Review Spartacus: Wrath of the Gods

Serie basada en libro. Serie basada en cómic. Y serie basada en la historia. En las últimas semanas hemos visto tres formas diferentes de adaptación televisiva: The Walking Dead, que bebe de los cómics homónimos de Robert Kirkman, cuya cadena (AMC) ha decidido soltarse de la mano; Game of Thrones, basada en la saga literaria de George R.R. Martin, que cuenta con una adaptación muy fiel por parte de HBO; y Spartacus, que lleva el clásico apéndice de “basada en hechos reales” y que, aunque a priori debería contarnos la historia tal y como está escrita (no digo como sucedió), y por lo tanto debería ser hasta cierto punto previsible, se ha desmarcado de la misma y ha sabido encontrar un equilibrio entre lo que pasó, lo que no pasó y lo que debería haber pasado para convertir estos episodios de la historia de Roma en una serie espectacular. Así es Wrath of the Gods: es-pec-ta-cu-lar. ¿O no?

  • Episodio 2×10: Wrath of the Gods
  • Fecha de emisión: 30 de marzo

Capítulo de cinco estrellas. De esos que, tirando de tópico, te desencajan la mandíbula un par de decenas de veces y te hacen saltar de la butaca cada diez minutos. Y eso lo ha conseguido la serie de Starz, como decía, retocando la historia que cuentan los libros a gusto del consumidor. Cosa que me parece genial. Los puristas que buscaban una adaptación fiel se bajaron del carro en el piloto, así que a bordo sólo quedamos los que aceptamos esas licencias y disfrutamos de un episodio de la historia de Roma narrado de una forma muy particular. ¿Que no sucedió tal y como nos lo cuentan? Pues vale, pero anda que no mola cómo nos lo cuentan…

No todo van a ser rosas para Spartacus, aunque las espinas vienen más por el histórico de Vengeance que por este apasionante 2×10. Y es que viendo Wrath of the Gods confirmamos las sensaciones de mitad de temporada: Vengeance ha tenido varios altibajos. Durante algunos capítulos estuvimos encallados en los conflictos internos del grupo de sublevados, perdimos el tiempo con Naevia y la trama de los que mandan dio demasiadas vueltas para acabar prácticamente en el mismo punto que empezó, pero en líneas generales estamos ante otra gran temporada de una serie que no ha parado de crecer desde aquel indigno episodio piloto. Y eso que el camino hasta aquí ha sido tortuoso, con retrasos en la producción, fugas de actores y la trágica muerte de Andy Whitfield, que allí donde esté seguro que ha disfrutado tanto como nosotros de la segunda temporada. En fin, que la serie no lo ha tenido fácil para salir adelante y el resultado es más que satisfactorio, sensacional si hablamos de la recta final.

Si de algo peca Wrath of the Gods es de que pasan demasiadas cosas y, teniendo en cuenta que sólo disponemos de una hora para contarlas, sabe mal no recrearse en algunas escenas. Claro que esto es una guerra y el que se detiene para mirar atrás un segundo se encuentra con una espada clavada en el vientre. Tal vez por eso no lloramos demasiado la muerte de Mira, la primera en caer, para mi de forma totalmente inesperada. Asumía la muerte de algún personaje principal desde antes de empezar, pero no esperaba que fuera ella, que fuera ahí, ni que fuera así. Mira da su vida por un arranque de irresponsabilidad de un germano del “equipo Agron”, que decide hacer la guerra por su cuenta escupiendo en el impoluto currículum táctico de Spartacus y en la confianza de los rebeldes. No lo esperaba, insisto, porque la serie ha trabajado mucho y muy bien la evolución de Mira y porque inyectaba sentido común y fe a los sublevados, que en más de una ocasión podríamos definir como salvajes.

Spartacus 2x10

La muerte de Mira viene precedida de una escena en la que le desea suerte a Spartacus en su cruzada por reencontrar el amor y que, visto en perspectiva, suena a más a despedida de lo que me pareció en vivo. Como dijimos la semana pasada, Spartacus nos obliga a entender su pasión por Sura como el motor de esa revolución, la chispa que enciende su furia incontrolada para matar romanos. Mira ha intentado borrar ese recuerdo de la mente del tracio, pero ha quedado demostrado que no se pueden cerrar las heridas del corazón. No llora Spartacus la ausencia de la esclava convertida en reina y en ese momento nos volvemos a acordar de Andy Whitfield, que se comportaba mucho mejor en este tipo de escenas con una importante carga sentimental. Y la serie sigue su curso sin mirar atrás, donde yace el cadáver de Mira, porque el que se despista no es que no salga en la foto, es que cae Vesubio abajo.

