Review Spartacus: A Place in This World


No creo que vaya muy desencaminado si digo que uno de los episodios más recordados de la primera temporada es aquel en el que Spartacus tiene que bajar al foso (The Thing in the Pit), castigado por Batiatus, a pelear por su vida frente a tipos armados, sin escrúpulos y sin nada que perder. Aquel foso nos marcó, al menos a mi. Y tampoco digo una locura si pienso que Oenomaus es uno de los personajes más misteriosos de la serie, en especial por esa fidelidad casi patológica a la casa de Batiatus. Pues bien, si metemos esos dos elementos en una coctelera y lo agitamos, le añadimos un chorrito de flashbacks, y lo volvemos a agitar… nos sale A Place in this World. Un capítulo fantástico cuando Peter Mensah (o su versión juvenil) ha estado en pantalla… y algo menos cuando le tocaba el turno a los gladiadores, ¿verdad? ¡Vamos a comentarlo!

  • Episodio 2×02: A Place in this World
  • Fecha de emisión: 3 de febrero

A Place in this World no es el mejor capítulo de Spartacus, pero es de esos episodios que hacen que recomiendes la serie a tus amigos con menos escrúpulos. Y es que el foso… mola mucho. Mola si no eres uno de los dos protagonistas a los que entregan un arma, meten en un espacio de 10 metros cuadrados de terror y les piden que luchen para seguir respirando. Y si eres Oenomaus, incluso puede que le encuentres encanto a eso de jugarte la vida en cada espadazo, cada hachazo o cada golpe de cadena oxidada, porque algo me dice que ahí las armas no han pasado controles de sanidad. El Doctore ha empezado este 2×02 buscando la muerte en ese foso infernal y ha acabado encontrando (o recordando) el sentido de su existencia, que no sé si servirá para mantenerlo en esa parte del tablero durante mucho tiempo, pero es esencial para que siga en la partida. Y es que sacrificar a Oenomaus, con todo lo que sabe (ex gladiador, amigo de los rebeldes) y todo lo que no sabe (Gannicus-Melitta), habría sido un movimiento horrible por parte de la serie.

Oenomaus está vivo. Y en ese viaje hacia su yo interior, los espectadores también hemos abierto la puerta a su pasado. Un pasado que da miedo y que justifica todas y cada una de las cicatrices que adornan su cuerpo. Oenomaus era un chico salvaje con un talento especial para matar y para sobrevivir que sólo supo ver Titus, el padre de Batiatus. Justificando ese olor para los negocios que lo convirtió en un respetado lanista, Titus compró a un chico indomable e hizo de él un hombre de honor. Eso es lo que había perdido de vista el Doctore. O tal vez lo que lo martirizaba por no haber podido detener la rebelión de Spartacus y, por tanto, no haber salvado la herencia del viejo Batiatus. La cuestión es que Oenomaus estaba vacío y ahora, gracias a la estelar aparición del segundo personaje que más echábamos de menos (el primero es Gannicus), vuelve a tener sentido su existencia. No es lo que esperábamos, yo fui el primero que pronostiqué que se uniría a los rebeldes, pero así es mucho más interesante. Cuando todo estaba perdido para él, y hablo literalmente, ya que un hacha bajaba en dirección a su cabeza, ha aparecido el añorado Ashur, un tipo que ha nacido con el don del oportunismo y con un desarrolladísimo olfato para salir bien parado de cualquier asunto, sea cual sea su gravedad. El sirio no sólo le ha salvado la vida a Oenomaus, sino que lo ha entregado a la domina, a la que había visitado horas antes. Un plan perfecto que ha acabado con una fantástica seña de Lucretia, que está mucho menos loca de lo que aparenta su mirada.

