Review Spartacus: Chosen Path

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No se puede pedir más. Spartacus llega a su mitad de temporada cubriendo las necesidades que le exigíamos hace tres o cuatro episodios: ha devuelto a Gannicus a la acción, un personaje fantástico que nos conquistó en Gods of the Arena; y ha encontrado un sustituto para Batiatus en la figura de Glaber, que además ahora trabaja codo con codo con el apasionante y despreciable Ashur. No se puede pedir más. Bueno, sí, que las reviews lleguen a tiempo, pero eso es como decirle a Gannicus que no vuelva a meterse en líos…

El generador de tópicos que todos llevamos encima me obliga a decir aquello de que “después de la tempestad siempre llega la calma“. Y así ha sido. Jornada más o menos tranquila la que hemos vivido en este Chosen Path, después de que Spartacus y sus hombres pusieran patas arriba Capua hace unos días. Las consecuencias de aquella acción suicida se han notado especialmente entre los que mandan, porque los gladiadores han vuelto a la calidez del templo para reorganizarse, curar a sus heridos (Crixus y Oenomaus) y trazar su siguiente paso, que esta vez no será para reducir al enemigo, sino para multiplicar el ejército propio. Y es que para ganar esta guerra hará falta mucho más que una treintena de gladiadores y otros tantos esclavos liberados.

Pero hablemos de Gannicus… El ex campeón de Capua está bastante negro porque la acción en el estadio no sólo lo enfrentó definitivamente a Oenomaus, sino que le privó de su recompensa en metálico. Y, seamos sinceros, una cosa es que te den por saco… y otra que te den por saco y no te paguen. Gannicus juega su vida en “modo cabreado”, aunque todos sabemos, porque lo hemos visto, que tras esa fría y musuculosa coraza se esconde un buen tipo. Eso lo sabe Crixus, pero no Spartacus, que al fin y al cabo es el que toma las decisiones en el grupo. Su experimento de acercamiento fracasa (¿a cazar juntos? ¡invítalo a vino!) y Gannicus decide dejar el templo poco después de perdonarse con Oenomaus, que no tiene fuerzas para clavarle un puñal con la mano, pero sí con la lengua. Sin embargo, aún quedaba lo mejor.

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Una de las cosas que adoro de los guionistas de esta serie es que tienen clarísimo qué es lo que queremos ver en cada momento. Y desde el día que conocimos a Gannicus nos preguntamos qué pasaría si se enfrentara en la arena con Spartacus. Puro morbo. No hay otro motivo más que el morbo de ver a los dos campeones dándose espadazos, porque en realidad no queremos que le pase nada malo a ninguno. Esa alucinante batalla ha llegado en Chosen Path y no ha servido para dirimir quién era el más fuerte de los dos, aunque creo que Spartacus llevaba cierta ventaja en el momento en que Mira los ha interumpido. La ex esclava ha cazado (nunca mejor dicho) a Chaddara tratando de pasar información a los romanos. La joven jamás encontró su lugar en el grupo, a pesar de pasar por varias habitaciones, y al final una flecha la ha encontrado a ella. Disculpad que no llore, es que su historia no consiguió engancharme.

El personaje de Mira ha crecido mucho desde que se desnudó en la habitación de Spartacus, hace unos cuantos episodios. De objeto sexual del campeón de Capua pasó a sirvienta, de sirvienta a confidente, de confidente a pareja del jefe y, asentada ya como una figura importante del grupo de liberados, es ahora ejemplo para las otras mujeres. A Mira no le tiembla el pulso a la hora de clavarle una flecha en la garganta a una traidora o en subirse al cuello de un romano y apuñalarlo como el que aporrea una puerta. Esa nueva Mira debe servir como ejemplo a la débil Naevia, que está sufriendo serios problemas de identidad y que vive con una constante sensación de miedo provocada por las vejaciones del pasado y su trabajo en las minas. Ese trauma está afectado a su relación con Crixus, motivo por el que Naevia quiere dar un giro a su vida y empuñar las armas. Va tocando.

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Meanwhile, en el ludus, Glaber campa a sus anchas con la satisfacción de tener a Ilithyia dominada, a Varinius camino de Roma y al suegro con una viga en la cabeza. Como dijimos la semana pasada, el gran beneficiado del ataque de Spartacus al estadio, aparte de los sublevados, es el propio Glaber. Si esto fuera una partida de ajedrez, Glaber habría pasado en unas horas de ser un peón arrinconado, a punto de salir del tablero, a ser el rey negro. Claro que para dominar en solitario la partida, le falta eliminar al respondón Seppius. Glaber lo intenta por las buenas, ofreciéndole un pacto; por las casi buenas, tratando de seducir a Seppia; y acaba tirando por las malas, que es siempre el método más fácil para convencer a alguien.

Ese camino malo enlaza con lo que decía antes de que los guionistas saben exactamente lo que queremos ver. Me imagino varias conversaciones entre colegas… “¿sabéis lo que molaría? Que Glaber contratara a los tipos más sucios y peligrosos de Roma para luchar contra los gladiadores”. Y otro diría: “¡y que los recoja en un prostíbulo, así vemos desnudos!” Y un tercero: “¡pide otra ronda de cervezas!” Deseos hechos realidad. Sólo que, en lugar de ser Glaber el que contrata, el que se echa el equipo a la espalda, previa demostración de manejo de la espada, es el inmenso Ashur. Adoro a Ashur. Y lo odio por encima de todas las cosas. Rey de la supervivencia y el escaqueo, jefe supremo del oportunismo y Dios de la manipulación. Un crack. Ashur ha aparecido poco en Chosen Path, pero cuando lo ha hecho han pasado muchas cosas: ha atemorizado (¿y violado?) a Lucretia, que queda en una posición comprometida sin el apoyo del gladiador; ha contratado a los matones de Glaber y ha llegado a tiempo a casa de Seppius para derramar sangre. Ese era el camino malo. Y eso ha sido un final de capítulo soberbio.


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