Review Spartacus: Wolves at the Gate

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Aunque no hay registros de que fuera suya, a Maquiavelo se le atribuye la frase de “El fin justifica los medios”. A esa máxima nos tenemos que acoger para posicionarnos al lado de los rebeldes, si es ese el lugar que hemos elegido en esta guerra. Y más después de ver Wolves at the Gate, uno de esos episodios controvertidos en los que la diferencia entre blancos y negros se difumina para entrar en el inevitable gris de cualquier enfrentamiento en el que hay daños colaterales. La serie acierta dándonos píldoras de crueldad de un lado y de otro, porque si es salvaje la lapidación pública del (supuesto) rebelde, no lo es menos el horroroso asalto a la ciudad de las fuerzas de Spartacus. A nuestro héroe tracio nadie le preguntó si estaba dispuesto a dejar a Sura para alistarse en el ejército, pero a la niña que jugaba con la pelota tampoco le preguntaron si estaba dispuesta a morir degollada por una causa que todavía no entiende. Reflexiones aparte, este 3×02 no pasará a la historia por la lapidación ni por esa niña anónima (como la de la lista de Schindler), sino por la presentación del señor de la foto. Un tal Julius Caesar… ¿os suena?

  • Episodio 3×02: Wolves at the Gate
  • Fecha de emisión: 1 de febrero

Hemos comentado y aplaudido muchas veces, puristas tápense los oídos, que la serie haya moldeado la Historia a su antojo para hacer de ésta una historia de ficción mucho más épica. Al fin y al cabo, no existen registros 100% exactos de lo que sucedió en aquella época, así que está bien que la imaginación de los guionistas ocupe esos espacios en blanco que no llenan los libros. Gracias a eso disfrutamos de una soberbia presentación de Gannicus (la orgásmica Spartacus: Gods of the Arena) y de una particular versión de Batiatus, que creció a la sombra del talentoso John Hannah. Nada de eso existió… o sí, pero no nos importa porque la serie es mucho mejor así. Destápense los oídos puristas, la serie sí ha seguido con bastante exactitud el recorrido de Spartacus y sus tropas durante la rebelión: salió de Capua, huyó al Vesubio, eliminó a las tropas de Glaber y se refugió del invierno para reclutar soldados y dar cobijo a su pueblo. O sea, hemos encontrado un punto de equilibrio entre lo que sucedió, lo que no sucedió y lo que debería haber sucedido para que una serie de televisión hecha 2000 años después fuera espectacular.

Cuento todo esto por dos razones: 1) los libros de Historia no son spoiler, o sea que por mucho que digan que Crixus murió (o no, no lo sé) en su bañera mientras se lo montaba con Naevia (que no sale en los libros), en realidad la serie puede hacer que el ex campeón de Capua se retire con su amante a un barco pirata que viaja por el Adriático… si el final beneficia a la historia, a la serie, no nos vamos a quejar; 2) en consecuencia, aparece el factor sorpresa, que permite a Spartacus introducir en todo este juego a un personaje tan interesante como Julius Caesar, que en realidad no participó en esa guerra y que no formaría “equipo político” con Marcus Crassus (y Pompeyo, en el Primer Triunvirato) hasta diez años después de detener la rebelión. Y no nos quejamos. Porque la introducción de Caesar, sin estar al nivel de la de Crassus, ha sido lo mejor del capítulo. Desde luego, la serie ha calculado muy bien la llegada de Caesar y Crassus, como si quisiera que nos identificáramos con ellos por si existiera un supuesto spin off… oh, wait!

Caesar es mucho más que la apariencia salvaje de Todd Lasance, bien respaldada por un cuerpo escultural y temible. Es un personaje oscuro, con experiencias en el campo de batalla que han desarrollado su sentido estratégico y táctico y con prácticas sexuales que escapan a mis conocimientos. ¿Qué era eso: una circuncisión, un afeitado o una felación con castigo? Caesar es un hombre con mucho mundo, de personalidad arrolladora, que viene con los bolsillos llenos de carisma, que las ha visto de todos los colores y que tiene ese puntito de genialidad que, mal llevado puede convertirlo en una fiera, pero bien llevado puede catapultarlo al éxito. Y en toda Roma, nadie tiene mejor catapulta que Marcus Crassus. ¿Cómo encajará Caesar en esa guerra? Reservado el enfrentamiento principal a Crassus y Spartacus, lo veo más en las campañas secundarias (que las habrá) contra el ejército rebelde, donde se vería las caras con Crixus, con Agron o con Gannicus, con el que guarda ciertas semejanzas. Esa ferocidad templada por un fuerte sentido del honor de ambos invita a pensar en una batalla de Champions League. Promete. Y eso que Caesar ha perdido la primera batalla por ser el general de las tropas de Crassus, un papel que finalmente ha caído en Tiberius, aunque es evidente que Marcus tiene planes mucho mayores para él.

