Review The Good Wife: Anatomy of a Joke

Al comienzo de la anterior review dije que yo no dudaba de esta serie. También dije que, pese a los dos flojos capítulos anteriores, seguro que volveríamos a un nivel normal (ya sabemos que un nivel normal en esta serie es un nivel alto en general) y que todo tendría solución. Y, por una vez, he tenido razón: mi predicción se ha cumplido y, con un capítulo genial, The Good Wife consigue eliminar cualquier duda acerca de su calidad. Vamos con la review…

Y lo hace con un genial capítulo redondo desde el principio, cuya primera escena es una brillante sátira de la censura en la televisión encarnada en una ventana abierta que hace que se oiga demasiado bien el ruido de la calle, oportunamente solapando las palabras malsonantes que profiere nuestra clienta del capítulo. “No somos niños”, que se llega a decir en la misma escena.

Y es que el caso ha sido redondo (con la contra que esto conlleva y que comentábamos el otro día: que el nivel de los capítulos depende directamente del interés que suscite la trama procedimental de la semana): Unas tetas mostradas en una suerte de talkshow en  directo (ya sabéis lo puritanos que son los yanquis con esto, que a la mínima que salga algo medianamente adulto aparece la asociación de Padres y Madres por el crecimiento de los niños de turno) “para dar información sobre el cáncer de mama” pondrán furiosos a los directivos de la cadena. Demanda al canto. America en su mayor expresión.

Y claro, ahí está nuestro bufete, en medio de sus problemas económicos que luego trataremos, para salvar el culo a la demandada. Tras una serie de originales idas y venidas (para evitar la multa, deberemos hablar con tres miembros de una sociedad de padres y madres tocahuevos americana), entre la que destaca la marcha de la acusada a otra entrevista para ponerlo todo, de nuevo, patas arriba. Destacar quiero también el hecho de que no consigan lo pactado per se, pero que Will, muy atento él a un descuido del abogado acusador, apunte que la entrevista no sólo no ha perjudicado a la cadena sino que la ha beneficiado, saliendo estos victoriosos del juzgado.

El caso de la semana se entrelaza también con los problemas económicos del bufete. Resulta que nuestro fideicomisario ve buena la opción de vender la firma de Lockhart and Gardner a la firma del abogado rival, que muestra un interés remarcable en la sección de Derecho de Familia. Así que a Diane y Will no les queda otra que idear una estratagema David Lee mediante. Esta no es otra que ofrecer a Lee la posibilidad de abandonar la firma (y todos sus clientes con él) si la empresa es vendida a otro. El cabreo de Hayden es, cuanto menos, reseñable.

Peter y Alicia van a lo suyo. ¿Os acordáis, en el capítulo anterior, de que la defendida, abogada militar, se había quedado sin trabajo? Pues Alicia ahora se siente mal, y, tras un pequeño fracaso en otra firma, “influirá” en la elección del fiscal –su marido- de contratar a un nuevo abogado, pese al hecho de que, como bien apuntan en la entrevista previa, no se esté contratando a nadie. ¿Os acordáis del capítulo de la tercera temporada titulado Marthas and Caitlins, en el que Alicia se veía obligada a contratar a alguien que no era el mejor para su puesto por la influencia que ejerció, en aquel caso, David Lee? En este caso, la figura del líder de litigios se transforma en la de una Alicia que pierde los tapujos.

Más cosas breves: Conocemos al padre de Cary, el cual siempre se había sentido infravalorado por siempre, pero este se llevará una decepción al ver que solo lo quiere para conseguir un trabajo. Kalinda está un poco desaparecida en combate. Eli ha perdido la relevancia que tuvo antaño y ya sólo depende de Peter.

Pero, pese a todo, capítulo muy completo, muy bien llevado su caso principal marcado por la crítica a la sociedad americana. Os leo.


Categorías: Sin categoría
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »