Review TBBT: The Gothowitz Deviation

Review TBBT: The Gothowitz Deviation

Despertar en tu apartamento y ver a una mujer extremadamente guapa vestida únicamente con una camisa de hombre, que está haciéndote deliciosas torradas al ritmo de Man I Feel Like a Woman! de Shania Twain (no todo puede ser perfecto) y con un envidible humor matutino, debería ser un sueño para cualquier hombre. Pero ya hemos dicho muchas veces que Sheldon Cooper es el séptimo cylon, extraviado en el momento de la creación por sus iguales. Para Sheldon es día de avena. Y tampoco baila, ni en éste ni en ninguno de los universos posibles. Eso sí, en uno de ellos es un payaso hecho de caramelo que me encantaría ver, pero sigue sin bailar. Conclusión: Sheldon y Penny deben aprender a llevarse bien, ahora que la rubia y Leonard comparten muchos momentos íntimos. Y no es fácil entenderse con el señor Cooper… chocolate?

¿Supera The Big Bang Theory a su compañera de cadena, How I Met Your Mother, esta semana? Pasa y averígualo…

Capitulazo. Para mí, el mejor de la temporada. Y en esa batalla semanal con How I Met, creo que el dúo Sheldon-Penny, con ayuda de la magia oscura de Howard y Raj, supera holgadamente las lecciones de Robin 101 que Ted imparte a Barney, o al insípido barril de Marshall. The Gothowitz Deviation toma prestado el esquema habitual y exitoso de How I Met, con dos líneas de acción paralelas. Por norma The Big Bang Theory es algo más caótica y oscila al ritmo de las excentricidades de Sheldon, pero The Gothowitz Deviation nos presenta dos historias claras y, lo que es más importante, terriblemente divertidas. A saber:

Howard y Rajesh, brutalesHoward y Rajesh, brutales

Howard y Raj, góticos de toda la vida
A no ser que te llames Sheldon y seas inmune a la sensualidad femenina, debe ser muy duro tener casi 30 años y escasísimas oportunidades de pegarte un revolcón. Así están Howard y Rajesh, que echan mano de los recursos más inesperados para conocer a mujeres. Y su última ocurrencia pasa por ponerse pantalones negros, chaqueta larga de cuero negra a lo Matrix y unas medias en los brazos que simulan tatuajes oscuros. Sí, disfrazarse de góticos para entrar en ese colectivo. El problema es que para ser gótico, como para ser artista, hay que nacer y no vale con visitar la wikipedia, sacar la lengua, hablar de magia oscura y beber batido de fresa que simula sangre humana.

Howard y Rajesh, ataviados con ropas góticas, entran en una discoteca que parece una reunión de vampiros de True Blood, aunque sin cadenas ni sexo explícito. Se definen como niños perdidos de la oscuridad, pero lo único cierto es que están muy desubicados. En cualquier caso, la pareja conoce a Bethany y a… bueno, la otra. Sí, a todos nos ha pasado alguna vez, hemos sido terriblemente invisibles en la discoteca, mientras nuestro acompañante/a se llevaba todas las miradas. Pues bien, Howard y Raj conocen a un par de chicas a partir de una mentira y se marchan con ellas a un lugar que se asocia con este mundillo: una tienda de tatuajes.

Rajesh duda, pero Howard está dipuesto a pintarse una rana Gustavo allí donde la espalda pierde el nombre por una noche de pasión con Bethany. Repito, debe ser muy duro tener 30 años y la vida sexual de Howard. El problema es que Wolowitz no asume muy bien el dolor y sólo con el alcohol que desinfecta la zona lumbar ya ve las estrellas. Cuando llega la aguja, Howard se levanta y se desmorona su mentira. No son góticos, son físicos. Y no llevan tatuajes, son medias pintadas. Claro, Bethany y la otra se marchan. Y Howard y Rajesh deciden qué historia explicar a sus amigos, en la que no debe faltar un trío con góticas salvajes y un jacuzzi. Brillante escena.

Sheldon, Penny y chocolateSheldon, Penny y chocolate

Sheldon y Penny, adiestrador y mascota
La otra gran historia del capítulo transcurre de forma íntegra en el apartamento de Sheldon y Leonard, que junto a Penny son los protagonistas de una noche de anime. Las historias de Penny no van más allá de una divertida coincidencia en los nombres de sus compañeros de trabajo, por eso Sheldon cree que ha llegado la hora de cambiar a Penny. El señor Cooper, utilizando su inagotable registro de habilidades, echa mano de la psicología para reconducir el irritante tono de voz de Penny. Pese a las reticencias de Leonard, Sheldon tiene éxito.

Lo mejor de esta trama son los chocolates de premio que Sheldon le da a Penny cada vez que hace algo bien, cual foca circense. Sheldon asume que dar chocolate es una convención socialmente aceptada que denota amabilidad. No se equivoca. Pero hay algo todavía más efectivo para modificar la conducta del ser humano: el sexo. El primer acercamiento entre estos dos ha llegado con un inofensivo chocolate, pero si Sheldon conoce la teoría del sexo para cambiar a Penny, no creo que tenga muchos problemas en ponerla en práctica. ¿Os imagináis lo raro que sería?

Por cierto, el único momento en que coinciden las dos historias es al principio, cuando Howard y Raj invitan a la pareja a pasarse por el garito gótico. Igual que en los dos anteriores capítulos, en especial el 3×01, Howard lanza maravillosas puyitas a su amigo Leonard sobre la relación con Penny. Oh, is the miss speaking for the couple now? Me encantan estas bromas.

Por ponerle un punto negro a este episodio: el peligro de que la relación Sheldon-Penny acabe con la personalidad de Leonard, bastante apagado durante este 3×03. Por lo demás, nivelazo para una serie que se aleja del frikismo de la mano de un Sheldon cada vez más humano. Bazinga!


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