Review The Event: Turnabout

En mi cruzada por convertirme en una buena persona, o al menos en una responsable, esta semana he decidido publicar la review de The Event a tiempo, es decir, antes de la emisión del siguiente episodio. No sólo eso, en un ataque de bondad sin precedentes, he renunciado a escribirla con puñales envenenados. Y en un acto de empatía que se ve menos que el Halley, he intentado, adelanto que sin demasiado éxito, ensalzar las bondades de la serie. Todo iba bien hasta el cuarto de hora de partido, cuando Turnabout ha empezado a hablar de desastres nucleares, de uranio y de Chernobyl. Nada que objetar a los guionistas, que escribieron esta historia hace tiempo, pero la emisión de este episodio justo ahora es controvertida y desafortunada. Hasta eso le sale mal a The Event. Vamos a profundizar un poco.

Ya es mala suerte que en uno de tus episodios más serios, más adultos, en el que incluso el presidente Elias confirma que no es un muñeco de trapo, la historia te lleve a tratar con los desastres nucleares, a rememorar lo sucedido en Chernobyl y a proponer la opción de sacrificar medio país por culpa de una central. Ya es mala suerte que todo esto suceda dos semanas después de la catástrofe de Fukushima, en Japón. Que sí, que es una serie de ficción, que los guionistas no tenían ni idea y que, si nos ponemos así, podemos encontrar más paralelismos entre la vida real y las series cada semana. Que no hace falta escandalizarse, ni es mi intención criticar a la serie por esta coincidencia, pero es desafortunado. Quizás NBC debería haber retrasado la emisión un par de semanas porque escuchar según qué temas y enfrentarse a según qué situaciones en la ficción, cuando la realidad es cien veces más cruda, resulta frívolo. ¿Qué pensáis vosotros?

Sobre el episodio, debo reconocer que Turnabout no me ha parecido tan aburrido como el de la semana pasada. Arranca bien, con un sueño del presidente Elias en el que se mira al espejo y se descubre como un pelele que es incapaz de tomar decisiones importantes, es decir, por fin se da cuenta de lo que todos pensábamos. Ese sueño, entre otras cosas, marcará su actitud durante el resto del episodio. Me gusta más esta versión del Presidente, por lo mismo que me gusta más Metallica que Justin Bieber, pero no me acabo de creer su transformación. Estos cambios de actitud o personalidad tan bruscos y tan poco fundamentados alejan al espectador de los protagonistas de la serie. Sucedió con Thomas, que un día estaba arrodillado ante Sophia jurándole amor eterno y al siguiente queriendo destruir el mundo. Y ha sucedido con Sean, capaz de hacer tres Ironmans para rescatar a Leila y abandonarla quince minutos después de saber que no es del todo humana. Inconsistente.

Sean ataca de nuevoSean ataca de nuevo

La historia de Sean ha cambiado radicalmente en los últimos tres episodios. Corrió para rescatar a Leila, corrió para rescatar a Samantha y ahora quería seguir corriendo hacia México, pero no para huir de la serie, sino para dejar atrás toda esta guerra que le queda inmensa. Aunque juraría que Sean confesó hace algunos episodios que estaba solo, los guionistas se han sacado de la manga que tiene una hermana. Una hermana que, en lugar de preguntarle qué está tomando cuando le habla de niñas secuestradas y conspiraciones planetarias, le invita a que coja un Kalashnikov y se convierta en un héroe. Y Sean, que quiere un montón a su hermana aunque nunca nos haya hablado de ella y al que el traje de héroe le queda fenomenal, se marcha en busca de aliados. Primero nos demuestra que es un tipo duro en una pelea a la que todavía no le veo el sentido. Y luego confirma que es un tío inteligente cuando se busca como pareja a la muy bella y muy desaparecida Vicky Roberts, que está en plan obsesiva porque es incapaz de distinguir cuándo la quieren matar y cuando se la quieren beneficiar. No la culpo; muy bueno el momento supermercado. Tenemos nueva pareja de acción, Sean-Vicky, que no tardarán en ponerse a la cola de los que quieren matar a Thomas. ¿O irán a por Dempsey? Ahí tenemos otro molesto cabo suelto.

