Review Smash: Chemistry

Vamos ya casi por la mitad de la primera temporada y la cosa no decae. Sí que es cierto que se vuelve un poco más previsible de lo que era en un principio, pero la verdad es que yo sigo disfrutando cada capítulo como el primero, y los espero con más ganas que los de muchas otras series (que no son pocas las que sigo…), y este capítulo, como todos los demás, ha tenido varias cosas interesantes, así que procedamos a analizarlas, aunque antes, me haré repetitiva como cada semana y a los que no la hayáis visto aún, os animo a ello.

Supongo que a estas alturas ya os habréis dado cuenta que siempre estoy admitiendo y “confesando” cosas, pues bien, hoy también debo hacerlo, y lo hago diciendo que esta semana Ivy me ha dado bastante pena. Siendo una serie musical, tarde o temprano iban a recurrir al dolor de garganta o a los resfriados, y en este caso Ivy ha sido la afectada. Ya sabemos que ella siente mucha devoción por el musical, y más de una vez ha demostrado que sería capaz de hacer muchas cosas por él, y en esta ocasión hasta se ha “drogado” para volver a recuperar su voz cuánto antes. Aunque creo que más por devoción al musical, lo ha hecho por la amenaza que le supone Karen, pues sabe que si le ocurre algo, ella será la primera sustituta a la que recurran, y obviamente, no le resulta agradable la idea. Aunque Ivy nos quiera dar la imagen de chica dura, por dentro parece incluso más sensible que el resto de personajes, y entre una cosa y otra, con la ayuda de las pastillas, ha dicho muchas de las cosas que se callaba. A Derek, por ejemplo, a quién tampoco hemos visto preocuparse mucho por Ivy, si no por su voz.

En este último capítulo nos han enseñado que pueden romper la cuarta pared. Y lo han hecho con Ivy en su habitación cantándonos Who you are de Jesse J., que por cierto me ha gustado mucho, y de nuevo Ivy nos ha vuelto a demostrar que tiene un vozarrón con el que puede conseguir todo lo que se proponga.

Por otro lado, hemos visto un pequeño reencuentro con Karen y sus nuevos tres amigos, a los que dejamos atrás en The cost of art, para darse cuenta de que la pobre no es que tenga precisamente unos ingresos monetarios muy grandes. Así que una de ellas (porque en realidad es como si fueran tres amigas, en lugar de dos), le ha ofrecido una actuación en un Bar mitzvah (un rito judío, como una especie de puesta de largo), que originalmente era de Ivy, así que era de suponer que si ésta última se enteraba, mucha gracia no le iba a hacer, y evidentemente, así ha sido.

Otra cosa que admito es que no me ha gustado mucho Karen en la fiesta. Que sí, que estaba muy bonica con su vestidito corto y tal, pero no me ha convencido mucho, pues si le hace tanta falta el dinero, nena, cúrratelo un poco, no estés cada dos por tres mirando el móvil (por muy importante que sea), dale un poco de alegría a la cosa, hombre, que son 500$, ¡ojalá me los dieran a mí! Así que demostrando que no sabía las canciones típicas de estas fiestas, ha optado por cantar Shake it out de Florence + The machine. Pero va, que la ha cantado bien, no le quitemos mérito.

Y evidenciando mi teoría de que tampoco demuestra que le importen mucho los 500$, al finalizar la actuación, mientras comía los restos de la fiesta con los demás miembros de la orquesta (que tenían una voz muy femenina haciendo los coros…), un hombre ha aparecido de la nada, para darle, en lugar del dinero, la tarjeta de un tal Bobby Raskin, quién aparentemente es uno de los grandes en el mundo de la música (o musicales) y quiere encontrarse con ella. ¿Qué le ofrecerá? ¿Grabar un disco? ¿Participar en otro musical? No creo que tarden mucho en desvelarlo.

No me olvido tampoco de Eileen, saliendo por bares baratos y jugando a las máquinas recreativas, preciosa estaba con esa escopeta. Ni de Tom me olvido, con su nuevo novio de madre dura de oído. Tengo muchas ganas de que Tom nos cante mucho más rato, no que sólo improvise en el piano con Leo, como en el capítulo pasado.

Nos acercamos a lo que más chicha tiene y que era evidente a más no poder: el rollo de Julia con Michael. Primero vimos a una Julia arrepentida y temerosa por lo que había ocurrido debajo de la ventana de su hijo en el capítulo anterior, mientras que Michael ya iba decidido des del principio, la tenía en el bote y lo sabía, sólo era necesario insistir y esperar un poco más, porque caer, caería. Aunque la familia de Julia, Frank y Leo, no hayan tenido mucho protagonismo hasta ahora, y tampoco nos dejasen sentir mucha simpatía por ellos al no mostrarlos casi nada en pantalla, reconozco que me dan pena, al igual que la mujer y el hijo de Michael, a los que ya no hemos vuelto a ver más… Ahora la pregunta es ¿estos encuentros se van a repetir? A lo mejor era algo que tanto Julia como Michael necesitaban que ocurriera, para saciarse mutuamente y zanjar el tema, pero puede que esté siendo demasiado bien pensada y se lo sigan montando en el sofá negro durante lo que nos queda de temporada, porque a la mañana siguiente del “suceso” sus caras mostraban más felicidad que arrepentimiento. Y así nos lo han demostrado mientras Michael e Ivy, con la voz recuperada, nos cantaban de nuevo la bonita canción original History is made at night, dónde hemos podido ver claramente las miradas que se echaban Julia y Michael, quién parecía estándole cantando la canción a su nueva amante y no a Ivy.

No sé vosotros, pero yo echo de menos las actuaciones imaginarias y la cantidad de canciones que había en los primero capítulos, pero no quiere decir que cantidad signifique calidad, así que mejor poco y bueno que no mucho y malo. Y con esto, esperaremos al siguiente capítulo: The workshop. Nos leemos por aquí abajo.

Nota del autor
4
Vuestra nota
Review Smash: Chemistry
Valoración

Categorías: Reviews Smash Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »