Review The Good Wife: And the Law Won

“I fought the Law… and I won”. “Luché contra la ley… y gané”. A estos dos títulos, que bien podrían ser frases dichas por el mismísimo Walter White, responden los dos primeros nombres de los primeros episodios de la temporada de The Good Wife. Una The Good Wife que parece haberse instalado en un inmovilismo férreo dentro del continuo movimiento de personajes que hay: Alicia ya no sabe si quiere cambiar o si quiere quedarse dónde está, junto a su marido. Su ambición de poder (don’t let the name fool you, que rezaba el slogan con el que se promocionaba la serie allá por su tercera temporada) se redujo una vez llegó a un “acuerdo” con Will y, desde entonces, la serie se limita a vivir de los personajes secundarios. Y bien que hace.

Digo que hace bien porque centrar tramas más allá de los casos procedimentales en una Alicia inamovible puede ser un error si no se hace con mesura, y, esta temporada, pese a que la señora Florrick sigue siendo el eje central de las historias que hay (a excepción de la de Kalinda, que se queda un poco descolgada aunque se hagan esfuerzos por reconducir a su marido hacia el bufete de Lockhart and Gardner fideicomisario mediante), hay dos focos claros: la campaña electoral de Peter y, sobre todo, los problemas económicos que atraviesa Lockhart and Gardner.

Entre medias, los casos siguen llegando. La mala suerte da un respiro al bufete de abogados con la reincorporación de Will a la abogacía tras su suspensión de seis meses. Gardner no va a perder el tiempo. Su primer caso, la muerte de un joven en una protesta cuyo culpable pudo ser, más indirecta que directamente, un policía local. The Good Wife, como vemos, sigue buscando tocar temas de actualidad —inevitable no pensar en movimientos como el 15M o el 25S)— como ya hiciera (y Dios quiera que siga haciendo) temporadas atrás. El problema va a llegar cuando Gardner, demostrando ambición (y desoyendo las airadas quejas del personaje de Nathan Lane, no pacte por 800.000 dólares (cantidad de dinero para nada desdeñable, y menos sabiendo cómo está la situación financiera en cierto bufete de abogados de Chicago). Lo más reseñable de lo que es el juicio en sí viene a ser que notamos a un Will incómodo en el estrado, sufriendo para vencer en un caso en el que tenía que haber arrasado viendo al rival que tenía enfrente (un pelín pobre, por cierto, el recurso que han usado para dar información al espectador sobre la ley que en ese momento mencionaba el juez haciendo que el abogado defensor no se acordara de esa ley y tuviera que preguntar, ¿no?).

Lógicamente, el desarrollo del caso es el de siempre. Parece que no van a ganar por una revelación inoportuna (que no estaban juntos el fallecido y la testigo), pero otro (oportunísimo, todo sea dicho) descubrimiento aún más oportuno (la chapita roja) conseguirá que venzan llevándose 3,5 millones de dólares. Me vale. (Por cierto, puntazo de Will enfadado porque el jurado hace preguntas: “¿es que tengo a Colombo en el jurado?”). Cuando The Good Wife busca temas actuales suele cumplir con nota.

Más. El ERE en el bufete. Lo que menos me ha convencido del capítulo, sin duda alguna. “¿Por qué deberías no ser despedida?”, viene a preguntar el fideicomisario. “Porque soy buena” responde Alicia. Eso es tenerlos cuadrados, pero no me cuadra en un personaje como Alicia. Que sí, que ha cambiado, vale. Pero esa respuesta es más propia, con toda esa chulería, de su hormonado hijo Zach (¡Nadie os echa de menos a ti ni a tu hermana!) que de la buena esposa. Los problemas de Alicia dándose cuenta de que su testimonio es fundamental a la hora de decidir quién es despedido la verdad es que no alcanzan importancia reseñable. Sí que parecen destacables dos cosas: A) Que Diane pida, casi suplique, a Alicia su ayuda para renegociar los términos de su contrato de alquiler (infútiles esfuerzos, conste) y B) Que la señora Florrick tenga una nueva amiga (incómoda escena con dudas sobre sexualidades ajenas mediante) la cual no dudará en apoyar económicamente la campaña de Peter Florrick —en este capítulo bastante desaparecido, la verdad— en un movimiento, cuanto menos, sorprendente.

Kalinda. Ella sí que está en un buen lío. Entre las primeras amonestaciones verbales que recibe de Will (es que los tienes malacostumbrados, cariño, pues durante tres temporadas en cuanto decían tu nombre estabas ahí) y que Clarke Hayden no acepte que Alicia rechace llevar su caso (no le culpo por eso, simplemente está ejerciendo su trabajo: intentar sacar dinero de cualquier lugar) su mundo está muy, muy cerquita de derrumbarse. Hablaba antes de cómo se ha intentado juntar esta trama al centro de todo, que es Alicia. Parece que vamos a tener más al marido de Kalinda (aún no se me ha quedado su nombre) por el bufete.

Capítulo, seamos realistas, muy notable en cuanto a preparación de terreno (culpa de esto lo tiene el entretenido caso de la semana), pero carente de avances en lo que es la trama principal (esto no tiene por qué ser malo, precisamente) marcado por la, como ya hemos mencionado, unión de tramas en torno a un mismo punto, Alicia (que para algo es la protagonista de la serie). Se han sabido utilizar mejor los alivios cómicos (dos o tres frases apuntilladoras aquí y allí que nunca quedan mal) y una The Good Wife que, en la última escena, da un atisbo de volver a ser feliz inamovible del lado de su marido, pese a todo lo que le ha pasado.

PD: Esta es la última review que se retrasa tanto. Prometido.

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