Thomas, por su parte, sigue convirtiéndose en un magnífico líder. Primero liberó a 51 personas que llevaban más de seis décadas entre rejas y ahora les ha regalado un apartamento con piscina y un coche, como si fuera Oprah Winfrey o José Luis Moreno, pero a lo bestia. El villano ha utilizado a un tal Hanson para jugar con Sophia y que ésta, a su vez, jugara con el Presidente. El objetivo era conseguir uranio de una central nuclear americana. No voy a insistir en lo inapropiado del asunto, pero resulta que Thomas ya intentó el asalto una vez, fecha tristemente conocida como el desastre de Chernobyl. Esta vez la maniobra le ha salido mucho mejor. Y aunque no ha conseguido eliminar a Sophia, gracias a la actuación de Michael, ni a Simon, gracias a la estupidez humana, lo cierto es que se ha llevado el uranio, por lo que podrá abrir un portal para traer a toda su gente. Y luego… God help us all! Ya estoy temblando.

Thomas quiere un camión para ser felizThomas quiere un camión para ser feliz

Poco más que decir, aparte de que Sterling se ha recuperado del disparo y las mini torturas de la semana pasada y mi amiga Maya (Clea DuVall) no. Y que Sophia queda en una posición aún más desamparada tras el episodio de esta semana. Primero, porque no sabe ni dónde está Thomas. Segundo, porque aunque lo sepa, es bastante obvio que Michael y Simon no van a poder con un ejército (no son Blake). Y tercero porque el Presidente Elías se ha cansado de sus mentiras y ya la ha localizado. O hace un llamamiento global a los pocos fieles que le queden, o lo que le va a quedar en la serie es poco tiempo. Eso mismo es lo que va a durar el personaje de Gabrielle Carteris, aka Andrea, cruelmente conocida como la fea de Sensación de Vivir, cuyo cameo es francamente prescindible.

The Event mejora respecto a la semana pasada porque se empiezan a notar algunos cambios introducidos. La Casa Blanca sigue tres pasos por detrás de Thomas, pero al menos hay una voluntad por recurrir a la fuerza ahora que en inteligencia y recursos han comprobado su ineptitud. Creo que Simon y compañía se van a sentir mejor pegando tiros que sentados en el despacho oval. Y la historia de Sean y Leila está bastante muerta, una noticia fantástica para la serie, aunque todavía no sepamos muy bien cómo va a funcionar el dúo Sean-Vicky. La que sí funcionará mejor es la nueva responsable de las reviews de The Event. Ya la conocéis y os va a encantar… ¿a que tenéis más intriga que después de ver el capítulo? Pues no os voy a hacer esperar mucho tiempo, ya que una confusión permite que esta semana tengamos doble review de Turnabout.

Señoras, señores, con todos ustedes the former star of Outcasts… ¡Irene B. Trenas! Evidentemente, está obligada por contrato a rajar de Thomas y de Sean, a poner verde las actuaciones del reparto y a… ¡que no, que a ella le encanta The Event!

Review The Event: Turnabout

Me gusta creer que hay vida más allá de la nuestra. Que otros planetas albergan seres superiores a nosotros, ya que aquí la existencia deja mucho que desear. Series como esta alimentan mi creencia y la ciencia ficción, en general, siempre ha dejado volar mi imaginación a lugares más allá del entendimiento. He de reconocer que And then there were more, el episodio que trajo la vuelta de The Event, me dejó un poco asustada, ya que es el que menos he disfrutado hasta ahora. Sin embargo, con Innostranka y Turnabout la serie ha vuelto a darme lo que espero de ella. Precisamente de este decimotercer capítulo he venido a hablar hoy. Sí, una servidora ha tomado el relevo. ¿Comentamos?

