Review The Good Wife: The Art of War

Y otro capítulo que no me acaba de convencer del todo. No es preocupante, por mucho que vayan ya dos seguidos. en una serie que tan buenos tiempos nos dio (qué cojones, hace tres semanas estaba rebosante de gozo por el capítulo que se habían marcado) aunque sí que hay un aspecto negativo que me gustaría destacar y sobre el que me explayaré tras la entradilla pero que resumo ahora: sin una trama potente de fondo, el nivel que tiene cada capítulo para enganchar al espectador depende directamente de la potencia del caso procedimental. Y, cuando este baja, como esta semana, hay un bajón generoso.

Ya en lo que es el capítulo, volvemos a irnos a un juicio militar. Bueno, más que nada, a un contexto militar, porque el juicio es civil. Nos ponemos del lado de la acusación en un caso que nos lleva a intentar descubrir la hora en la que hubo de producirse un supuesto intento de agresión sexual por parte de un integrante de una subcontrata del ejército a una soldado. Problema: que si el asalto lo realizó como militar (desde la medianoche en adelante, pues ahí es cuando entraba en vigor la pertenencia de este al ejército) no tiene ninguna responsabilidad legal, mientras que si lo hizo como subcontratista, sí.

Y en la resolución del caso, los guionistas vuelven a optar por una resolución contraria a los intereses del bufete de Lockhart and Gardner. Esto me gusta porque da un toque más realista a la serie (no creo que jamás un bufete lo haya ganado todo) y permite mostrarnos a los personajes en situaciones algo distintas a sus habituales. Por ejemplo, Alicia muestra un lado amargo al probar cómo sabe la derrota, por mucho que la soldado la intente consolar. “Estar aquí ya era una victoria”, que se oye decir.

Vamos con la trama que, como me quejaba en la entradilla, no está sabiendo ejercer de enganche general para los espectadores: la trama política. Ojo, no quiero decir que sea mala, ni mucho menos (en varios del los capítulos ha sido lo mejor de los mismos), pero simplemente no tiene esa capacidad para enganchar como sí que lo hacía la tensión sexual no resuelta entre Will y Alicia, por ejemplo.

El caso es que Eli Gold se enfrenta a algo que no vio venir: que Maddie, la que creímos amiga de Alicia, se presente como candidata y rival de Peter Florrick, lo que explica la retirada del apoyo económico a la campaña de Peter que vimos la semana. Creo que no había nunca visto a Gold tan fuera de sus casillas. Entre lidiar con esto,  con Jackie (desaparecida en este capítulo en una trama en apariencia absurda como es su búsqueda de “asistente”) y con el escándalo sexual de Peter (interesante la estrategia que usa, hacer que todo parezca un acto de venganza de la periodista al candidato) el pobre no debe poder más.  La guerra electoral ha empezado (por ahí se ha escuchado el nombre de Kresteva, ¿lo volveremos a ver? La esperanza es lo último que se pierde) ahora que ya parece que están todas las piezas fijadas sobre el tablero.

El miniavance en la trama de Kalinda (en serio, me niego a explayarme mucho en este tema, que me cansa) consiste en que Nick ha perdido y no va a poder seguir con los negocios en Chicago, pero existe una pequeña posibilidad por ciertas irregularidades del lado vencedor. Señores guionistas, déjennos de tonterías y olviden a Nick, que haremos como si jamás hubiera existido. Por lo demás, también conviene destacar que Alicia, cuando descubre la “traición” de Maddie, la buena esposa se va de copas, como otrora hiciera con naturalidad, con Kalinda.

Un apunte breve, o pregunta lanzada al aire, más bien, sobre el hecho de que Diane vea en Cary una oportunidad para “controlar” al fideicomisario: ¿de verdad no hay ninguna trama mejor para este personaje? ¿Nada?

La última escena, interesantísima, nos pone a una Maddie convencida de su victoria que ofrece a Peter el puesto de número dos cuando esta sea gobernadora. Peter lo rechaza, con odio casi, y la tensión por las elecciones se dispara. “Let’s get to Work”. Os leo en los comentarios.


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