Review The Killing: Ghosts of the Past

Alexi Giffords

Who killed Rosie Larsen? Ese es el subtítulo principal con el que se presentaba The Killing, una serie que trata, entre otras cosas, del asesinato de una jovencita con una vida turbia. En la primera temporada, dar con el asesino de Rosie se convirtió en la obsesión de Sarah Linden, la protagonista, que de la mano de Stephen Holder, su compañero y futuro sustituto, consiguió contagiarnos a todos. El pasado domingo la serie confirmó que no sólo ha perdido de vista ese cometido, a base de frustrantes distracciones, sino que ahora piensa cambiar su “apellido”: Who’s your daddy, Rosie Larsen? Sí, yo creo que es la palabra que mejor describe esta serie: frustrante.

Que sí, que los personajes están muy bien moldeados, que la serie está ambientada de forma exquisita y que el trabajo del reparto es, como mínimo, soberbio. Pero la historia sigue haciendo un flaco favor a la serie, que está pagando muy caro no haber resuelto el asesinato en la primera temporada. No es una cuestión de sentirse traicionado por aquel final más o menos tramposo, es que cada puerta que abrimos parece conducir siempre a ninguna parte. The Killing no va de quién mató a Rosie Larsen, va de cómo encaja su entorno esa muerte, pero no estaría mal que por el camino, ya que tenemos a Holder y Linden trabajando 24 horas al día, diéramos algún paso correcto. Si no, todo lo que sucede pierde credibilidad. Y más con revelaciones telenovelescas como la del final de Ghosts of the Past.

Perdonadme, pero no, no estoy contento con The Killing. Disfruto de la pareja protagonista como un niño con videoconsola nueva y me contagio de la atmósfera triste y angustiosa de la serie en cada episodio, pero la historia me pega cada semana una fuerte patada en la espinilla. En 18 días de investigación, que son los 18 episodios que llevamos en la mochila, no sólo no nos hemos acercado al asesino, algo común si tenemos en cuenta lo torpes que son los buenos y lo habilidosos y poderosos que son los malos, sino que nos han hecho creer en cada final de episodio que sí lo estábamos para, acto seguido, tirar a la basura ese arco argumental y construir uno nuevo a base de una revelación que pretende ser impactante.

En los cinco primeros episodios de esta segunda temporada nos hemos centrado en encontrar al hombre del tatuaje, principal sospechoso del asesinato de Rosie Larsen. En Ghosts of the Past hemos comprobado -lo teníamos clarísimo- que Alexi Giffords tampoco es el culpable de la muerte de la jovencita. El problema no es ese, aunque ya empezamos a estar algo hartos de dar palos de ciego. Lo realmente frustrante es que ahora al Departamento de Policía de Seattle le haya dado por hacer las cosas bien y retener al principal sospechoso de asesinato durante 12 horas. Ni un minuto más. Y, tiene guasa el asunto, a Holder y a Linden les dé por jugar a poli bueno y poli malo cuando quedan diez minutos para que se lleven a Alexi. Detalles como éste, en mi opinión, sirven para construir el cliffhanger final, pero sólo contribuyen a que la historia pierda credibilidad. E, insisto, no es un problema de que la búsqueda del asesino se esté alargando, nadie dijo que tuviera que ser fácil, sino de que esa búsqueda resulte coherente e interesante. Y ahí creo que The Killing no está haciendo las cosas bien. Opinión personal.

The Killing 2x05

¿Las revelaciones de Alexi Giffords? En resumidas cuentas, el chico nos explica que sí, que quiso matar a Stan Larsen, pero que al final se enamoró de Rosie, con la que habló por última vez el día de su muerte. Una llamada de la propia Rosie alertaba a Alexi de que “lo había vuelto a ver”, suponemos que al asesino, al que divisó entre que salía del Casino y volvía a casa. El cliffhanger de esta semana está patrocinado por Telenovelas Venezolanas S.A. y dice que Rosie no sólo no se llevaba bien con sus padres, como nos hicieron creer en los primeros episodios, sino que ese señor grandote dispuesto a matar a un inocente a puñetazos -el profe se recupera, por cierto- por ser sospechoso del asesinato de su hija… ¡no es su padre! ¡Stan Larsen no es el padre de Rosie Larsen! La escena está muy bien construida, con Alexi en la sombra dando el notición, pero nadie me puede negar que es un argumento “algo trillado”. Y más allá de lo tópico que resulta esto para una serie original como The Killing, me pregunto qué importancia puede tener para la historia el hallazgo. ¿Apuestas sobre quién es el padre? Yo pongo un nombre sobre la mesa: Janek Kovarsky.