El episodio comienza con un sueño del presidente Elias. Más bien con una pesadilla horrible. Después de una charla normal entre políticos, los hombres de Elias confiesan no creerlo preparado para su cargo, y de repente se ve prisionero de Sophia, quien es la nueva presidenta ahora, y a punto de morir a manos del despreciable Thomas. Por suerte despierta antes de que la bala llegue a taladrarle el cerebro, pero esa pesadilla cambiará su forma de actuar y despertará en él algo que se encontraba evidentemente dormido.

Pues voy a tener que espabilar...Pues voy a tener que espabilar…

Lo peor de todo esto es que la pobre Sophia (no puedo evitarlo, le tengo un cariño especial a este personaje) va a pagar con una desconfianza desmerecida por parte del presidente. Y es que es ella misma quien avisa al presidente de las intenciones de su querido hijo. Al enterarse de los fallecidos en Innostranka decide que tiene que pararlo sí o sí. Así que una llamada a Elias pone al presidente al corriente de la verdadera meta de Thomas: conseguir uranio para la nave y traer a los que aún no están aquí, para lo que ha reunido a todos los liberados.

Lo cierto es que la trama que nos han ofrecido Sophia y Michael juntos esta semana ha sido bastante interesante. Como primer paso, el piloto extraterrestre ha decidido dejar a sus dos hijas al cargo y cuidado de la familia Geller para poder irse con Sophia y dar caza a Thomas. Sinceramente, esto es algo que no he entendido. “Si quieres venir conmigo, tiene que ser sin Sean“, le dijo a Leila la semana pasada. ¿Por qué entonces acaba dejándola en el camino? ¿No podían haberse quedado sus hijas con Sean en lugar de con esa familia? Opiniones aparte, los dos se ponen en camino.

Lo que no saben es que su viajecito va a ser simplemente una trampa de Thomas, quien va a provocar un encuentro muy casual (nótese la ironía) con Hanson, un personaje que nos introduce este episodio. No sabemos casi nada de él, pero a la fuerza bruta acaba confesando y la información que obtenemos es bastante jugosa. El rostro de Hanson revela haber sido víctima de un grave accidente, lo que no podemos imaginarnos es lo que pasó en realidad.

Dime todo lo que sabes.Dime todo lo que sabes.

No es la primera vez que Thomas intenta robar uranio, no. De hecho ya lo intentó en 1986 en Ucrania. El rostro de Hanson es una prueba de lo que ocurrió. Y ahora nos quedamos con la boca abierta y escuchamos Chernobyl. Thomas fue el culpable de los sucesos en Chernobyl. Me encanta esta serie, lo digo en serio. Y justo cuando pensamos que todo está bajo control con este trío, Hanson extrae un micrófono de su propia cara (¿no os ha dolido a vosotros también?), avisa a Thomas de que sus captores han caído en la trampa, y ataca a Sophia. Suerte que no estaba sola.

Mientras tanto, su hijito no está perdiendo el tiempo. Ha atacado a Simon y al resto de hombres del presidente para conseguir el uranio, que de antemano sabía que no iba a poder extraer de la central nuclear. Esta vuelta de tuerca hace que el presidente Elias desconfíe del todo de Sophia y deje de regalarle palabras amigables.

Por otra parte tenemos al recientemente solitario Sean, que para no hacer el asunto más difícil ha dejado a Leila al amanecer y se ha dedicado a caminar como un alma en pena. Por desgracia, su primera parada en un bar hace que se meta en problemas, así que decide ir a casa de su hermana para que ésta le ayude a escaparse a México. Pero Sean es Sean y unas palabras de su hermana son suficientes para que no tenga la intención de huir ni rendirse, y seguir con su causa en plan Fox Mulder.

Y las intenciones de Sean nos han traído a Vicky de vuelta (quien por cierto, está de un paranoico increíble, pobre chico el del supermercado), ya que el chico decide que si alguien puede ayudarlo a parar todo esto, es ella.

¿Puedes echarme una mano?¿Puedes echarme una mano?

Lo que me gusta de esta serie es su resolución. No es una serie lenta. Va planteando conflictos y resolviéndolos, así que espero que sigan así y no nos dejen con la miel en los labios. Vamos, que nos den un buen final de temporada (o de serie, probablemente) en su momento. ¿Qué os ha parecido Turnabout?

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