en Sterling Cooper, así que prefiero comparar Missing con Fly, aquella maravilla de Breaking Bad en la que Walter perseguía mucho más que a una mosca. En The Killing perseguimos a Jack, que aunque mucho más grande, parece tan escurridizo como el insecto que amargó a Heisenberg. En ambos casos, la trama que centra el capítulo, como habéis debatido sabiamente en los comentarios, es un evidente MacGuffin. No importa el qué para la historia, fue Jack pero podría haber sido la prima de Linden la desaparecida, pero sí las consecuencias que eso genera en los personajes.

A pesar de ser una joya, me pregunto el por qué de Missing, por qué The Killing también tiene un episodio que funciona como una isla en la temporada. Y tengo varias ideas: la imposibilidad de mantener un único caso como foco principal de la serie durante trece semanas seguidas; la situación contractual de algunos actores, que no pueden aparecer en todos los capítulos; o la reducción de presupuesto de un episodio para tener los bolsillos más llenos de cara a la recta final de la temporada. Puede ser una cuestión de dinero, de contratos o de guión, pero el resultado, que es lo que más importa, es francamente brillante.

The Killing me ha conquistado, decía. Lo lleva haciendo un mes y medio, desde que quitamos la primera capa a los personajes, esa que nos permite identificarnos con ellos, quererlos, odiarlos o desconfiar de su vinculación con el asesinato de Rosie Larsen, que para eso hemos venido. Algunos dirán que Missing es un episodio en el que no sucede nada. Y yo exigiré una especificación: en la investigación principal (salvo cliffhanger de rigor). Sí sucede, sin embargo, una lección de interpretación que dura 50 minutos por parte de Mireille Enos y Joel Kinnaman, Holder y Linden. Linden y Holder, una pareja con muchísima química en pantalla, aunque parezca que no se soporten. Sucede también que después de quitarle la coraza a casi todos los personajes, por fin le ha tocado el turno a Sarah Linden, la mujer de hielo, la reina de la indiferencia, la cicatera de sonrisas.

Para que apareciera la verdadera Sarah Linden ha tenido que desaparecer Jack, un adolescente de manual. El pequeño se ha escapado de casa para llamar la atención de su madre, aunque en algún momento de este Missing nos han hecho creer que su desaparición podría tener relación con el asesinato de Rosie Larsen. Linden ha aparcado el caso durante 24 horas, aunque técnicamente estábamos esperando a una autorización del fiscal para entrar al Casino. Todos los minutos que pasan desde que Linden descubre que algo va mal hasta que vemos a Jack en la puerta del hotel, sirven para confirmarnos que nuestra protagonista es mucho más que una brillante detective. Ante todo es madre, lo que implica una búsqueda implacable e incansable de su hijo. También es una mujer capaz de reír, de enfadarse, de ser caprichosa y encantadora a la vez, de confesarse, de llorar y, lo más importante, de entablar una amistad. Durante muchos capítulos he pensado que Linden y Holder eran polos iguales de un imán, seres reservados y orgullosos condenados a soportarse por un bien común. Pero la apertura de Sarah también ha generado la aparición del mejor Holder, al que sí habíamos ido moldeando con mayor precisión, y de una sólida relación entre ambos que sin duda beneficiará a la investigación.

De esa amistad, me vais a permitir que sólo haga mención a una escena, la del restaurante, en la que Holder empieza explicando su complicada filosofía de vida, ante la mirada atónita de Linden, y acaba confesando su adicción a las metanfetaminas (¡maldito Heisenberg!). Creo que ahí ha empezado a derribar la muralla de su compañera, con la que se ha portado de forma exquisita durante todo el episodio. Y es que si Linden ha estado de diez durante todo el episodio, Holder se merece un once. No sólo ha soportado con humor y paciencia la rabia de Sarah, sino que la ha protegido y cuidado como si se tratara de una hermana, aunque eso significara volver a fallarle a su familia de verdad. Muy grande, Holder.

El único problema de Missing es que llega un poquito tarde. Primero porque un viaje tan intenso y tan acertado al interior de los personajes hubiera sido más inteligente en los primeros episodios, cuando Linden y Holder eran completos desconocidos para la audiencia. Y segundo porque el plazo para presentar interpretaciones al jurado de los Emmy finalizó el pasado 30 de mayo, así que Kinnaman y Enos no pueden utilizar esos 50 brillantes minutos de Missing para asegurarse un puesto en la lista de candidatos. Se lo merecen. Y también se lo ha ganado la serie, aunque en los primeros episodios perdiéramos demasiado tiempo con Bennet, porque es complicado encontrar en la tele un producto tan correcto, tan humano y tan profesional como The Killing.

Por cierto, Rosie estuvo en el Casino. Para allí que nos vamos mañana…


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