Review The Expanse: Godspeed

“Buena suerte e id con Dios”. Con esta frase se despide Johnson de todo lo que ha construido, todo lo que ha intentado hacer en los últimos años para enmendar sus malas acciones. Su penitencia. Pero por el bien de la humanidad todos deben hacer sacrificios. Y si bien esta semana el capítulo podría llamarse “Expiación” o “El plan”, toma el nombre de esa anticuada expresión en inglés que significa “may God cause you to succeed” (Que Dios te ayude) y se escribe como “velocidad divina”. Porque algo, ya no ultraterreno sino extrasolar, ha tomado velocidad en esta temporada vertiginosa. The Expanse no deja nada al azar, porque ni siquiera Dios juega a los dados con el universo.

Pero comencemos por el principio, porque el tejido espaciotemporal esta perfectamente hilado, siguiendo los acontecimientos que nos contaron la semana pasada. La nave espía que Johnson mostró a Avasarala contenía más información de lo que parecía a simple vista. Bajo ese camuflaje, en el ADN de los tripulantes muertos, había una clara relación: Protogen. La empresa que poseía la base de Febe, la seguridad de Eros y que pertenece al conglomerado más grande de el sistema: Mao-Kwikowski Mercantile.

Avasarala lo ve claro, ¿quién tiene los recursos para poseer una flota privada tan avanzada y promover una guerra encubierta? Como Mao había acabado con la guerra fría entre Marte y la Tierra, era necesario emprender una lucha a cara descubierta con el empresario. Dejar que todo el peso de las Naciones Unidas cayera sobre él, congelando su dinero y su poder, comenzando una investigación oficial (“No tengo nada que esconder”). Pero la política nunca es transparente, y en ese dos contra uno, Avasarala era la que estaba sola mientras los dos cómplices podrían estar haciendo piececitos bajo la mesa.

Sin embargo, todas las parejas tienen sus peleas, sobre todo cuando las cosas no van bien. La tigresa a mostrado sus garras y sus cartas, la subalterna no parece dejarse dominar por su superior. “Necesito un mecenas que entienda la importancia histórica de lo que está pasando, y ajuste su forma de ver el mundo acorde a esto. Y tú solo estas tratando de salvar tu empleo”. Renunciar a ser el Subsecretario de las Naciones Unidas de la Tierra, una de las personas con más poder del universo, no debería ser nada comparado con perder una hija. Aunque esta fuera un estorbo. Pero Mao, ¿a caso esperabas que al remover ese desecho azulado no te salpicaría un poco?

Y mientras que unos se plantean seguir juntos, otros se reencuentran. Miller ha convencido a Johnson de que esa amenaza debe ser neutralizada. Y para neutralizar otras menores podrían utilizar los servicios de la Rocinante, ¿quien mejor para cabalgar contra gigantes? Holden no ve claro volver a asociarse a Miller, pero Nagata, siempre pragmática, entiende la gravedad de la situación, ¿qué alternativa les queda? Deben unirse de nuevo para trabajar juntos, y tienen un plan.

Eros se ha quedado solo. Las patrullas de cuarentena marcianas no están, ya que desde lo de Deimos hacen falta en otros lados. Pero esto solo complica más la situación. Los piratas podrían entrar y extender la protomolécula. Al igual que los millones de pedacitos que podrían resultar de detonar el asteroide. “Los motores funcionan a las mil maravillas”, le comentaba el mormón mientras le mostraba la Nauvoo a Miller. Y las cabezas de la Tycho han calculado como podrían hacer carambola con la estructura más grande construida por el hombre, para que Eros y todo lo que contiene se esterilizara en los miles de grados del Sol. Eso borraría la protomolécula de la faz del sistema… sin contar con la pequeña muestra que quedó escondida.

Mas allá de los complicados cálculos orbitales, el plan parece lo suficientemente sencillo, ¿qué podría salir mal? Los mormones son pastoreados fuera de la estación a pesar de sus protestas (“Este es nuestro templo” / “Y esto es parte del plan Divino”). Se desconecta la estación y los andamiajes de la gran catedral espacial, mientras que los remolcadores la colocan apuntando al objetivo. Y se encienden los motores.

