Review The Following: The Poet’s Fire

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Aceptación. Podría decirse que una de las principales motivaciones del ser humano: sentirse querido, comprendido, que haya otros que estén en tu misma situación y comprendan por lo que estás pasando. Sin esto, probablemente no existirían los clubes, ni las tribus urbanas, ni, vete tú a saber, las redes sociales. Esa sensación de que te tienen en cuenta, de que formas parte de algo mucho más grande que tú mismo, nos reconforta. Claro que eso es una cosa, y hacerse miembro de una secta y secuestrar chicas y lanzar cuchilladas como quien come palomitas es otra bastante diferente… Hablemos de The Following, pero sólo tras el salto, no vaya a ser que alguien ajeno al culto se entere de nuestros planes…

Y esta semana nos centramos en otro miembro del culto, Rick, un tipo del estilo de los demás followers (algo rarito, obsesionado con algo peligroso, el fuego, desde que era pequeño…), y cuyas huellas dactilares están en la casa base, junto a las de otras cinco personas: Emma, Jacob, Paul, Jordy y un último desconocido que al final no lo es tanto.

El capítulo de Rick iba sobre la venganza: él quería encargarse de acabar con los tres responsables de la caída artística de su líder Carroll, a saber; un crítico literario que dejó el libro por los suelos (y que acaba convenientemente a la barbacoa), el decano de la facultad que le negó el cargo (que se despide con las tripas agujereadas) y, como no podía ser de otro modo, Ryan Hardy, que de momento sigue vivo.

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Este capítulo ha bajado un poco el ritmo con respecto a los dos anteriores, pero he de decir que me ha gustado mucho que vayamos indagando en el pasado de los personajes, que nos expliquen el porqué de cómo actúan de la forma que actúan.

En el caso de Hardy es bastante fácil: ahora que vuelve a perseguir a Carroll y a su obra, no puede permitir que le ocurra lo de la última vez. Quedarse ciego ante el encanto de un hombre cuando las pistas le apuntaban desde el principio. Aceptar su bebida, reír sus bromas. Y a costa de aquello dejar morir a cinco chicas más. Todos sabemos que realmente no es del todo su culpa, pero también sabemos que los protagonistas torturados que llevan el peso del mundo sobre los hombros gustan. Y Carroll tiene criterio para elegir al prota de su libro.

En el FBI ya han puesto ese tablón tan maravilloso que se montan los americanos en un momento para todas las investigaciones. Esto quiere decir que ya es serio. Tras el momento a lo Gonzo del crítico literario, dan con el amigo Rick y por extensión con su casa, pero en ella sólo hay una chica, Maggie, que dice ser su mujer y estar muy asustada. Visto lo visto, quizás el hecho de salir de un armario cuchillo en mano no era el comportamiento más inocente, pero yo lo he comprado la mayor parte del episodio.

Mientras, en la casa de vacaciones, llegamos a comprender algo mejor lo que ya intuíamos desde el episodio pasado. Paul no está contento. No está contento porque lo que empezó siendo una pantomima acabó por convertirse en mucho más. Vamos, un Brokeback Mountain en toda regla. Al menos Ennis y Jack tenían su montaña para ser ellos mismos, pero Jacob no parece muy dispuesto a dejar que Emma se entere de nada, y encima ésta cada día que pasa parece más psicópata. Un consejo, personajes: dejad de discutir con Emma en lugares donde haya cuchillos cerca.

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Así que Paul, para no sentirse sujetavelas, se va a un supermercado y secuestra a una tal Megan. Ale. Y eso que este muchacho parecía el más normal de todos… No sé muy bien cuál va a ser el objetivo de este secuestro aparte de molestar a Emma, aunque creo que en un inicio Paul sólo quería demostrarse que no es tan gay como se siente.

Y a todo esto, en el bando de los polis siguen sin tener pistas sobre el pequeño Joey. La agente Parker, utilizando un truco un poco barato (aunque más efectivo que el “me he tropezado” de Hardy), consigue que Jordy hable. No sabe dónde está el niño, porque cada uno sabía su parte del plan y nada más, por si acaso les capturaban. Y Maggie está con ellos.

Claro que eso, el agente Riley dentro de la casa y Hardy y Weston fuera, no saben. Me gusta en rollo un poco Sherlock-Watson (salvando las distancias) que tienen estos dos, aunque por el momento no parece que a Ryan le interese lo más mínimo la vida de Weston. Una manera de no implicarse demasiado, supongo.

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Pero antes de que nadie pudiera avisar a Riley (que me había caído muy bien en las tres frases que ha dicho), acaba con una bonita cuchillada allá por donde cae la carótida. Y tras una mini-persecución, Hardy se carga (presumimos) a Rick, mientras que Maggie consigue escapar.

En ese final con música de fondo que se está convirtiendo en costumbre en la serie, nos muestras dos momentos de esos un tanto perturbadores: primero, Jordy suicidándose para enmendar el error de haber hablado tragándose cantidades ingentes de gasa (?); y el pequeño Joey siendo instruido en el maravilloso mundo de matar animalitos. Igual que su papi. Miedito me da.

Y aquí me despido yo preguntándome si por muy desesperada que esté en la vida podría llegar a formar parte de algo como esto, algo de lo que todavía no estamos muy seguros de qué es, pero que tengo muchas ganas de averiguar. ¿Y a vosotros, qué os ha parecido este Fuego del Poeta?

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