Review The Expanse: Safe + Doors & Corners

La expansión continúa. Tras una más que correcta primera temporada, The Expanse vuelve a Syfy (y a su recién conquistada Netflix) al igual que se fue hace ya un periodo orbital terrestre: a lo grande. Los dos episodios de esta semana nos han mostrado las consecuencias inmediatas del incidente de Eros, y cómo las distintas facciones en las que se ha segregado la humanidad se ven arrastradas por su onda expansiva. Hemos conocido mejor Marte, las intrigas de Mao, la protomolécula, y tanto Holden como Miller se han desquitado (aunque de muy diferentes maneras). ¿Estáis preparados para volver a la nave de The Expanse? Seguimos con el viaje, así que agarraos, ¡que vienen maniobras en alta gravedad!

Retomando los eventos inmediatamente tras el escape de la tripulación de la Rocinante, a pesar de estar a salvo, hay muchos temas que tienen que resolver. Recordemos que en la estación Eros unas decenas de miles de cinturonianos (o belters) fueron víctimas de la exposición a altas dosis de radiación, un agente biológico desconocido, y los esfuerzos para encubrir el incidente de Mao y compañía. Jim Holden y Joshepus (Joe) Miller sufrieron físicamente lo primero y psicológicamente lo demás, llegando a la Rocinante a penas a tiempo. El precio de salvarles fue que Amos Burton disparara a Sematimba, amigo de la infancia de Miller, quien había amenazado a Naomi Nagata por no querer dejar la estación sin ellos (a Amos nadie le toca los Naomis). Aunque el detective “retirado” lo agradezca en su sesión de desintoxicación (“Gracias por llevarme. Y por el cáncer”), no va a perdonar tan fácilmente la muerte de su amigo. Podría haber sido el final del ex-detective de no haberse apretado el gatillo, pero su vida no parece ser algo que aprecie excesivamente.

Jim y Joe. Héroe y antihéroe. Justicia y venganza. ¿Hipocresía e hipocresía? Conforme vamos conociendo a estos dos protagonistas, más nos damos cuenta que son dos caras de una misma moneda. A pesar de no poder ser más diferentes, ambos son líderes innatos que no buscan serlo y persiguen metas que no entienden ni han elegido, víctimas de las circunstancias. Ambos se creen el centro del sistema solar. Y a pesar de lo vivido, Holden sigue siendo un idealista y a Miller le siguen importando las personas. Pero la incansable búsqueda de la verdad de Holden no le impide distraerse con Naomi, la sed de venganza de Miller tampoco de confraternizar con esos extraños (“Teddy the detector detects”). El propio Jim le anima a que haga de la Roci su hogar, sintiéndose a la vez culpable de haber mezclado a su nueva familia en esos asuntos tan turbios.

Pero en las familias siempre hay problemas. Y si Naomi es la madre que hizo esas locuras de joven, que siempre tiene las palabras adecuadas y el necesario sentido común, Amos es el hermano puñetero. A pesar de su filosofía de que cada uno tenga que cuidar de sí mismo, el ojito derecho de mamá necesita que le apoyen más que a nadie, y poder pasar de ese niño de madera dura a un adulto de verdad. El enfrentamiento entre él y Josephus por esa muerte “necesaria”, donde casi termina lo que no consiguió la radiación, son prueba de que Amos es una bomba de mecha corta. Solo podemos esperar a ver cómo reaccionará cuando se entere de aquello que comenzó en las esclusas de vacío (no es la primera vez que Holden hace algo así, a juzgar por lo rápido que encuentra los controles de las cámaras a tientas, hay que admitir que el cambio de trajes se presta a ello). En este cambio de presión, además de física, ha habido química.

También empezamos la temporada resolviendo enigmas. La muestra de protomolécula refrigerada que contenía la caja de seguridad que encontraron en la Anubis, junto con los registros de Antony Dresden en Febe (o Phoebe), desvelan nueva información sobre el organismo extrasolar (que es como se llama la vida extraterrestre cuando te has emancipado de la Tierra). Dresden teoriza en sus notas sobre que la luna Febe, siendo un cuerpo que proviene desde fuera del sistema solar, quizás haya sido enviado con su contenido a propósito, pero ¿por quién y para qué? A pesar de que tras lo vivido, el instinto de la tripulación les incite a acabar con esa amenaza, la voz de la razón (Naomi) predomina. ¡Quizás pueda desarrollarse una vacuna a partir de ella! Quizás les traiga luego más problemas… En cualquier caso, deciden ocultarla en la mina abandonada de un campo de asteroides con las expertas maniobras de Alex Kamal. El piloto parece ser el único preocupado por los otros pasajeros de la Roci, los pocos supervivientes del Eros. ¡Podrían haber salvado muchos más! Si Naomi es el cerebro, Alex es el corazón… y la conciencia que le falta a Amos. El marciano de la nave parece ser el único que se preocupa por estos parias, y acaba teniendo que soportar sus recriminaciones. Visto lo visto, es de entender el enfado de los belters, así como el origen de la OPA, y del mismísimo Lucius Johnson.

Fue Johnson quien les envió tras la pista que les llevaría a Eros, y con todo lo acontecido, deciden volver a la Tycho y exponerle sus descubrimientos. No sin recelo, pero necesitan más recursos para hacer frente a Dresden y sus naves de alta tecnología, que les esperan en la dirección de la señal que interceptaron saliendo de Eros tras el incidente. Esta semana descubrimos mucho más sobre Johnson, este héroe de guerra de las Naciones Unidas con síndrome de Estocolmo. “Nunca escuches lo que la gente dice, limítate a mirar lo que hacen”. El consejo del padre de Avasarala se aplica aquí a la perfección, al observar sus reacciones cuando la tripulación le expone lo que verdaderamente está pasando y cuando vemos como trata con los demás representantes de la OPA. Está dispuesto a lo que sea para unir y reforzar a aquellos que no tienen voz. Es su forma de evitar otro genocidio, en contraste con las acciones individuales que están lejos de ayudarles, como atentar contra la subsecretaria adjunta de las Naciones Unidas de la Tierra. Irónicamente, ella es de las pocas que parece querer evitar muertes, y a pesar de ser la cara pública contra la OPA y el propio Johnson, hay que olvidar lo que dice…

Chrisjen Avasarala puede parecer una vieja pagada de sí misma que disfruta jugando con la vida y la muerte en un gran tablero de ajedrez. Pero si hay algo que sus acciones han dejado claro es que sabe mucho más de lo que dice, y está interesada en hacer lo correcto. Y que el atentado contra su persona no haga que cese en su empeño, es garante de su coraje. Plenamente consciente de que todas sus decisiones tienen serias consecuencias, maneja su influencia en el consejo de las NU con cuidado. Su objetivo es minimizar la escalada de represalias que el jefe de la OPA desencadenó al proclamar a los cuatro vientos solares que las naves que destruyeron la Canterbury (Recordad a la Cant) y la MCRN Donnager eran de fabricación Terrestre. Y para hacerlo, vemos cómo recluta a un buen espía (Coytar, interpretado por Nick E. Tarabay, quien hacía de Ashur en Spartacus), y se las arregla para conocer la verdad sobre Johnson. Al portavoz de la OPA le engañaron para masacrar a unos belters que querían rendirse, como lección a todos los demás para evitar revueltas. Por ello a Johnson le dieron honores, pero no honor; mancharon su nombre y él se limitó a irse para luchar esta vez por un bando más honesto.

Revelada la verdadera naturaleza del líder, Avasarala decide ponerse en contacto con él. La traición es un precio pequeño por evitar la guerra. Porque la República Militar de Marte (MCR) no va a quedarse de brazos cruzados. La potencia moviliza sus tropas para acudir a Febe. Pero el subsecretario Sadavir, ante la duda de que queden pruebas incriminatorias de la actividad de Mao y Dresden en el satélite helado, envía las fuerzas terrestres hacia allí y a otros puestos del cinturón con presencia marciana, para despistar. Sadavir presiona para que lleguen antes que ellos a Febe, esa es su meta en esa carrera que acaba con la destrucción del transporte original de la protomolécula. Y como contramedidas, Avasarala propone algo menos drástico que eliminar a la nave responsable, que crearía un efecto dominó de naves derrivadas. Algo más proporcinado. Acabar con Deimos, uno de los pequeños satélites del planeta rojo. Luna por luna…

Marte vuelve con fuerza esta temporada, con esa secuencia introductoria donde se nos presenta el árido planeta y quien promete ser una nueva protagonista: el sargento de artillería Roberta “Bobbie” Draper (Frankie Adams) de la Martian Marine Corps. Para que nos entendamos, la MMC es el Ejército de Tierra donde la MCRN es la Armada de esta república marciana, la MCR. Los primeros colonos siempre se han encontrado las situaciones más duras, es cierto, pero el regolito baldío y rojizo debería ser ya fértil y húmedo. A raíz de algo ocurrido en Vesta, que como espectadores de momento solo podemos intuir, los esfuerzos se centraron en lo militar. Con los terraformadores de la familia de la otra chica, Hilly, con suerte conseguirán un planeta habitable dentro de unos cien años. Ninguno de ellos vivirá para ver cumplido el sueño marciano, pero eso no evitará que luchen por él. Draper (Gunny para los amigos) es un supersoldado que puede ganarle un pulso hasta a una máquina y tiene la férrea determinación para hacer que sea lo necesario para alzcanzar un Marte verde (y azul). Será el teniente Lutton (Hugh Dillon; The Killing, Continuum), quien ponga cautela en sus acciones, no permitiendo que se dejen llevar por los rumores que acabarían desembocando en una guerra. Y aún así, Draper nos deja claro que estaría dispuesta a llevar a cabo ese enfrentamiento si es lo necesario para garantizar el futuro de su planeta.

