Review The Event: Your World to Take

La paciencia tiene un límite. Y la mía podría haber tocado techo con Your World to Take, un capítulo del que sólo me han interesado los tres primeros minutos… que fue, según me cuenta, el tiempo que tardó mi compañero Rodríguez en caer en los brazos de Morfeo. Afortunado él, que no tuvo que soportar la posterior condena. De The Event empiezan a molestarme demasiadas tramas y demasiados personajes, empezando por la tópica aventura de Sean y Leila o los problemas internos de los extraterrestres. Espero que la serie se despida con un buen capítulo antes de Navidad. Y también espero el parón. Qué cosas, lo odio en series como Fringe o How I Met, y lo voy a celebrar con The Event…

The Event me demuestra cada semana que puede ser una serie interesante. El problema es que me lo demuestra en dosis muy pequeñas. La semana pasada con los tejemanejes del viejo Dempsey, el clásico villano que escupe dinero por una oreja y mala leche por la otra, todo con una sonrisa en la cara. Sus experimentos científicos para obtener la juventud, si es que estamos ante ese caso, con secuestros de niñas que acaban con una cara terrorífica, no me dan sueño, como Sean y Leila. Esta semana lo mejor del capítulo se ha concentrado en los tres o cuatro primeros minutos, en ese encuentro entre Sophia y los ¿capos? de su grupo de extraterrestres. Una jugosísima reunión en la que hemos aprendido más de ellos que en los otros ocho episodios.

Sophia reúne a su gente, decía, para darse un baño de multitudes (¿alguien esperaba que fueran tantos?), como ayer Montilla en el Sant Jordi (¿alguien esperaba que fueran tantos?). Es la jefa, sigue ahí a pesar de 66 años en Innostranka, mantiene el plan inicial y quiere hacérselo saber a su gente. Es en petit comité cuando escarbamos un poco en la historia de los extraterrestres. Para empezar descubrimos que la Tierra mola. Lo que le sucedió a Simon, aquello de enamorarse y formar una familia, ha convencido a parte de los visitantes, que ya no tienen tan claro lo de volver a casa. La escena me ha recordado a esas cenas entre amigos que hacía un par de años que no se veían, tan habituales gracias a Facebook. Si alguien no lo ha probado, ya os lo digo yo: no es lo mismo que antes.

Los alienígenas agradecen tener una vida y esperanza ya que su planeta, su hogar, está casi perdido y lleno de peligros. Sugieren que abandonaron sus raíces por obligación y que la visita a la Tierra debía ser fugaz, pero se les fue de las manos. Y ahora no quieren volver. Además, sabemos que han jurado una serie de mandamientos y que tienen prohibido dañar a civilizaciones no agresivas, dando a entender que los terrestres no lo somos… pero en otros planetas sí. Es decir, son una civilización nómada, o al menos tienen mayor conocimiento del espacio exterior que nosotros. Finalmente Sophia admite que hicieron el juramento de regresar a casa, que esa sigue siendo su intención y que, por lo tanto, esas son sus órdenes. Le da igual a la jefa, me lo invento, que el señor Tom tenga una novia jardinera, que la señorita Jane esté embarazada de su tercer hijo o que el viejo Joe haya encontrado por fin un amigo con el que ir a pescar. El mensaje es claro: hagan las maletas que nos vamos.

Qué narices es esto...Qué narices es esto…

La actitud soberana de Sophia, que ejerce de motor del episodio, indigna a su gente. Entre ellos Thomas, que junto a la abogada Isabel, urdirá un plan para deshacerse de mamá, alzarse con el liderato y entregar a su pueblo lo que más quieren, que es anular el plan de huida. Esa es la teoría. En la práctica a Thomas le tiemblan las piernas, confirmando que es un flojo, un débil, un pusilánime… ¡un miserable! Porque mira que tiene cara de mustio, el pobre. En la escena clave de la temporada visitamos una cámara sellada, de esas a las que sólo tienen acceso tres personas en el mundo donde guardan códices medievales y que contiene, perdonad el momento friki, un Gelatinous Cube (wikipedia al rescate). Sophia mete la mano en esa materia y extrae una llave que, si no lo he entendido mal, debe encender la nave que los lleve de vuelta a casa. En ese momento flaquea Thomas, cuando saca la pistola y es incapaz de disparar a mamá. Y el tiro que debía alojarse en la cabeza de Sophia acaba finalmente en la pierna de Isabel, como autocastigo por haber osado hacer jaque al rey. Moraleja: no se la juegues a Sophia.

Ahí acaba lo interesante del episodio, lo que significa que los otros 30 minutos son intrascendentes. No sé si es que era demasiado tarde cuando vi el episodio, pero la historia de Sean y Leila me pareció lenta, sin ritmo y absurda. ¿Alguien en la sala que me lo confirme? Sean es capaz de entrar a balazos en una comisaría llena de tiradores, pero no puede empujar al padre de Abby para hablar con la niña. Eso por no hablar de lo rápido que se recupera del balazo. O del talento dramático de Sarah Roemer. Por lo tanto, me limitaré a ser narrador de los acontecimientos, que es más sencillo y menos polémico… creo.

Qué niña más guapaQué niña más guapa

La agente Collier (llámame Angela)… La agente Angela Collier le comunica a Sean que una de las niñas secuestradas, Abby, consiguió escapar. Y la parejita feliz intenta ponerse en contacto con ella para ver qué pistas puede aportar que los acerque a Samantha. Los padres se niegan a enseñar a la niña porque es muy fea. Por otro lado, Dempsey encarga a uno de sus matones que vaya a por la niña, ya que no puede haber cabos sueltos en esta megaconspiración. El matón se cruza con Sean y con la familia de Abby, corren por un trigal y, varios golpes después, descubrimos que el matón estaba persiguiendo a Leila. Un giro argumental que no acabé de entender, pero que sugiere que Dempsey está al corriente de que Leila y Sean pueden fastidiar su megaplan. Aquí todo parece muy mega, pero al final el gran villano persigue a un nadador que hace de hacker en sus ratos libres y a una… ¿a qué se dedica Leila? Toda esta historia, afortunadamente, airve para que la pareja recoja un par de detalles captados por Abby: estuvo retenida en un lugar parecido a un hospital, las medicinas tenían como logo un triángulo negro y al escapar pudo ver una gran torre de agua. Ya tenemos faena para la semana que viene.

Por si a alguien le importa, Jarvis está vivo. Se ve que las ratas no mueren ni a bombazos. Dempsey se ocupará pronto de él. Mientras tanto ha enviado a unos cuantos hombres armario para que le metan el miedo en el cuerpo a su familia. Y así el vicepresidente esté calladito. Por no tener, no tiene ni un buen cliffhanger este episodio, que rápidamente borraremos de nuestra memoria. Excepto esos primeros minutos, que nos hacen albergar alguna esperanza con esta serie. Espero el siguiente capítulo como el que espera la llegada del amor, entre otras cosas, por su título: Everything Will Change. ¿Será verdad? Ojalá…

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