Review Spartacus: Empty Hands

Tenía puestas muchas esperanzas en Empty Hands. Había leído, antes de que empezara Vengeance, que este capítulo marcaba un antes y un después en la historia de la segunda temporada. No lo es. En mi opinión, sólo pone sobre la mesa temas que ya habíamos tratado, como la dificultad de Spartacus para asumir el liderazgo de un grupo tan grande y con objetivos tan dispersos. Y aunque no le puedo echar en cara a la serie que no haya cumplido mis espectativas (no tenían ninguna base), sí me puedo lamentar de que estos cincuenta minutos no hayan servido más que para confirmar que la desesperada misión de salvar a Naevia fue un bad move de libro. Eso lo sabíamos simplemente con el cambio de cromos (Crixus por Naevia), así que esta semana no puedo decir que hayamos avanzado demasiado en la trama de los gladiadores. Eso sí, nos lo hemos pasado muy bien, como siempre con esta serie…

  • Episodio 2×04: Empty Hands
  • Fecha de emisión: 18 de febrero

En lo que sí ha mejorado Spartacus Vengeance con Empty Hands, y es justo decirlo, es en la gestión de sus villanos. En todo lo sucedido en casa de Batiatus (acuerdos, roces, seducciones, traiciones) olía a Batiatus, aunque John Hannah lleve fuera cuatro capítulos. Y eso sólo puede ser una noticia estupenda para el devenir de la serie, que echaba en falta esa parte política tan absolutamente rebuscada en la que perderse con los tejemenajes de unos y otros era un placer. Porque sí, lo reconozco, yo me he perdido. Disculpad la comparación, pero en Empty Hands hemos jugado al juego de tronos. Ilithyia no es Meñique, Lucretia no es Varis y, desde luego, Ashur no es Tyrion, pero déjalos correr. Lo que sí parece claro es que Glaber es Ned Stark. Y hasta ahí puedo leer, vaya a ser que alguien no haya visto Game of Thrones (¡insensatos!).

¿Cuál era el problema de esa trama política? En mi opinión, no quedaba muy clara la presencia de algunos personajes en la historia: por qué Seppius y Seppia, los dos hermanos guapérrimos, nos hacían perder un tiempo valioso que podíamos dedicar a los gladiadores (¡a Gannicus!) o qué papel podía desempeñar Varinius. A su vez, Ilithyia estaba siendo muy poco Ilithyia, es decir, cobarde y nada ambiciosa. Tampoco Glaber convencía como villano principal, aunque ese tema quedó medio solucionado la semana pasada cuando entró en juego Ashur, que en Empty Hands ha vuelto a demostrar que se va a ganar todos y cada uno de los espadazos que le caerán el día de su muerte. Pues bien, todo eso ha adquirido una nueva dimensión en este 2×04 gracias a esa fiesta improvisada en casa de Batiatus. Ahora sí vemos el papel de Seppia, ahora sí sabemos qué pinta Varinius y, sobre todo, ahora sí reconocemos a Ilithyia. Lo de Seppius sigue siendo un poco misterioso, ya que Glaber está claramente en otra división. Sí, parece estar enamorado de su hermana y sus tropas persiguen a Spartacus, pero más allá… no le veo razón de ser al personaje.

Ilithyia ha sido promotora, gogó y estrella de la fiesta que ella ha misma ha montado en honor a Varinius, al que Glaber hirió la semana pasada al negarle la presencia de sus tropas en el estadio. Aaay Ilithyia, qué rematadamente mala es… y cómo nos gusta. Porque esa fiesta, en realidad, no tenía otra razón de ser que empezar a disolver el matrimonio de la rubia con Glaber y motivar una unión con Varinius. Para que se dieran esas circunstancias sólo necesitábamos el visto bueno de papá, que Ilithyia lo tiene desde que se casaron; un hombre torpe, Claudius Glaber, al que la fiesta en casa le va a salir cara; un hombre dispuesto, en este caso Varinius, cuya disponibilidad ha crecido en función de lo que bajaba la mano de la propia Ilithyia; y la ausencia de rivales, y ya hemos visto que Seppia, por muy bien puesto que lo tenga todo, no tiene el carácter que exige Varinius para elegir a la mujer que lo lleve al huerto. Ilithyia promete llevarlo al huerto… y al cielo. Pero desde la cama. Total, que Varinius va loco por satisfacer a la juguetona Ilithyia y, aunque no hará ningún movimiento que ponga en tela de juicio su lealtad a otro pretor, al menos no directamente, no cabe duda de que se ha unido a la causa de la rubia. Ahora sólo nos falta una excusa para disolver ese matrimonio.

