Review Sons of Anarchy: Toad’s Wild Ride

La caída de llena aún no tocó suelo

Cuando uno ve pistolas espera sangre. Cuando ve persecuciones de motos y furgonetas, espera sangre. Cuando se lanzan puños con furia, se espera sangre. Sin embargo, a bote pronto, es difícil pensar ver líquido rojo derramado en otras circunstancias dentro de Sons of Anarchy. Pero puede pasar. Al fin y al cabo, esto no es una sitcom. Ni queremos que lo sea. Aquí se viene a traficar con armas, a sobornar, a levantar prostíbulos y a sobrevivir y cuidar de tu familia. Que al final todo se reduce a eso, para lo bueno y para lo malo. Sin embargo, hay quien no lo ha hecho tan bien en este sentido. ¿A que sí?

    Título: Toad’s Wild Ride
    Fecha de emisión: 23 de octubre

Un Nómada recibe un tortazo, un Nómada que se sienta a charlar con su agresor al minuto siguiente como si nada hubiera pasado. Lo más cercano al servicio militar. Entiendo que el director cuenta con que, para el espectador, ha pasado una semana pero hubiera estado bien al menos una mueca de furia. En cualquier caso, casi mejor para él porque para lo que se le viene encima…

Pero vayamos a lo trascendente. Al fin conocemos los detalles del tejemaneje de Clay con los Nómadas. En realidad es bastante lógico conociendo al antiguo dueño del martillo: desprestigiar a SAMCRO para que la mesa le apoye y vuelva a ser Presidente. Todo ello con la incondicional de los Nómadas a cambio de dinero, armas y demás milongas. El asesinato de la mujer del policía cambió el rumbo de todo.

Mientras tanto, pasa lo que tenía que pasar. Jax y Unser hablan y atan cabos que ya estaban medio atados. Empieza a ser bastante obvio que quien está detrás de todo es Clay. Pero, antes de actuar, hay que conseguir pruebas, por lo que intentan hacer un marcaje al hombre a los Nómadas. Sin embargo, no es lo suficientemente estrecho, al menos por ahora. Clay, viendo que el Titanic se hundía, hace la estrategia del capitán cobarde que huye en el primer bote. Pero, como no puede permitir que ningún potencial delator sobreviva, manda a sus lacayos a una muerte segura al pedirles que asesinen a Unser y traicionarles vilmente en el intento.

Lo que pasa en la caravana, se queda en la caravana

En la caravana del viejo ex policía ha ocurrido lo mejor del capítulo, tanto en intensidad como en dramatización. Se podía pensar en algún momento que íbamos a tener un duelo de pistolas entre Clay y Unser. Cualquier otro personaje, en la situación de Clay, lo habría hecho. Pero su estupendo maquiavelismo le hace ver más allá de la siguiente jugada. Ese asesinato habría sido demasiado descarado como para no delatarse ante el Club. Es mejor que paguen el pato los peleles. En cualquier caso, esto no acaba aquí, Frankie aún anda suelto. En lo que a Unser respecta, se le queda al final la misma cara que a un árbitro que pita penalty pero con la sensación de que le han engañado. En el fondo, sabe que algo no cuadra y seguirá buscándolo.

Jax desea un cara a cara con “el hombre enfermo”, como él mismo le llama. Lo lógica, la experiencia y el conocer la forma de pensar de su padre hacen que sepa que él está implicado en los allanamientos de alguna manera. Clay, no le queda otra, lo niega y señala a Pope. A esto, su hijo le invita a que le pregunten a Frankie, el único Nómada sin plomo en la sangre. En esa conversación se eleva el listón del capítulo. El amor paterno filial que se profesan mutuamente, queda patente en los fantásticos primeros planos de las armas sobre la mesa. Sutter, maestro del engaño, una vez más nos hace creer algo que no va a pasar. Menos mal que ya le conocemos.

Planazo de Sutter

Ocurre, sin embargo, algo que a priori no cuadra. Si Clay está detrás de todo y Pope, dentro de su hijoputismo, es honesto, ¿por qué ataca un negro a Jax y a Chibs? Parece un contrasentido que, el maestro de todo lo malo (Pope), se apresure ahora a eliminar a alguien que le está dando beneficios. Aún pudiendo equivocarme, descartaría esta opción. Me parece que tiene más visos de realidad que Clay tuviera un plan B por si pasara lo que ha pasado y hubiera contratado a dos negros cualesquiera para quitarse de en medio al Presidente y, de paso, hacer ver que han sido los Niners. Con ello, se ganaría a la mesa y, probablemente, podría volver a ser, de nuevo, el dueño del martillo. Veremos.

Esta vez, un negro aparece tras la máscara

Tara, por su parte, prosigue con su misión particular: la evangelización de Otto. Sabe que lo tiene difícil, por lo que se le ocurre la idea de buscar elementos que ayuden a suavizar su actitud hacia el Club. Para ello, pide ayuda a la antigua mejor amiga de la mujer de Otto, Gemma, quien le recomienda que le lleve un azulado bote de perfume. Estamos seguros de que pronto aparecerá físicamente ese elixir pero lo que no tenemos tan claro es que estas Navidades lo vendan en las estanterías de El Corte Inglés, al menos a tenor de cómo lo describe Gemma.

La enésima travesura de catre de nuestra old lady preferida le trae arrepentimiento y, lo que es peor, el robo de sus pertenencias y su coche. Un Casanova cualquiera consigue engañar a la otrora reina del mambo. Ojalá que la vergüenza que ha tenido que pasar ante su hijo y Nero hubiera sido el punto de inflexión que necesitaba para enderezar el rumbo.

Esperemos que Sutter deje de maltratar al personaje de Gemma porque, si bien es cierto que es lógico que descarrile por todo lo que le ha sucedido, ella es una persona que siempre se ha caracterizado por ser muy fuerte desde un punto de vista emocional. Empiezan a ser demasiado redundantes sus pifias. Ésta última termina con la persecución motera de rigor y con el bonus track de la paliza de Nero, que al fin muestra algo de lo que se le presupone como ex gángster y propietario de un local de alterne.

Y la sangre apareció en el osito

Por si todo lo que estamos soportando los fans de Gemma no fuera suficiente, el director nos castiga con ese final. La abuelita va a recoger a los nietos para cuidarlos mientras Jax y Tara planean disfrutar un agradable estancia en la cabaña. Pero está claro que no puede pasar una escena sin que esta mujer sufra una humillación verbal, una paliza o, como ahora, se convierta en la peor abuela de la historia al salirse de la carretera con su coche y provocar lo que bien podría ser la muerte del hijo de Jax. Se vaya el niño a jugar con los angelitos o no, los truenos están garantizados. Sobre todo porque da la impresión de que no ha sido un simple despiste, sino más bien producto de haber fumado algo más fuerte de lo normal. Me uniré al primero que convoque una manifestación para pedirle a Sutter que aguante algún episodio sin castigarla por todos sus pecados pasados y presentes.

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