No sé si la parafernalia de la cabra y esa renacida fe en Dios forman parte del plan de la domina, pero al menos sabemos que tiene un plan. Y ahora, de su parte, también están Ashur y posiblemente el Doctore, que verá en ella esa figura dominadora a la que servir que representa a la casa de Batiatus. O sea, todo se parece un poco más a la primera temporada, sólo que con la dramática ausencia de Batiatus, cuya sombra no logran cubrir ni entre Ilythia, el retoño que lleva dentro (es de Spartacus fijo) y su odioso marido. Tampoco los nuevos (Seppius, Seppia) parecen ser tan genialmente malos como Quintus, así que la serie sigue a la espera de un gran villano. ¿Tándem Lucretia-Ashur? Sugerente. Y más ahora que tienen de su parte a Oenomaus. El Doctore, como decía, ha caído en la parte fea del tablero y sólo veo a un personaje capaz de hacerle cambiar de bando: Gannicus. La épica historia del gran gladiador, narrada en Gods of the Arena, debe tener continuidad en esta segunda temporada. Lo echamos de menos.

Hablando de gladiadores, los hombres de Spartacus han emprendido la ruta hacia el sur siguiendo el rastro de Naevia, pero también honrando al sentido común. No había paz para los malvados en Capua, donde el peligro acechaba en cada esquina. Así que la tranquilidad que les proporciona el sur les servirá para planificar los ataques y hacer daño de verdad a los romanos. En esa travesía, la primera parada nos ha dejado en casa de un Dominus local que ha confirmado que la perversión iba de la mano del poder, también hace dos mil años. No hay apenas diferencias entre Batiatus y el Dominus que ha caído esta semana, más allá de que Quintus utilizaba a mujeres para darle placer al principio de cada acto sexual y este señor tira de hombres al final de cada sesión. Este 2×02 vuelve a poner de manifiesto las enoooo[…]ooormes diferencias entre los romanos ricos y los romanos pobres: mientras unos se matan a hachazos en un foso, otros montan orgías en casa con sus esclavos.

Uno de esos esclavos, Tiberius, ha sido protagonista de A Place in this World, un título que posiblemente también se refería a él. Tiberius le ha planteado a Spartacus una cuestión nueva en esa lucha por liberar a los esclavos: ¿qué pasa si no quiero cambiar de vida? Este razonamiento conecta en cierta forma con la situación de Oenomaus, que ha llegado a poner su vida en juego por la ausencia de una figura de poder que guiara sus pasos. Tiberius no quiere ser libre o, mejor dicho, no sabe que quiere ser libre. Por eso, cuando Spartacus y Crixus le han dado un arma para que empezara su entrenamiento, se ha girado contra ellos. Ahí ha entrado Spartacus, que como dije la semana pasada tiene una visión mucho más romántica de la situación que sus compañeros de armas, para intentar reconducir al chico. Y lo ha logrado. Ese proceso de transformación ha sido demasiado acelerado, pero el mensaje se ha captado: Spartacus está captando personal para la causa. Y no piensa hacerlo poniéndoles una espada en el cuello, sino a través del diálogo. Tiberius lo ha entendido. Y creo que Chadara también, a pesar de que sus palabras han retumbado en el alma de Mira, que se habrá cuestionado si es algo más que una esclava sexual con ciertos privilegios para Spartacus. Yo creo que no lo es, que es mucho más que la consejera sentimental del líder y que su figura irá creciendo dentro del grupo. Será esencial para que no se conviertan en una panda de salvajes.

En definitiva, otro buen episodio de Spartacus, que sigue buscando su sitio en una segunda temporada en la que han cambiado muchas cosas respecto a la anterior. No hay villano, no hay ludus, no hay estadio y no hay gladiadores (ahora son sublevados), pero sí hay una gran historia que contar. Y poco a poco nos vamos adentrando en ella…

Nota del autor
3.5
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48 comentarios

  1. […] a su enemigo (que por cierto es el luchador profesional de MMA Todd Duffee) en una pelea ilegal, al más puro estilo Oenonmaus en Spartacus, que concluye con el anuncio de la vuelta a casa del pequeñín. Más problemas para Lucas. Más […]

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