Review Sons of Anarchy: Darthy

Perdiendo tinta

Recuerda un poco a esa clásica escena de película en que un hombre se sube a un suelo de madera en medio de una plaza pública. En esa escena habría una cuerda atada que cuelga en forma de horca y una tablilla que se abre bajo los pies. Nada de eso aparece aquí, sólo la vergüenza, el escarnio público y el intento de sobrellevar el trance con la mínima dignidad que aún le quede. Clay está perdido en SAMCRO, como lo está la tinta de su cuerpo. Ha muerto para el Club y lo sabe, por eso sólo se ha permitido un minuto de lamento. Al instante, ya tiene cómo salir adelante. Porque eso hacen los supervivientes y él, sin duda, lo es. Lo que no sabemos es qué será de nosotros porque Sutter nos ha dado un capítulo 5×12 que no ha resuelto casi nada, dejándolo todo para la season final. Mientras llega, hablemos de la penúltima ración de Sons of Anarchy.

    Título: Darthy
    Fecha de emisión: 27 de noviembre

La M de Thomas está doblada. Estoy convencido de que este detalle es mera ornamentación y no quiere decir nada más allá. SOA no es una serie esencialmente poética, por lo que confío en que no encierre un significado oculta ni una pista del futuro que le espera a este chico En serio, Sutter, ni se te ocurra construirle al pobre bebé la misma vida divertida que al mayor. Nos gustaría que, al menos uno, no le salga a Jax traumatizado antes de llegar siquiera a la pubertad.

La M de la discordia

Empieza el capítulo con una de las adorables cartas que Jax le deja a sus vástagos y que gusta de compartir con los telespectadores. En ella, acaba diciendo que hoy se va a comportar como su padre, JT, querría que lo hiciera. La frase final es rotunda, efectista, como de darse un golpe en el pecho: “Haré que os sintáis orgullosos”. Ajá. Si os parece bien, volveremos a esto al final de la review.

Pero dejamos la pelota, en el capítulo anterior, en posesión de Bobby y a punto de marcar un gol en propia puerta. Y lo hace, pero con todo el sentido el mundo. Por mucho que pueda atentar contra lo que desearían nuestras entrañas, la muerte de Clay, esta vez se ha salvado con un giro de guión más o menos lógico. Bobby tenía que elegir entre serle fiel a su Presidente o ser fiel a sus creencias e impedir que el rubio hiciera algo de lo que, según él, se arrepentiría luego. El VP actúa en consecuencia a lo que piensa. No es que sea pacifista, ni mucho menos, es que es un jugador a largo plazo, como ya ha demostrado en anteriores ocasiones. Podríamos llamarle Bobby Fischer porque siempre intenta ver varias jugadas más allá. Sabía que Jax ansiaba venganza pero pensaba que eso no sería lo más sensato para él y para el Club. Por eso pactó con Clay. Eso sí, su mirada perdida en la votación definitiva alcanza más distancia que la nunca podría haber tenido Legolas. Y no digamos el alivio de Juice.

Bobby, sufriendo.

Clay. Qué maravilloso actor es. O más bien, metaactor. Me explico. En esta temporada no ha pasado un capítulo sin que se merezca un Óscar. No sólo por lo bien que interpreta su personaje en la serie, sino por el papelón tan espectacular que hace ante los demás. Hoy tocaba justificarse delante de la mesa para, una vez, salvar el culo, que no la tinta de su espalda y de sus brazos. Confiesa sus pecados, que ya son indefendibles, pero dice que la principal razón por la que la lió fue “porque pensaba que Jax no estaba preparado para liderar”. Sublime. El único momento en que no tiene que actuar es cuando está solo. Si antes le daba por beber y ya nos preocupaba, verle llorar con esa impotencia después de todo por lo que ha pasado es descorazonador. Es como ver llorar a un orco. Sin duda que ese llanto no es por el dolor físico, ni siquiera por el desprecio de su hijastro, sino por reconocerse incapaz de conseguir de nuevo el mazo y por sentir que la máxima humillación ha caído sobre él ante sus ex correligionarios de SAMCRO.

Clay, llorando a moco tendido

Tara, por su parte, continúa con el proceso lógico que deberá pasar por llevar cándidamente un crucifijo asesino a Otto. Parece estar haciéndolo bastante bien, por ahora. Eso sí, con la inestimable (y no barata) ayuda de la abogaba aguantagritos. Al contrario que Jax, que pronto da la primera señal de “haber perdido el Norte”, como le dice Bobby. Porque en otras condiciones, ¿alguien se habría imaginado que nuestro rubio iría a pedirle consejo a Pope sobre qué haría con Clay? ¿En qué momento Pope ha pasado a ser el mejor de los consejeros? Resulta, como mínimo, sorprendente que nuestro Presidente acuda como un alumno con sus libros a la tutoría del profesor Pope. No hay duda de que el consejo es bastante sabio desde un punto de vista práctico pero, ¿es así como Jax dice que quiere honrar a JT?

Lo peor del capítulo, Hamas. En uno de esos maravillosos giros de guión que Sutter se saca de la manga mientras ve Telecinco, resulta que, de pronto, los orientales no pueden cumplir con la periodicidad prometida en el envío de armas y, por culpa de la banda terrorista palestina Hamas, van a tardar entre dos y tres meses en establecer una ruta de salida relativamente segura. Ya. Como dicen por el Sur de España, “siempre tiene que haber un niño chico al que echarle las culpas”. Lo interesante habría sido que dicho niño chico hubiera aparecido antes. Esto ha recordado terriblemente a la fugaz aparición de la mujer del policía. Da la impresión de que el guión se improvisa en función del camino al que Sutter quiera llegar y eso le resta bastante a la serie.

