Review Supernatural: My Bloody Valentine

Review Supernatural: My Bloody Valentine

Voy a ser honesto. La promo no me gustó, la sinopsis prometía, pero creí que este iba a terminar siendo un capítulo súper chorra en el que nos iban a meter a cierto personaje angelical cada dos por tres diciendo tonterías sin gracia. Tras ver el capítulo…, no, perdón. El capitulazo, tengo que decir que, como es de sabios rectificar (cosa falsa porque sino yo sería el más sabio de los sabios), admito cuan equivocado estaba. Y me alegro. Pero antes de que saltéis a la review un aviso importante, no tendremos más capítulos hasta el 25 de febrero, es decir, nos quedamos una semanita sin Supernatural. Se lo perdonamos por lo bueno que ha sido My Bloody Valentine que sino….

El capítulo comienza con una secuencia inicial bastante tranquila y típica. Una parejita que está tonteando. Nos olemos como va a acabar esto desde lejos. Pero a ver quién es el listo que se imaginaba lo que iba a venir a continuación exactamente. Sin cortarse ni un pelo, nos regalan (por decirlo de alguna manera) uno de los momentos más grotescos de lo que llevamos de temporada. Amor, sangre y canibalismo. En un minuto se cargan todo el cuento de hadas que tiene el mundo entero con San Valentín. Mientras los hermanos investigan la situación desconcertados, otra escena de características similares tiene lugar. Dos compañeros de trabajo en una oficina y la mujer de una. Unos elementos simples para realizar una secuencia tensa y espeluznante.

No hay una descripción disponible¿Un abrazo?

El análisis de los cuerpos les revela a los hermanos algo que les llama la atención. Los corazones de las víctimas tienen un símbolo enoquiano. Según Castiel, todo apunta a un ángel llamado Cupido. La concepción que tengáis de este ser llevadla al límite y obtendréis como resultado la personalidad de este ángel. Dejando a un lado el hecho de que va en bolas, es un tipo cariñoso, demasiado quizás, que por ello se ha ganado el desagrado de todos, y los Winchesters no van a ser ninguna excepción en esto. Un acierto el tratamiento de este personaje. La comicidad es adecuada, aprovechan el surrealismo del momento sin salirse a lo absurdo. Y una vez han exprimido a Cupido, lo dejan fuera de juego en la historia siendo este otro gran acierto, no ayudaría tener a un personaje como este diciendo múltiples pamplinas cada dos segundos.

Tras eliminar de la lista de culpables a Cupido, la aparición de otro cadáver, esta vez por temas ajenos a lo romántico, y el descubrimiento de un demonio por Sam, encuentran a alguien a quien señalar. Uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, Hambre. Astutamente, hacen que Hambre provoque que la gente necesite alimentarse, sin oprimirse, de lo que más desea. Para algunos es el sexo, para otros el amor, la comida, etc. Esto no es más que una inteligente jugada del guionista para abordar ciertos temas que preocupan a nuestros queridos protagonistas. En el caso de Castiel, aunque es al que le queda el tratamiento más superficial, la ingesta cantidad de hamburguesas que devora no es más que un mostrar un síntoma de debilidad en el ángel…, de debilidad humana. Otra prueba de que, su humanidad, es lo que quiere tratar el guionista se encuentra en el momento que se dedica a intentar consolar lo mejor que puede a Cupido. Lo vemos dudar, casi sin saber cómo ha de reaccionar, aunque lo consigue con creces. Por cada momento que pasa, Castiel, se vuelve más humano. Bastante buenas la transformación que el personaje está viviendo.

No hay una descripción disponibleEste en Supervivientes fijo que no pasa hambre

Sam, otro caso aparte. Su hambre es la sangre, así es como descubre en un primer momento al demonio. Volvemos a su lucha contra el querer, a abstenerse. No lo consigue cuando aparecen los dos demonios. Pero tranquilos, al final aprovecha todo el poder obtenido a través de la sangre para derrotar a Hambre. Sam también ha evolucionado, y aunque al final veamos que necesita la intervención de la gente que le rodea para protegerlo, controla más su adicción. Al menos, mucho más que en el pasado. Y luego llegamos al chico especial, al que nada de esto le está afectando, Dean. Según Hambre está vacío, y prácticamente podemos creerle. No tiene esperanza, piensa de antemano que esta batalla está perdida, la mujer que amó murió, la comida, el sexo, las bebidas han pasado a ser cosas superficiales que no lo llenan tanto como antes. Dean tiene serios problemas consigo mismo, y espero que le veamos pronto resolverlos porque difícilmente podría continuar con esta batalla en tal situación.

Y el que falta, Hambre. Una elección perfecta en todos los sentidos. Guerra se convierte en una cagada si lo comparamos con este. Para empezar, lo contradictorio que es ver a su recipiente, tan débil, mayor, prácticamente en las últimas, rodeado de guardaespaldas demoníacos cuando en realidad no los necesita, él solito puede con quien sea. Y sino que se lo digan a los pobres que estaban cenando en el restaurante. El actor, otro acierto, consigue hacer que el personaje imponga a pesar de su estado, su voz, su mirada de loco, todo cuanto hace ayuda a que nos creamos al personaje en todo momento. Tras ser vencido, pasamos al momento en el que Sam acaba encerrado de nuevo para controlar su adicción y Dean suplica ayuda. Ya es hora de que Dios aparezca para echar una mano.

Esto sí que es un capitulazo, y de los grandes. Aborda la trama principal y la usa, porque eso es lo que hace en este capítulo, usarla, para tratar los conflictos de los personajes. Creo que no se le puede pedir más a un capítulo como este que además consigue mantener la tensión e intriga en todo momento. Espero que todos los capítulos que le siguen mantengan la misma calidad, o por lo menos se le acerque.

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3
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