Una de las claves de Wrath of the Gods es que no se resiente cuando cambia de escenario, de los romanos a los rebeldes, cosa que sí sucedía en capítulos anteriores. Lo que pasa en la cumbre del Vesubio es equivalente en pasión e interés a lo que sucede en la falda del volcán… y en la casa de Batiatus. La semana pasada me rendí en mi cruzada por entender a Lucretia, pero la serie ha tardado poco en encenderme la luz. Lucretia está loca. Y no puedo decir que no nos hayan dado pistas durante la temporada: sacrificó a una cabra en su casa, convirtió a la mujer que había arruinado su vida en su mejor amiga, se acogió a la voluntad de los dioses para justificar cualquier acontecimiento y nos deleitó semana tras semana con su mirada más perdida. Lucretia está loca… pero no tanto como para destapar sus intenciones reales a Ilithyia, a la que ha hecho creer que eran las mejores amigas para clavársela, nunca mejor dicho, en el último suspiro. La locura de la domina se inicia en los hechos de Kill Them All, último episodio de la primera temporada, cuando Crixus le clava la espada en el vientre y destroza para siempre su ilusión de ser madre. Entonces la dimos por muerta, pero en realidad sólo se estaba volviendo loca. En Wrath of the Gods, Lucretia cierra el círculo de su trágica historia robándole a Ilithyia a su recién nacido y lanzándose al precipicio de la casa Batiatus, de la que ya sólo quedan cadáveres. Una escena salvaje, espectacular, que pone la piel de gallina y que se completa con las lágrimas de Ilithyia y el rastro que va dejando la sangre de sus entrañas en ese hogar maldito. Antes, los Dioses habían hecho un favor a Lucretia adelantando el parto de Ilithyia cuando ésta se disponía a lanzar al vacío a su amiga, instigada por su renovada relación con Glaber. No entendía a Lucretia y ahora no entiendo la serie sin ella. Qué gran personaje, qué gran actriz, qué gran final.

Spartacus 2x10

¿Qué pasará ahora con Ilithyia? Lo más lógico es que la locura se apodere de ella, como le sucedió a su amiga tiempo atrás, aunque no descarto que la serie la dé por muerta. En el fondo, si la casa de Batiatus pasó a ser un escenario secundario, que se mantenía por nostalgia más que por su influencia en la historia, ahora que la rebelión se ha hecho fuerte, Glaber e Ilithyia no serán más que los jefes finales de un primer nivel que ya hemos superado. En cualquier caso, no la vamos a descartar totalmente para futuras temporadas, porque si le queda algo de veneno, Ilithyia seguirá picando.

Dos muertes importantes, Mira y Lucretia, y una tercera cruel y sorprendente, la del bebé de Ilithyia. ¿Vamos a por la cuarta? Ashur. Antes de que Lucretia se despidiera a lo grande, la domina dejó atado y bien atado el destino de su querido sirio. Como dije en su día, del abuso sexual sufrido en la habitación de Ashur, Lucretia sacó una carta de “queda libre de la cárcel”: el brazalete de Seppius. Ese pedazo de metal ha servido para destrozar el romance Seppia-Glaber, para eliminar a la propia Seppia, para resucitar el amor Glaber-Ilithyia y, en última instancia, para poner al pretor en contra de Ashur. Sublime la escena en que Glaber sale al patio a pedirle cuentas al sirio y los hombres de éste, mercenarios de corazón, acaban vendiéndose al mejor postor, que por supuesto es el romano.

Su visita a los rebeldes en el Vesubio es tan épica como poco creíble. No encaja con un grupo de gladiadores que cedan la responsabilidad de luchar contra Ashur, ex gladiador y hombre más odiado de la república, a una esclava liberada, por mucho que Naevia se tuviera que enfrentar también a sus fantasmas. No lo compro. Pero lo que es menos creíble todavía es que Naevia, cuya actriz no me ha convencido en toda la temporada, gane ese cara a cara. Basta con recordar a Ashur en los instantes finales de Gods of the Arena, antes de sufrir la herida en la pierna, para saber que estamos ante un gladiador astuto, que jamás se despista y que se agarra a la vida con más fuerza que nadie. Compartió la arena con Crixus, Gannicus y Spartacus, y recibió tantos latigazos del Doctore como ellos, así que necesitamos una inyección gigante de fe para aceptar su muerte. Una muerte que nos priva de ver la casa de Batiatus convertida en la casa de Ashur y que, en el fondo y como pronosticamos hace tiempo, nos sabe muy mal. Ashur merecía sufrir por todo lo que ha hecho y su cabeza arrancada a espadazos es un consuelo. Su caso es similar al de Ilithyia o Lucretia: la guerra debe ser ya contra enemigos mayores. Pero lo echaremos de menos. Seguro. Esa mirada perversa le dará trabajo a Nick Tarabay, un gran descubrimiento.

