Review Sons of Anarchy: Orca Shrugged

Venus la lía

Capítulo a capítulo, nos vamos introduciendo más y más en la mente de Kurt Sutter. Al menos creo que estamos encontrando unos elementos que suelen ser relativamente comunes. Así, suele haber dos constantes que se repiten para calmar la sed de dos tipos de espectadores concretos: el monólogo interior para los más sensibles y la escena de acción para los más necesitados de adrenalina audiovisual. Con esto y una genialidad en forma de secuencia loca –para más señas, mirar la foto- nos hemos ventilado el quinto capítulo de la quinta temporada.

Jax escribiendo sus cartas

Dos constantes. La primera de ellas se canaliza a través de las cartas que Jax, al modo JT, está escribiendo para sus hijos. Suelen ser pensamientos, reflexiones escritas con la esperanza de que sus vástagos no cometan los mismos errores que él. El de hoy giraba en torno al odio y sus consecuencias. Se podría resumir en un “por muchas ganas de degollar cuellos que te entren cuando ves cómo asesinan delante tuya a tu mejor amigo, vete a casa y ponte a jugar al Mortal Kombat”. Dudo mucho que Jax se aplique el cuento a sí mismo. Si así fuera, significaría que nos van a privar de la venganza contra el policía corrupto y Pope. ¿Alguien da un duro por esto? Yo no, desde luego.

La peleíta

La otra de las constantes que suele repetirse, decíamos, es una escena de acción. Si la semana pasada alabábamos la persecución por lo bien construida que estaba, en esta ocasión, es demasiado evidente lo forzada que ha estado la pelea entre el irlandés traficante y nuestro presidente. Mientras la veía, me estaba imaginando a Sutter y su equipo de guionistas pensando cómo carajo meter una escena movidita en este capítulo tan pausado. Y les ha quedado más cogida con alfileres que mis calzones del Betis en la terraza de mi piso. Uno reconoce una escena de relleno cuando se imagina la serie sin ella y no pasa absolutamente nada. Haced la prueba.

El señor Alcalde

Pero dejemos los detalles y centrémonos en lo importante, que para los Sons a día de hoy es sacar pasta. Diversificar, como decíamos en la anterior review. Hay que darle cobijo a Nero para que haga lo que mejor sabe hacer, ejercer de proxeneta. Para ello, lo primero es conseguir un lugar apartado y discreto, una antigua colonia de autopista llamada Old Fokes, que en este caso tiene como propietario a Mr. Mayor, el señor Alcalde. El que en su día fue uno de los principales enemigos necesita sacar adelante su proyecto de Charming Heights. Jax, por su parte, precisa del alquiler de esa propiedad. Sólo eso basta para que, de pronto, ambos se ayuden. Me ha resultado muy forzado esto. Si no recuerdo mal, en su momento los Sons hicieron ímprobos esfuerzos para impedir que el proyecto se hiciera por el bien del pueblo. Ha bastado pasar un poco de hambre para que la necesidad acucie y se manden los principios a tomar viento fresco. Digo yo, ¿en serio no había nada más en alquiler por allí?

En fin, que el uno necesita del otro y el otro del uno. La extorsión levanta su orejita. ¿Alguien dudaba que la oferta de Jax iba a funcionar? Lo incongruente habría sido lo contrario. Es más, ya había sorprendido el arrebato de legalidad del señor Alcalde en primera instancia (más para no verse salpicado de la mala prensa de los Sons, todo hay que decirlo). Si había alguien susceptible de ser corrompido era precisamente el único más corrupto que el antiguo amor de Isabel Pantoja.