Mientras la Nauvoo avanza con rumbo de colisión, la Guy Molinari lleva a un puñado de belters, entre los que se encuentran Miller y Diogo para colocar una serie de cargas explosivas que destrozaran los embarcaderos para evitar que nada puede entrar (ni salir). Aunque odies el espacio, si te dicen que un paseo espacial es mejor que el sexo, tienes que probarlo. Pero claro, Miller no era el único inexperimentado, con lo que la comparación podría estar algo exagerada. Y a pesar de estar fuera de su zona de confort, el detective no merma sus instintos, y encuentra una escotilla hackeada con otra victima de la protomolécula, un pasajero con el nombre de una nave en su traje: la Marasmus.

La Marasmus es como una Rocinante pasada, un grupo de idealistas sin ninguna afiliación que buscan hacer el bien sin acabar de enterarse de lo que pasa a su alrededor. Pero en la Roci ahora tiene un contexto completo, saben la importancia de sus acciones, y Holden como capitán tiene que actuar. No puede dejar que esos inconscientes samaritanos pongan en peligro la misión, sus vidas, ni el destino de la humanidad. Aprovecha la baza de que les crean una nave militar marciana camuflada (ya que en parte lo son), para pedirles que se marchen. Y sin embargo se encuentra con una dificil situación, un salto al pasado pero desde una nueva perspectiva.

“Vamos a retransmitir la verdad de lo que está pasando aquí”. Algo similar fueron las palabras que transmitió Holden antes de ser abordados por la MCRN Donnager, y sabe las repercusiones que puede tener (“Remember the Cant”). Hay que tomar una decisión antes que consigan rodear el asteroide y poder transmitir. Sabiendo que no hay otra opción, aprieta el botón que no pulsaron aquellos que acusó en el pasado, se convierte en eso que en otro momento criticaba. Ha llegado el momento de dejar de ser idealista, ahora Holden juega en otra liga y el camino del héroe no es siempre hacer lo correcto, ya lo sabe Miller. Su contraparte a la que tanto alentó, luego despreció, para acabar volviendo a aliarse con él a regañadientes. El capitán de la Roci se sacrifica a sí mismo y su integridad.

Y en Eros, también hay sacrificios. No solo los miles de almas que han sido la ofrenda a ese ente misterioso y azulado, sino que los restos de la destrucción de la Marasmus ponen en peligro a los rezagados Miller y Diogo (“Big problem, pampaw”). Parches aparte, la bomba se ha desestabilizado. Sino se mantiene pulsada manualmente detonará poniendo en peligro todo el plan… El exdetective tiene ya poco por lo que vivir, su heroísmo es de aquellos que no tienen que perder, y se ofrece como mártir de la causa.

Pero ese no era su final, tampoco el de Eros. El asteroide tiene vida propia, ha conseguido cambiar su rumbo en pos de la supervivencia… ¿a dónde se dirigirá ya fuera de su órbita?, ¿realmente lo que se gesta en su interior ha sido la causante?, ¿y la Nauvoo, podrá salvarse?, y si no ¿cuáles serán las repercusiones de todo esto para Johnson y la Tycho?, ¿formará este nuevo movimiento parte de los planes de Mao, esos que puede que deje de compartir con Savadir? No me cabe duda que en unos pocos días terrestres obtendremos respuestas a estas y otras preguntas.

Esta segunda temporada esta siendo todo lo que prometían. Los efectos especiales han mejorado, si, pero cada escena y diálogo está también calculado con precisión orbital. Si en el episodio anterior Miller le pedía su pistola de vuelta a Johnson y este se la negaba, en este vemos como se la devuelve en símbolo de su confianza. La pequeña conversación del repudiado con Nagata también es un símbolo de esa redención (“Good luck, kopeng mi”). La reacción de Amos (“Me encanta este plan”) nos recuerda a un favorito del público en un capitulo en que apenas aparece. Ese cuidado en el detalle tanto a nivel narrativo como estético, son algunos de los valores que hacen de esta serie algo que parece fuera de este mundo. No puedo esperar para ver si su rumbo continúa en ascenso, ¿y vosotros?


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