Review The Event: You Bury Other Things Too

Review The Event: You Bury Other Things Too

Todo acto tiene consecuencias. Absolutamente. Inevitablemente. Hablo de algo más que una simple relación causa- efecto. Hablo de actos personales. De todo aquello que hacemos sin pensar en que hay otro sufriendo al otro lado. De todas las consecuencias que trae de regalo actuar por beneficio propio y sin miramientos. You Bury Other Things Too ha sido un buen ejemplo de todo ello. Ya que ese actuar mirando en extremo el propio confort nos ha llevado a una situación límite, con sus seis letras parpadeando en un luminoso. Un buen episodio este 1×16. Bienvenidos al fin del mundo. .. Que no, hombre, que no. Que me estaba tirando el rollo. Ladies and gentlemen, bienvenidos a The Event una semana más.

Os he soltado toda esta parrafada de los actos y las consecuencias por un motivo en concreto. Tal y como está ahora la situación en la serie, los extraterrestres parecen unos seres despiadados que desde el principio han venido a comerse nuestros cerebros con mermelada y mantequilla de cacahuete, o algo así. Pero no. Y digo un no rotundo porque estoy totalmente convencida de ello. Esta situación empezó con la ida de olla de Thomas, vale. Pero hay que reconocer que los actos del presidente Elias desde que se compró el pijama de Terminator han empeorado mucho, muchísimo, la situación. Él tiene mucha culpa de todo esto. Los humanos, en general, tienen mucha culpa de todo esto. El gobierno la tiene. Ya que se empeñó en encerrarlos en Innostranka nada más y nada menos que durante sesentaiséis años cuando aún no había razón para hacerlo. Cuando aún querían una convivencia pacífica. Pero es que este es un planeta violento, amigos, un planeta violento y corrupto hasta las entrañas.

En fin, dejando a un lado quien tiene la culpa de qué, este decimosexto episodio ha comenzado con la imagen del autobús siendo transportado en el portal. Vemos que Sophia, Michael y Leila siguen de una pieza, y que ahora se “esconden” todos juntos donde Thomas los escondió anteriormente.

Quien ha salido más perjudicado esta semana ha sido el bueno de Simon, que parece perseguido por dos mandos cuando en realidad, el pobre, lo único que quiere es la salvación de ambos lados. Ni quiere que su pueblo dañe a los habitantes de la Tierra, ni quiere que su pueblo acabe reducido a cenizas. Así que al principio del episodio lo vemos escapar de la Casa Blanca para poder reunirse con los suyos y avisarles de los planes de Elias para capturarlos. Lo que no se espera es que Sophia haya decidido actuar en plan Hamlet (pero al revés) y vengar la muerte de su hijo siguiendo con su plan: traer a toooodo su pueblo aquí (¿ha dicho dos billones de extraterrestres?), y acabar con todos y cada uno de los terrícolas. Ay, Sophia, Sophia… no te me descarriles, que me caías muy bien.

En esta situación, Simon, perseguido por el gobierno de los Estados Unidos (no de América, querido Elias) y por su jefa, que ahora sabe que no está de acuerdo con sus planes, decide que no puede permitir la masacre que se avecina y decide aliarse con Michael para escapar y poner solución. El muy inocente creía que Michael iba a tener en cuenta el hecho de que su hija no quiera estar allí, y de que el plan, en sí, es una burrada, pero estaba muy equivocado. Michael lo delata, y acaba siendo arrestado por los suyos.

”Nunca voy a apoyar el genocidio”. “Entonces hoy he perdido otro hijo”.”Nunca voy a apoyar el genocidio”. “Entonces hoy he perdido otro hijo”.

Por otro lado, el presidente, que ya ve durmientes por todas partes y sospecha que tiene más extraterrestres entre los suyos, decide reunirse con su amiga la senadora, contarle la verdad, y ordenarle realizar pruebas de ADN a todos y cada uno de los “americanos” (otra vez, América no es sólo tu país, querido). Claro que disfraza esas pruebas de tests para detectar la tuberculosis (¿no había ninguna enfermedad más reciente?). El asunto está en que su mujer dice que no se hace las pruebas, y no se las hace, lo que hace a Elias mosquearse “un pelín” y dejar claro (clarísimo) al final del episodio, que sospecha de ella. Mucho. Para muestra un botón.

Esta noche no pienso deleitarte con mis artes francesas.Esta noche no pienso deleitarte con mis artes francesas.

Yo no sé vosotros, pero una servidora está empezando a pensar que al final el mismo presidente Elias va a ser uno de ellos…

Como no, esta semana hemos vuelto a tener nuestra ración de Vicky y Sean, esta vez, en una ración más grande (¿qué hemos hecho para merecer esto?). La chica ha decidido bajar al niño de las nubes un ratito, y recordarle que más vale que tenga un plan una vez que den con Dempsey, porque la única manera de acabar con esto es matándolo. Y ante eso, Sean decide que se le va a ablandar el corazón y le dice a Vicky que se vaya, pero la chica se queda.

Lástima que no mucho más tarde la gente de Dempsey acabe capturándola y el episodio termine con una Vicky rodeada de llamaradas, de la que, estamos seguros, la va a salvar el gran Sean. Porque en el momento en que se da cuenta de que el francés los ha vendido un poquito, decide jugar a ser muy malo y a asustar mucho para sacarle la información que necesita y rescatar a su coleguilla. En serio, creo que es lo último que faltaba en el currículum de Sean, pero qué torturador menos creíble.

Cuidadín que estoy muy loco.Cuidadín que estoy muy loco.

Y casi se me olvida, pero Dempsey ha vuelto a deleitarnos con sus reliquias esta semana, descifrando pergaminos y jugando al destino con sus piedrecitas. Todavía me pregunto que papel juega en todo esto, porque parece de una especie distinta… En general, el episodio me ha gustado bastante y ha vuelto a cumplir mis expectativas semanales (con respecto a la serie, claro). ¿Y a vosotros?


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