Alexi no es el asesino, como decía, y ahora estamos obligados a mirar a otra parte. ¿Volvemos a apostar? Yo creo que vamos a tirar del hilo del amante de Terry, Richard Ames, padre de uno de los compañeros de clase de Rosie Larsen y hombre adinerado de vida oscura, como vimos la temporada pasada. Y digo esto en base a varias razones: Jasper Ames le pegó una miradita de desconfianza a Sterling cuando ésta hablaba con la policía; encaja en las pistas dejadas por Alexi Giffords; se relaciona, a su vez, con la trama sentimental de Terry, que esta semana ha dado un giro más o menos esperado. Terry y Stan se han besado, más por necesidad que por pasión. Y es que no hay humano que aguante esa presión que existe en casa de los Larsen sin, de vez en cuando, darse una alegría para el cuerpo. Tanto calor había entre ellos que una simple llamada de teléfono ha cortado el breve escarceo. Yo sigo insistiendo con lo que comenté hace unos días: muchas de las cosas que le pasa a ese gente se resolverían con un abrazo. El padre de Terry lo ha intentado, pero se ha quedado en un beso en la frente.

Por su parte, Mitch Larsen, la mamá del año, ha intimado con la jovencita que le recuerda a Rosie y ha dado título al episodio. Su reacción sigue siendo, cuanto menos, dudosa. Respetamos su dolor, pero no podemos entender su egoísmo. Es decir, dejar atrás a su marido es una cosa, y más teniendo en cuenta que Stan no es precisamente un santo, pero abandonar a sus hijos es una decisión tan poco convencional como criticable. Supongo que en ese camino busca respuestas, o tal vez sólo quiere olvidar, pero lo único que está consiguiendo es crear una distancia con su gente difícil de perdonar. Yo no lo haría. ¿En qué momento volverá a casa?

The Killing 2x05

La otra “revelación” importante del episodio nos la ofrece Jaime, que en primicia primiciosa le cuenta a Richmond que detrás de su implicación en el asesinato de Rosie Larsen está su enemigo político. No me considero muy hábil para desentramar misterios en esta serie y posiblemente no le preste la atención que merece, pero… ¿eso no lo sabíamos ya? Si a eso le sumamos que Jaime llega a esa información reuniéndose con una mujer que aparece de la nada, con la que se toma un café… ¿no ha resultado como muy anticlimática y patillera toda esa escena? En fin, no me hagáis mucho caso. La cuestión es que Richmond, que hace 18 días era un político que estaba a punto de comserse el mundo, es hoy un mar de lágrimas en una cama de hospital de la que no se puede levantar. Así que si la serie se había planteado contarnos cómo afecta la muerte de Rosie Larsen a su entorno, desde luego que con Richmond lo ha conseguido. Ahora, Darren vuelve a estar en el tablero.

De la historia personal de Linden, esta semana toca hacer mención a la escena en que aparece su marido Greg. La obsesión de Sarah por el caso Rosie Larsen la convierte en una madre horrible, hasta el punto de cuestionarnos si es patológico. A esa conclusión, imagino, también ha llegado Greg, que se presenta ante Linden para pedirle explicaciones: ¿por qué el hijo de ambos está solo y enfermo en una habitación de hotel? A lo que a nosotros nos toca preguntarnos: ¿qué cosa horrible ha hecho este hombre para que Sarah prefiera tener a su hijo en esas condiciones que con su padre? Cada vez nos cuesta más entender a Linden. Y creo que a Holder, prácticamente inédito en este 2×05, le empieza a pasar algo similar.

Al mismo ritmo, empiezo a perder toda mi fe en la historia. La trama del asesinato pasó de ser un juego de niños a convertirse en una conspiración política que parecía tener implicaciones de las altas esferas. De ahí saltamos a un escenario en el que parecía estar involucrada la mafia, a raíz del turbio pasado del padre de la fallecida. Ahora resulta que ese tipo no es el padre, un hilo del que pronto tiraremos para dejarlo olvidado en unos pocos episodios. No, no estoy contento con lo que se está convirtiendo The Killing…


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