Spartacus 2x10

La quinta muerte impactante del capítulo se explica en el contexto de la última batalla de la temporada, la que enfrenta a Glaber y Spartacus. De la estrategia formulada por unos y otros, que han jugado al gato y al ratón sin verse las caras, me quedo con el consejo de Gannicus a Spartacus, que podríamos resumir así: pruébalo si resulta inesperado, hazlo si parece imposible. Las victorias que cuentan los rebeldes se han cimentado siempre en el factor sorpresa, así que en el último capítulo de esta historia no podían defraudarnos. Spartacus tira de ingenio, y de ramas de árbol, para descolgarse por el Vesubio y atacar por la retaguardia a los hombres de Glaber, que esperaban el descenso del enemigo por el único camino transitable del volcán. Crixus, Spartacus y Gannicus, recuperado para la causa, guían una primera embestida auxiliada por la catapulta infernal y que se combina con la aparición de refuerzos en el momento indicado. Puede que la historia no fuera realmente así (de hecho, este ataque fue contra los hombres de Varinius, no los de Glaber), pero la épica de todos estos momentos es innegable, así que la traición a los libros merece la pena. La quinta muerte, la de Oenomaus, se produce en plena batalla, donde deben morir los guerreros.

El doctore ha sido menos determinante en Vengeance de lo que muchos esperábamos, pero no hay que olvidar que la rebelión nace de su entrenamiento a todos esos hombres. Oenomaus sobrevivió a los combates en el inframundo, al gigante Theokoles, a la caída de un estadio sobre sus músculos, a la pérdida de un ojo, a la muerte de su esposa y a la traición de su mejor amigo, pero no ha podido con el egipcio. Antes de que la muerte viniera a por él, el buen Oenomaus ha perdonado a Gannicus y se ha perdonado a sí mismo, último requisito para pasar a una eternidad compartida con Melitta. Otro personaje, junto a Ashur y Lucretia, que nos acompaña desde el primer día y que se marcha en Wrath of the Gods. A ver cómo encaja la serie estas ausencias.

Spartacus 2x10

Curiosamente, la batalla final entre Spartacus y Glaber es mucho menos emocionante de lo esperado. Y es que, por muy poderoso que sea Glaber, con una espada en la mano no es enemigo para ninguno de los rebeldes, mucho menos para the bringer of the rain, the slayer of Theokoles… the champion of Capua! Spartacus lleva a cabo una venganza que arrastra desde el primer episodio, cuando un joven general con aspiraciones secuestró a su mujer y le destrozó la vida. Glaber plantó la semilla de la rebelión y el destino, “jodido caprichoso” (fickle bitch, que decía Ben Linus), le ha plantado una espada en la garganta. Sexta baja de peso de la serie, a la que se le puede acusar de ser gratuitamente gore o excesivamente explícita, pero a la que no se le puede negar que tiene un kilo de agallas para destrozar sus propios castillos de naipes. Por ponernos tiquismiquis, la transición a los créditos de la última escena es algo abrupta. Un detalle que ni mucho menos empaña el excelente final de temporada que no ha brindado una de las series más en forma de la parrilla americana. Como decía, podemos entrar en debates sobre su escasa fidelidad a la historia o sobre la necesidad o no de algunas de sus escenas, pero no hay narices a cambiar una coma de sus guiones y que haga más épica e interesante la serie. Entretenimiento en vena.

Tras la tempestad, nace una pregunta obligatoria: ¿ahora qué? Pues ahora, imagino, tocará reestructurar el grupo, llorar a los muertos y encontrar nuevos objetivos por los que luchar. Los enemigos, como vimos, ya les están esperando. Y ahora sí, creo que llegamos al final boss

ACTAULIZACIÓN: Mientras escribo las últimas líneas de la review leo que Steven Deknight, productor ejecutivo de la serie, ha confirmado en una entrevista que Ilithyia también muere en casa de Batiatus. Eso aumenta el contador de bajas principales a siete. ¡Escabechina!

 


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