Y al fín llega el momento de hacer justicia, de descubrir la verdad, o de buscar venganza (dependiendo de a quien preguntes). El plan no es fácil. Dejar caer la Roci cerca de la misteriosa estación objetivo, para atraer a la nave de alta tecnología que la escolta, y entonces poder poner a la propia estación entre ellos y así evitar el ataque. Mientras la nave espía está distraída, abordarán la estación dos grupos de asalto en dos contenedores (FedEx parece que a pesar de durar tanto no ha cambiado de logo en estos siglos*). Y vemos como los entrenamientos de Alex dieron su fruto, así como los esfuerzos de Amos por arreglar el motor dañado, saliendo todo según lo planeado… Aunque no contaban con un cañón externo de la estación, que antes de que puedan destruirlo junto con la nave espía enemiga, acaba con el contenedor de vanguardia. Anteriormente, Josephus habia decidido ser uno de los primeros que pusiera pie en la estación (“odio el espacio”), con el buen tino de acabar en el contenedor superviviente junto con una cara conocida de la primera temporada: Diogo, el joven activista de la OPA que Josephus pilló robando agua en Ceres y que su tío Mateo mandó al espacio para que se salvara. Una vez asaltada la nave, parece que la vuelta de Diogo va a ser corta, pero el ataque es tan solo de bolas de pintura. El belter que habia hecho reflexionar tanto a Alex, sin embargo, no ha corrido tanta suerte.

Josephus toma el mando de una forma natural, avanzando con cautela mientras se atrincheran tras puertas y esquinas, dando con un grupo de científicos que trabaja en una especie de entorno virtual. Que les desenchufen les sienta tan mal como a un adolescente problemático que le apaguen la consola y, a pesar de los gritos de alto el fuego de Miller, casi todos mueren. Solo salvan unos pocos… incluido Dresden. Al fin entendemos el plan del científico, de Mao, toda la operación. No se trata de salvar a la humanidad de una amenaza extrasolar, no, la idea es aprovechar su potencial para favorecer la expansión humana en el espacio… aunque esto conlleve acabar con una buena parte de ella. La protomelecula tiene la capacidad de reutilizar otras formas de vida y usarlas para evolucionar, y las potenciales aplicaciones para el hombre son tentadoras.

Para Dresden un genocidio no es más que experimentación, Mao sacrificó a su propia hija, y el subsecretario de las NU está dispuesto a asumir las bajas de una guerra interplanetaria ¿Merece la pena todo esto?¿este fín, justifica sus medios? Johnson y los demás consideran la propuesta del científico: “No me importa para quien, siempre que pueda seguir haciendo mi trabajo. Todas las perdidas serán en vano si se pierden los datos conseguidos. Y yo soy el único que puede desencriptarlos”. Pero Josephus deja unilateralmente claro donde se puede meter sus datos, y ejecuta al asesino de Febe, de Eros, de la Anubis, pero sobretodo de Julie. Incluso el implacable Johnson queda, como nosotros, impactado ante esa visceral respuesta. Sin duda habrá repercusiones. ¿Que hará Mao ante la toma de la base y la muerte de Dresden?, ¿cómo repercutirá esto en las decisiones en la sede de las NU?, ¿se tomará el resto de la tripulación de la Roci, especialmente Holden, a mal la acción de Miller?, ¿seguirán queriendo tenerle entre su familia?, ¿Y el despiadado Johnson?, ¿Como serán sus comunicaciones furtivas con Avasarala?

The Expanse ha vuelto por la compuerta grande, y ya sabemos que muchas cosas pasan en esas exclusas de intecambio. Ahí mandamos a descansar a nuestros muertos, nos deshacemos de los enemigos, desatamos nuestros sentimientos… Y en este paso, del vacío de la espera a la vuelta de esta gran serie, yo me he podido despedir de buen grado de la temporada pasada, deshacerme de las dudas sobre que los personajes perdieran su papel central, y vivido con intensidad hora y media de muy buena ciencia ficción. Aún queda por ver si esta nave está tan bien por dentro como parece por fuera, conforme nos adentramos en el resto de capítulos. No es una estrella de combate, pero de momento parece que la estancia va a ser muy satisfactoria.

* Esto es un guiño a que la productora de la serie, Alcon Entertainment, es copropiedad del fundador de la empresa de mensajería. Aunque nos chirría, también refuerza la idea de ser un cargamento civil y no militar.


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