Review The Killing: I’ll Let You Know When…

Review The Killing: I'll Let You Know When...

Dejamos The Killing hace siete días con una equis gigante sobre la cabeza de Belko Royce, que estaba rompiéndose los nudillos contra una roca mientras Stan Larsen apuntillaba casi a Bennet Ahmed. Ahora, tras I'll Let You Know When I Get There, la equis encima de la cabeza de Belko ha desaparecido casi del todo, el Suspect Tracker ha dado un vuelco y nosotros estamos casi igual de despistados que el dúo Linden-Holder. Solo al final hemos visto un poco de luz en el camino, con Adela. The Killing está de sprint y obviamente hay que celebrarlo… ¿te apuntas?

Belko era el hombre a seguir tras el anterior capítulo. Belko, el rarito. Belko, el que vive todavía con su madre, una septuagenaria semi exhibicionista. Belko, el que probablemente haya desarrollado una relación con el sexo de lo menos natural. Belko, el que entra y sale de casa de los Larsen cuando quiere. Belko, el eslabón más débil de la cadena… Efectivamente, el ayudante de Stan parecía la diana ideal, y la narrativa de The Killing se puso al servicio de la idea: Terry habla mal de él delante de los detectives, estos ven fotos de Rosie encima de su cama, deducen que quien estaba en casa esa noche tenía que ser Belko… Pero ay, resulta que luego durante el interrogatorio las tornas cambian. Belko no quería a Rosie, Belko en realidad lo que necesita es una familia. A los Larsen en bloque. Stan es sin duda su figura paterna, y aunque Mitch no se lleva bien con él seguro que la respeta más que a su propia madre, Bev. Belko sale vivo del interrogatorio, esquiva las provocaciones de Linden (muy grande Sarah cuando le ataca por el flanco sexual) y vuelta a empezar. ¿Quién narices mató a Rosie Larsen? Nuevamente, un hilo del que tirar: Adela. Belko deja claro que se trata de una persona, pero la ambigüedad de la frase (“Adela, I'll be there”) abre la puerta a que sea un lugar.

Me gusta cómo acaba toda esa escena: Belko está más preocupado de que Mitch no le riña que de saber algo sobre el caso Rosie. Incluso, de saber que él mismo está fuera de toda sospecha. Por contra, no me gusta cómo han seguido enlazando pistas, es decir, el momento running de Sarah en el que la suerte máxima se alía con ella y se topa con un barco llamado Adela. Por cierto, que el de al lado se llama Veena, como Veena Sud, la executive producer de la serie. Linden se sube al barco y de camino a no sabemos aún donde descubre el Wapi Eagle Casino, cuyo logotipo coincide con el de las llaves de Rosie. Y digo yo… ¿a nadie en la policía le sonaba ese logo? Porque el casino no tiene pinta de estar muy lejos de la costa… Con el templo del juego de por medio no es descabellado pensar que Rosie es la sospechosísima número uno a haber provocado el desfalco de 16.000 dólares en la cuenta de ahorros de sus padres. ¿Para qué? No creo que fuera para jugárselos a la ruleta. No, más bien me temo que usaba el casino como depósito; si no me equivoco, en el casino puedes tener cajas de seguridad. Y son, sin lugar a dudas, mucho más discretas que los bancos

Adela... y VeenaAdela… y Veena

Pongamos que Rosie robó el dinero de sus padres. ¿Motivos? El típico argumento de la adolescente que huye de casa no encaja con ella. Es decir, no se llevaría el dinero para iniciar una nueva vida en otro país, porque para empezar no le pega (al menos hasta donde sabemos, tenía una buena relación con su familia) y porque además en ese caso probablemente no hubiera dejado la cuenta a cero. No, más bien creo que necesitaba todo el dinero posible y por eso apuntamos al casino. Quizá necesitaba más que esos 16.000 y decidió intentar hacerlos crecer en el Wapi Eagle. Claro que a su edad la entrada a un casino está más que vetada. Y ahí entra en juego (nunca mejor dicho) la persona al otro lado del teléfono. Tal y como explica Belko, Rosie quedó en el Adela con alguien. Muy posiblemente un adulto con capacidad bien para intentar exprimir esos 16.000 dólares, bien para ponerlos a buen recaudo en una caja fuerte. O, tirando aún más de fantasía, el propio destinatario de la suma. Porque sí, porque después de ver esa foto de Darren Richmond encajando la mano de Rosie no podemos negar que algunos focos le apuntan a él… 16.000 dólares para la campaña del candidato idealista, quizá para algún proyecto benéfico. Algo a la medida de la joven.

Sinceramente, tendría sentido que el asesino estuviera en el lado de la trama política, básicamente porque así tendía sentido su existencia. Sin embargo, no compro la idea de que Richmond sea el culpable. Para empezar porque tiene demasiados escrúpulos, y se han encargado de que lo sepamos. Pero además porque no tendría sentido haber sido el único defensor de Bennet Ahmed cuando este caminaba totalmente solo por encima del alambre. No, no puede ser Darren. La foto es un cebo más para nosotros, y un caramelo si cae en manos del alcalde, que no creo que dude mucho en utilizarla electoralmente. ¿Os habéis fijado, por cierto, en cómo Gwen se queda mirándola justo al final del episodio? Parece que hasta ella duda de su jefe…

Siguiendo en el terreno de Richmond, me ha parecido ciertamente curiosa la visita de Sarah a su casa. ¿En serio los policías actúan así? ¿De verdad piden perdón de esa manera tan personalizada? No sé yo… Es como si hubieran metido con calzador a Linden en esa casa para poder reutilizar esa visita en el futuro, aunque repasando la escena da la sensación de que a la agente no el da mucho tiempo de chafardear nada. Veremos.

Ay...Ay…

Por lo demás, el capítulo no ha tenido mucha tela que cortar. Bennet está en el hospital, casi entre la vida y la muerte. Es posible que no volvamos a verlo mucho más, ni a él ni a su probablemente atormentada mujer, que se debe estar culpando, y mucho, por lo sucedido a su marido. Stan afronta una dura pena de cárcel, lo que sería sin duda un torpedo directo a la línea de flotación de su familia. Mitch estaría triplemente rota: el asesinato de su hija, el encarcelamiento de su marido y la pérdida de todos sus ahorros. Aún podrían sumarse los remordimientos por haber metido la pata con el tema del jersey, que resultó no ser de Rosie sino de la niña somalí, pero no creo que tenga la cabeza para eso ahora… Respecto a Sarah, tampoco hay mejores noticias para ella. Su hijo sigue despendolado, y encima se ha discutido con su único apoyo, Reggie. Para acabar de rematarlo, Rick se ha presentado en Seattle y tras una breve conversación a la puerta de la habitación del motel, su relación flota en el aire. Queda claro que Linden necesita cuanto antes un asesino para poder seguir adelante con su vida.

¿Cómo lo veis vosotros? ¿Tenéis algún sospechoso en mente? ¿Apostáis por Richmond, al que la foto le va a pesar seguro? ¿Quizá alguien de su candidatura? Lo cierto es que el círculo se estrecha y apenas quedan días para resolver el caso…


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