Adoramos a Tig

Ahora bien, me inclino ante la forma de conseguir lo necesario para contentar al Alcalde. Había que chantajear a uno de los votantes en la mesa que decidirá si el proyecto de Charming Heighst se hace o no. Eligen a un guloso y corpulento caballero. Le duermen y le hacen glamorosas fotografías con la ayuda de un cameo de bandera de Walton Goggins (glorioso ex The Shield y actual magnífico Boyd Crowder en Justified). La mejor Venus que he visto en mi vida. Todo esto se hace más grande aún porque tenemos a Tig. Pocos actores saben poner una cara libidinosa como la suya. El “Really?”de Juicy y el gesto posterior de Tig valen por todo el capítulo. Para terminar con una secuencia tan surrealista como maravillosa, nos deja Sutter de postre la mordida de culo a nuestro salido favorito. Es ahí cuando Tig se pregunta, ¿por qué estas cosas siempre me pasan a mí? Desde aquí le damos la respuesta: porque eso es lo que te hace grande como personaje.

Arreglando el culo de Tig

Es este hecho aparentemente fortuito lo que le vale a Kurt Sutter para enseñarnos que el brazo de Tara está algo mejor pero no lo suficientemente bien como para plantearse volver a operar. Lo primero es coser el culo de Tig; ya pensaremos en cosas mayores. One step alter another, como dicen por allí.

El magullado brazo de Tara

Jax, por su parte, quiere aliviarse los hombros de la presión que tiene encima. Lo último que necesita son más sillas vacías por las consecuencias del negocio de la coca. Es por ello que decide, en cónclave, contarle a sus hermanos sobre el naciente negocio que va a montar con Nero Padilla. Clay, sorprendentemente, ofrece que se vote ahora la entrada o no del Club en el negocio y no esperar a ver qué tal va. ¿Por qué? Quizá para tener cerca a su enemigo. Y ya de paso a Gemma. O quizá porque intuía que Jax forzaría a Nero a que dejara de tontear con su madre.

Eso es tensión sexual y, lo demás, tontería

El triángulo amoroso con Jax como árbitro tiene aún mucho recorrido. Gemma se entera por fin de por qué no le devuelve Nero las llamadas. Le duele. Le duele pero entiende los motivos: ella no está en el alto de las prioridades de Nero, los hijos van primero. El negocio que le ofrece Jax es irrechazable si quiere asegurarse un futuro para su descendencia. Haciendo un paréntesis, me gustaría destacar lo grandes actores que son Nero y Gemma. Interpretan como pocos lo que ahora han dado en llamar la “química sexual contenida”.

La escena anterior inevitablemente iba a conducir a una conversación entre Gemma y Jax sobre su trato con Nero. Aunque todos sabíamos que la old lady no está ahora precisamente en una posición de fuerza en casi ningún frente. Tenía las de perder. O más bien las de resignarse. Para colmo, se lleva la reprimenda de su hijo con respecto al asesinato de JT. Pero, como reflexionó Jax al principio del capítulo y como Gemma dice, “You can´t hate me”. Aún así, entre eso y que fastidie el negocio del Club por amor, hay un trecho muy grande. Por ahora, ajo y agua, Gemma.

Donde sí mejora el personaje de nuestra querida Katey Sagal es en estrechar sus lazos familiares con Tara y, ya de paso, con sus nietos. Tregua en la lucha libre femenina. A ver cuántos capítulos dura.

Nuestro policía favorito se fija en las uñas de su malherida mujer

Lo peor de la semana es la manera en la que Sutter prepara el cabreo de nuestro bonachón policía hacia los allanamientos. Por mucho que el director quiera, una escena no basta para presentar a un personaje y que no resulte demasiado evidente que lo vas a utilizar de mala manera en la siguiente para matarle (o medio matarle) y provocar las ansias de venganza del marido y, estamos seguros, de toda la comisaría. El plumero se ve tanto que da algo de vergüenza ajena.

El dedo de Jax y la (no) teta de la prostituta

El capítulo muere con el pulgar, la teta y el dedo de Jax haciendo algo que todos habríamos hecho. Me quedo con la sensación de que hemos visto un episodio de transición con algunos fragmentos de relleno. Pero no todo en la vida es memorable, con lo que le damos el aprobado raspado mientras nos ofrezcan benditas locuras como el desmadre de Tig y su trasero arreglado en plan Ecce Homo.

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