Wendy, esa mujer que de pronto se nos presenta como totalmente rehabilitada y casi modelo de madre a seguir (aunque, visto lo visto, no parece que tenga demasiada competencia), ha sido probablemente la peor parada del episodio. Del mismo modo en que a un niño se le acerca un caramelo y se niega cuando lo va a coger, a la ex de Jax, Tara le ofrece la posibilidad de ser la “madre suplente” en caso de que algo malo les ocurra a los progenitores. Muy loable por parte de Tara pero, una vez más, imprudente. No es que tenga la culpa de que fuera secuestrada por los irlandeses como método de presión, pero no parece que ésta sea una decisión que una old lady debiera tomar sin consultar con su marido.

Afortunadamente, Wendy sale del secuestro sana y salva. Desafortunadamente, también sale sabiendo más de lo que debiera porque los irlandeses, en una amigable charla con pastas y té que Sutter nos ha privado de ver, le cuentan durante el secuestro todo lo que le sucedió a Abel, con pelos y señales. Es lo que se suele hacer en estos casos, ¿no? En fin, que esto provoca en Wendy un lógico enfado ante el tipo de bienestar que le están dando a su hijo biológico. Ese cargarse de razones, ese venirse arriba y amenazar con intentar quitarles la custodia, es cuanto menos insensato sabiendo ya cómo se las gasta Jax. O quizá no lo sabía, quizá no podía haber pensado nunca hasta dónde llegaría el rubio para conservar lo que es suyo. Ese extremo tan repugnante al que recurre al final del episodio, es tan comprensible desde la actual lógica de Jax como incongruente con respecto a lo que nos dijo al comienzo. Y aquí es donde volvemos a la carta a su hijo. ¿Se refería a esto con lo de “haré que os sintáis orgullosos de mí?”.

Jax torturando a Wendy

Romeo, por esta vez, ha sido un auténtico imprudente. No confió en que Jax pudiera solventarlo todo sin Clay y, para una vez que se estaba entendiendo con Gaalan, el clan CIA la LÍA. Esto trae como principal resultado entrar en guerra con los irlandeses, lo que complica toda la situación, ya que se promete batalla contra los Sons en ambos continentes.

Nero empieza notar el estrés del pluriempleado. Menos mal que el prostíbulo va como la seda. Por cierto, se ve que había demanda en el lugar. Ha sido abrir y llenarse. No ha hecho falta ni siquiera una ligera campaña de Marketing directo o de redes sociales. El problema para el proxeneta y de nuevo líder de una banda criminal, es que las bandas rivales empiezan a ganarle terreno al no poner armas en la calle. Es por eso por lo que firma un trato con Jax: músculo y pistolas a cambio de un dinero que el Presidente necesita para calmar las cosas con su lado del ring. Otra alianza más entre los dos. Veremos hasta qué punto es provechosa.

Un misterio que se desvela. Lee Toric se llama el último atizador de Otto. Efectivamente, ha imperado la lógica y es hermano de la difunda enfermera asesinada. Lo primero que se le ha ocurrido tras soltar la porra ha sido ir a hacerle una visita a la doctora Tara. Lo que no sabíamos pero que sí intuíamos es que este civil es ex Marshall, ya retirado. De ahí que tuviera ciertos privilegios en la cárcel. Lo malo es que sabe toda la verdad. Lo peor es que sigue muy enfadado y, al estar en paro, tiene mucho tiempo libre. Le han puesto a pelear con otro retirado de postín, Unser. Se presenta una linda lucha. Aunque desigual si la juzgamos por la cantidad de armas que tiene cada uno.

Y otro misterio que aparece. Una vez Jax le ha dado a Tig la carta de libertad, ¿tomará en cuenta el empleo que Clay le ofrece en su nueva banda que quiere montar? La cara que pone nos lleva a pensar que sí, aunque habrá que verlo. Lo que es más inquietante, ¿qué hará Pope cuando vea que se ha escapado? El caso es que Clay quiere seguir con los negocios familiares una vez que Jax los suelte. Y para ello piensa irse a Irlanda a esperar que las cosas se calmen. Es más, pretende llevarse a Gemma. Ésta podría ser la excusa perfecta para que Sutter deje de pagar un sueldo buena parte de la próxima temporada. Esperemos que esté equivocado porque no podemos permitirnos perder un actor así. A no ser que lo hagamos mientras muere, claro.

De lo que sí podemos despedirnos definitivamente es del Clay de SAMCRO. La escena en la que pierde la tinta de sus tatuajes es escalofriante y bellísima a la vez. Representa el colmo de la humillación para un hombre que, días antes, habría matado por ellos. Lo brutal es cómo se recupera tan rápidamente de eso. Es probable que sea verdad lo que le dice a Gemma de que se ha dado cuenta de que lo único importante es ella y no el Club. Sin embargo, en él, el amor desinteresado cuesta creerlo.

Clay levantando la cabeza

Acaba el capítulo con la sensación de que ha tenido el ritmo de uno de media temporada. Algo que no sería malo si no estuviéramos hablando de SOA. Queda sólo uno y, sin duda, todo por decidir. Estamos a punto de cerrar la puerta de la temporada pero antes de irnos hay que ordenar la habitación.

Nota del autor
3,5
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