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Tiberius sigue siendo el menor de mis intereses en la serie. Su ambición me resulta poco creíble, en parte porque no me parece tan imponente como los que lo rodean, en parte porque su historia está telegrafiada desde el primer día. Tiene el favor de papá, pero no su confianza. Crassus le ha dado el mando y lo ha lanzado a los leones. Viniendo de donde venimos, esos tejemanejes entre Ilithya, Batiatus, Glaber y Lucretia, los asuntos de Tiberius parecen un cuento para niños. Tengo la sensación de que el joven no se desenvolverá tan bien con la espada como con la lengua, así que por ahora lo veo más como una herramienta de la serie que como un personaje útil para la trama.

El que sí me ha sorprendido en Wolves at the Gate es Marcus Crassus, que ha mostrado su primer punto débil: Kore. Debido a la estrecha relación que Marcus tenía con su entrenador/gladiador, dimos por hecho en Enemies of Rome que el cariño mostrado hacia Kore era común a todos sus sirvientes. Pues no. Kore no es únicamente la que sirve el vino a los invitados; su función es prácticamente la de la mujer de la casa: cuida de Tiberius y Publius y hace feliz a Marcus… mucho más de lo que puede decir Tertulla. Su intención era viajar con su marido a la guerra y con 700 kilos de equipaje (no van en Ryanair), una opción que Crassus ni se ha planteado. En su lugar el romano ha elegido a Kore, de la que tenemos ganas de conocer su pasado fuera de esa casa (si es que lo ha tenido) y dentro de ella. Por ahora, se irá en el campamento que acompaña al ejército, un buen lugar para satisfacer al líder, pero también para ser una víctima más de los rebeldes… o para unirse a ellos. Desde luego, si la serie quiere poner de mala leche a Crassus, ya tiene dos formas de hacerlo: matar a Tiberius o poner en fuga a Kore.

Cambiamos de bando para ver qué ocurre en el ejército rebelde, que prepara su asalto a la ciudad de Sinuessa del Valle como prometió Spartacus en los instantes finales de Enemies of Rome. Más allá del asedio a la ciudad, que nos ha proporcionado la necesaria dosis de violencia y acción que acompaña siempre a la serie, son varios los temas que pone sobre la mesa. Uno, ya lo hemos comentado, es el del fin que justifica los medios, encarnado en la figura de esa niña romana a todas luces inocente. Su muerte se puede equiparar a la del esclavo lapidado públicamente por supuesta colaboración con las tropas rebeldes, en una acertada y cruel visión de las dos caras de la guerra. Además, el asalto a Sinuessa nos recuerda que el peso de la rebelión recae íntegramente sobre Spartacus. Y con un ejército cada vez más numeroso, las decisiones cada vez tienen más víctimas. Una de ellas ha sido el marido de Laeta (Anna Hutchison, Cabin in the Woods), una romana poco romana que tendrá su peso en la historia, al que Spartacus ha clavado una lanza en la boca a pesar de que no ofrecía casi resistencia. La otra opción era que quemara el grano, así que el tracio se ha visto obligado a apostar fuerte por el sustento de su pueblo más que por la vida de un romano. Su explicación posterior a Laeta no es nada convicente, lo que nos permite calibrar qué poco le gusta tomar este tipo de decisiones. El fin justifica los medios.

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¿Qué relación habrá entre Spartacus y Laeta? Después de Sura y de Mira, cuesta creer que el líder rebelde pueda apostar por el amor con una romana, pero tampoco creo que Laeta esté ahí para ser su consejera sentimental. Claro que ella también tendrá algo que decir, y el cariño que le tendrá al rebelde después de perforar a su marido no parece que vaya a sentarle muy bien. No sé… ¿apuestas? Sobre el asedio me gustaría destacar también la determinación de la serie por mostrarnos la cara más armaga de los rebeldes, que ordenan la muerte de todas las mujeres y niños. Es cierto que Spartacus detiene a sus hombres antes de que el asalto se convierta en tortura, pero también lo es que la plaza del pueblo está llena de historias inacabadas de inocentes. La serie lo pone sobre la mesa para que cada uno saque sus conclusiones.

Buen capítulo, algo por debajo del primero a mi gusto, y sobre todo necesario. La llegada de Caesar y Laeta se puede considerar como un paso adelante (esta serie siempre los da), pero algo me dice que la esclava que libera Gannicus, la que lo mira como si acabara de ver a un príncipe azul en lugar de a un guerrero cubierto de sangre, también tendrá cosas que decir de aquí en adelante. Los rebeldes tienen la ciudad que buscaban, eso no nos ha sorprendido, y las tropas de Marcus Crassus están listas para partir. O sea, la necesaria preparación del terreno. Necesaria y entretenida, que quede claro. Buen capítulo, sí. Tengo ganas de ver cómo sigue…

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