La pieza que más descoloca en este juego de tronos que ha sido la fiesta de Empty Hands es sin duda Lucretia. Nadie en su sano juicio se cree que la domina vaya a apoyar a Ilithyia en esa ruptura si no es a cambio de algo. Para empezar, se ha ganado (ponga usted el verbo que quiera) al padre, así que dudo mucho que en su agenda esté subrayada únicamente la tarea “ayudar a Ilithyia a deshacerse de Glaber”. Claro que ahí está buena parte de la gracia de esta serie, esa fantástica sensación de que con algunos personajes, nunca sabes si vienen o si van. Lucretia tiene la partida de ajedrez diseñada en su cabeza, por mucho que la maravillosa Lucy Lawless nos ponga cara de que se le ha ido la olla. Por cierto, de la famosa fiesta es necesario rescatar también la escena en que Lucretia debe decidir la muerte de uno de los gladiadores. Me sigue fascinando, y más después de ver lo que han hecho con el pobre hombre, la poca importancia que se le daba a la vida de algunos humanos en aquella época. Aún teniendo clarísimo que Spartacus se salta la historia a la torera, esa sensación refuerza el alzamiento de los gladiadores. En fin, que Lucretia no elige a Crixus, evidentemente, y que el galo queda en una posición realmente comprometida. Y un último apunte antes de pasar a la historia de los gladiadores: las palabras de Ashur ya han empezado a hacer mella en Oenomaus. Ahora sí, ahora está todo a punto para que vuelva Gannicus.

Poco que rascar esta semana en la trama comandada por los sublevados. Spartacus y Mira han protagonizado una épica lucha por la supervivencia, generada a raíz del impulsivo y a todas luces erróneo movimiento de rescatar a Naevia. Espero que Agron diga eso que da tanta rabia propio de las madres: “ves, te lo dije”. Y es que el líder de la rebelión no está para ir perdiendo tropas por el camino, pero aún menos la confianza de los suyos. Si había dudas sobre la capacidad de liderazgo o el por qué de esa rebelión, no creo que el rescate desesperado de Naevia ayude a eliminarlas. Supongo que Spartacus se ha ganado cierta reputación como para meterse en este tipo de batallas, pero no vendría mal que empezaran a plantear cara a las tropas romanas de una forma más organizada. Está muy bien el discurso romántico de que la vida de todos los hombres vale lo mismo, pero en ese caso podríamos haber dejado a Tiberius en un árbol y nos habríamos ahorrado la vida de dos gladiadores mejor preparados y dispuestos para la lucha. ¿No creéis? Me cuesta, me cuesta involucrarme con la historia de los gladiadores porque creo que no se están tomando buenas decisiones. ¿Cuál será el siguiente paso? Intuyo que el rescate de Crixus estará entre los puestos más altos de la agenda. ¿Lo entenderá el grupo, ahora que se han encaminado hacia el sur? ¿Volverá a cometer el mismo error Spartacus? Yo creo que no, que ha aprendido la lección y que ahora focalizará sus esfuerzos en hacer daño al imperio mientras recluta nuevos soldados.

Buen final de capítulo, eso sí, con ese cruce de miradas entre Spartacus y Mira, con el Vesubio de fondo, en el que se estaban diciendo… “hasta aquí hemos llegado”. Al final el que ha llegado ha sido Agron, que después de abrazar a Spartacus se ha ido directo a conocer el estado de salud de Nasir. Ahí hay algo, claro. Disculpad el comentario, pero si Nasir viera desnudo a Agron, igual habría recuperado las fuerzas milagrosamente y se habría ido corriendo del susto…

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