Review Spartacus: Libertus

Si Dani puso de moda a principios de semana las tweetreviews, con ese directo del último episodio de How I Met Your Mother, hoy estreno yo las reviews contrarreloj. Lejos de la calidez de mi hogar y apartado de un ordenador, me veo obligado a comentar Libertus desde un cyber café (¿muy de los 90, verdad?), con una televisión de 300 millones de pulgadas (sin exagerar) sobre mi cabeza y con un contador que me recuerda con una insistente y parpadeante luz roja que me quedan 60 minutos de crédito (¡no tengo más monedas!). Imagino que se refieren a esto cuando hablan de ambiente hostil. En fin, veamos qué sale…

  • Episodio 2×05: Libertus
  • Fecha de emisión: 24 de febrero

No hay quinto malo, dice nuestro sabio refranero. Y aunque no tengo muy claro de dónde viene esa expresión (ni tiempo para buscarlo), la encuentro especialmente adecuada para esta situación. Me habían gustado los cuatro primeros episodios de Vengeance, pero creo que habrá bastante consenso si digo que Libertus sube el listón unos cuantos centímetros. Y eso que Spartacus ha hecho exactamente lo contrario a lo que le pedíamos la semana pasada, volver a por Crixus. La diferencia es que esta vez lo ha hecho bien, no como cuando entramos en las minas a la desesperada en busca de Naevia, en aquella ratonera en la que se perdieron mucho más que vidas humanas. El líder de los sublevados ha organizado un plan para rescatar a sus amigos, Crixus y Oenomaus. Un plan inteligente, basado en sus conocimientos de arquitectura (no sabía o no me acordaba que los tenía), que ha servido además para darle un buen puntapié a los romanos en el orgullo y en la reputación, que es donde más duele.

Un plan inteligente… pero suicida. Literalmente, los gladiadores se han metido en la boca del lobo. Claro que el premio era prácticamente comerse al lobo. O, por lo menos, impactar en su corazón. En la arena del estadio de Capua, allí donde los romanos juegan con las vidas de los esclavos como si fueran muñecos de feria, allí donde se marcan con más dramatismo las diferencias entre clases sociales, Spartacus ha aprovechado para enviar un mensaje al imperio: “aquí estamos, somos libres y seguimos luchando“. Los romanos ya saben que no será fácil librarse de ellos y que no pueden vivir tranquilos. Y los esclavos pueden ver una rendija de luz en su cautiverio. Insisto, tácticamente el movimiento es muy desafortunado, pero la victoria garantiza dar un paso de gigante para reforzar la rebelión. Y Spartacus vence. Ahora sí. Y se vuelve a ver las caras con la nobleza, con Glaber, aunque él siga estando abajo y ellos arriba. Pero las lanzas llegan. Y ese mensaje, el de que todo el mundo es mortal, creo que lo han captado los enemigos de Spartacus.

El premio que se llevan los rebeldes tras Libertus es de incalculable valor. Contad: Crixus y Oenomaus, dos gladiadores que han sido campeones de Capua; Gannicus, el único esclavo capaz de ganarse su libertad en la arena; y, lo más importante, una base de operaciones. Ese templo en ruinas que dirige Lucius, un romano con ganas de vengarse del imperio, es la mejor noticia para un grupo que debe pasar de ser nómada a sedentario. Así se crean las comunidades. Ahí debe desarrollarse el embrión de la rebelión. Porque Lucius es de fiar, ¿verdad? A mi me ha dado buena espina…

No creo que sea casualidad que el regreso a la arena coincida con el regreso de la mejor versión de la serie, pero de lo que estoy seguro es que la aparición del gran Gannicus ha tenido mucho que ver con ese salto de calidad. Visto Libertus y revisionando Gods of the Arena, me extraña que la serie se haya permitido el lujo de retrasar tanto su vuelta, aunque entiendo que era ahora el momento en que estaban todas las piezas en orden. Gannicus es el mismo bala perdida que era cuando estaba en el ludus, sólo que ahora debe pagarse su comida y sus caprichos nocturnos, que ya sabemos que son insaciables.

El gladiador sigue teniendo un nombre en Capua, de ahí que se le contrate para aniquilar a los juguetitos que les ofrecen los líderes al pueblo. Sólo que esos juguetitos son algo rebeldes, especialmente uno negro, que había sido Doctore y que ve la oportunidad de vengarse por lo de Melitta. Creo que esta historia se ha desarrollado de forma algo precipitada, pero entiendo que los gladiadores no son hombres de palabra, sino de acción. Por suerte para Gannicus, que está algo desentrenado, la espada del Doctore era de broma y Spartacus entra en acción justo a tiempo para evitar la desgracia. Ambos sobreviven, lo que tengo claro es que esa herida no se ha cerrado. Así que a Spartacus le va a tocar gestionar una complicadísima relación entre dos de sus mejores hombres, si es que a Gannicus no le da por desentenderse de la rebelión o a Oenomaus no le entra un ataque de orgullo y decide que no quiere estar al lado del amigo traidor. En definitiva, que los espadazos que se dan en Libertus han servido de poco. Y que ahora se verá de verdad dónde puede llegar esa relación que tanto nos gustó en Gods of the Arena.

La parte política ha sido menos movida que la semana pasada, cuando estuvimos de fiesta, pero paradójicamente ha cambiado por completo el escenario. Las aspiraciones de Ilithyia de disolver su matrimonio se pierden en las ruinas del estadio, donde yace el cadáver de su padre por obra de Spartacus y gracia de Glaber, que ha dado ese paso que le pedíamos para ser un poco menos pardillo y un poco más Batiatus. Al pretor no le ha temblado el pulso a la hora de destrozarle el cráneo a su suegro. Y qué queréis que os diga, yo me he alegrado. El ser humano tiende a posicionarse al lado del más débil, y aunque somos conscientes de que Glaber tiene la culpa de que Spartacus esté donde está, también es cierto que en varios momentos de la temporada todo el mundo ha conspirado contra él (incluidos Ashur y Lucretia). Y eso genera compasión. Fantásticas las caras de Claudius durante los últimos 15 minutos de episodio: el terror en el estadio, la vengaza ante su suegro moribundo y la ira ante el caótico espectáculo. Tras Spartacus y su grupo, el gran beneficiado de este Libertus es Glaber, que mantiene a su esposa (aunque ahora ya sabe de qué pie cojea), elimina al suegro y desplaza de la escena a Varinius, el pretor aspirante a ocupar su lugar. Todo apunta a que ahora será él el que lidere -con más rabia que nunca- al ejército que debe detener a los sublevados. Pedíamos a un buen villano a principio de temporada que hiciera de Quintus Lentulus y resulta que lo teníamos delante, sólo que se estaba cociendo a fuego lento.

Visto desde el otro lado, para la nobleza perder el estadio también significa mucho más que perder una batalla. Glaber sabe que ese azote ha revolucionado la ciudad y que ahora necesita un golpe de efecto similar para equilibrar la balanza. El mensaje se ha enviado, cabe esperar una respuesta igual de contundente… Sé que no he hablado de Mira, de Ashur o de Lucretia, pero creedme que es una cuestión únicamente de tiempo. Mi último minuto lo utilizaré para decir aquello que echaba tanto en falta: ¡capitulazo! Así sí…


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