Review Skins: Mini

Review Skins: Mini

Cuánto entristece ver que más allá del huracán de pote, en el fondo de los azucarados recortes pegados a la pared y en la elección de un caritativo desfile de moda estudiantil, la historia oculta de la rubia más preciosa del Roundview es tan trágica que trae la compasión, la pena y todo lo demás a colador. Y no hay ni muerte ni enfermedad, sólo inseguridad y una coraza férrea que da asco. Es sólo mi opinión, neutralizada continuamente, pero con todo esto y las brillantes escenas que se marca, Mini me parece el mejor capítulo de la temporada (siendo todos sobresalientes). Tony y Cook son solo recuerdos de otra época, pues la tercera generación tiene huella propia y una potencia a la que cuesta seguir el ritmo. Pasemos a hablar a la rubita, entonces.

En el 5×03, la siempre impecable fotografía de la que debe presumir la serie vuelve a cegar. El cielo de Bristol, sus nubes, los colores, el brillo en los ojos y las tonalidades que cambian según el personaje son drogas para el espectador, de las que te dejan insano durante horas: una vez más. Es que es todo tan maravilloso que dan ganas de coger la ruta dirección Inglaterra bucólica vía Stargate.

La música, que la semana anterior era estruendosa y se acoplaba a Rich como el agua de Bruce Lee a la tetera, es aquí también la compañera de viaje de Mini McGuinness, letras que no se hastían al incluir el 'love' y el 'you' a lo largo y ancho de ellas y que empiezan cantando una cosa y terminan, después de unos asombrosos cincuenta minutos uno arriba uno abajo, diciendo otra cosa distinta: otra vez más, la excelencia asombra sin amagar. Como anécdota para las mentes ociosas, diré que después de ver este capítulo me puse con el P.Y.T (Pretty Young Thing) de Anatomía de Grey, y ni diferencia. El apartado técnico era moco de pavo al lado de esta Skins, una diferencia tan abismal como la que se ve al comparar un producto norteamericano, mismamente, y el nuestro, el patrio, cualquier cosa que salga en Antena 3 o Telecinco.

El episodio de hoy gira entorno a una chica insegura, perdida, pequeñísima, pero por fuera descaradamente omnisciente y asquerosamente déspota. Mientras se centra en posponer como pueda su primera noche de sexo con Nick, un guaperas encantador e hijoputa como él solo, la paranoia de Mini aumenta de poco en poco cuando a él le ve más del tiempo deseado con la suelta de Liv, su mejor amiga, ahora la única, y a la que por cierto no termino de masticar (sí, es buena chica en el fondo, pero nada más). Ella lo único que quiere es organizar un desfile donde sobresalir con su noviete, hacer la catwalk, el moonwalk sólo si Nick ha fumado más de la cuenta, pero sabemos que no tienes que planear nada porque los planes suelen descender por la letrina dando tumbos y con el correspondiente chapoteo final. Quiere que él tenga ojos para ella sola y nadie más, está enamoradísima, como los peces al río, pero su futuro peligra cuando el miedo a perder la virginidad, el no saber cómo hacerlo la primera vez, le ataque y la deje desnuda ante lo desconocido.

Bollocks!Bollocks!

Descubrirnos que esta chica todavía no ha sido desflorada, que guarda su tensión y su espantosa falta de confianza en la obsesión por el cuerpo y su cruel cabreo con todos los demás es genial, lo que nos hace amar a este desprotegido personaje y mucho más si sabemos que esa madre que se sienta en la hamaca tiene la culpa de absolutamente todo. Su mirada final, la contención y luego la aceptación, lo patético que resulta verla volver a casa como una adolescente más. Devasta y enamora, es poético y desastroso, y nos recuerda a los paralelismos y las insinuaciones tan perfeccionadas del primer Skins.

Es que ya era raro que los tres padres que nos enseñaron Franky y Rich fuesen tan sufridos y buenazos, porque listos de ellos se reservaban el capullismo extremo para ese colofón que no deja lugar a dudas la mujer de la que salió la joven McGuiness, víctima del vótox y la frívola feminidad de la mujer vieja que quiere frecuentar el Stradivarius como las de quince años. Color rosa, aerobic y una suerte de glamour á la Gloria Swanson en el patio trasero son los pecados capitales de la madre que no quiere asumir que ahora tiene que criar a una hija y las responsabilidades a las que todos nuestros protagonistas de Skins se resisten como ley de vida. No es la primera peor madre del mundo reflejada aquí, pero es un ejemplo bestial.

Porque pese a que la realidad de Mini es caprichosa y cambiante, como ella misma lo es genéticamente, en un principio pensamos de ella, apenados y siendo blancos, lo víctima de su siglo que es. Controla las calorías porque lo dice la Cosmopolitan, se autoproclama reina porque lo dice Gossip Girl, y es una controladora porque es rubia, guapa y sus amigas en principio no son más que secuaces, sidekicks que no tienen nada que hacer contra ella. Esta descripción general, a primera vista, de plano largo, se desmorona cuando vemos cómo finaliza su rutina en torno al minuto cinco y nos adentramos de verdad en su casa el día en que su vida entera se le va a la mierda. Pero más que las páginas de una revista y las incoherencias de guion de cualquier serie de The CW, su problema duerme (cuando lo hace) en la habitación de al lado. Drástico pero real.

Adónde vas, CenicientaAdónde vas, Cenicienta

No sé quién decía que veíamos muy poco de los demás en los capítulos anteriores, y otro replicaba que se debía a que la rarita y el metalhead son individuos solitarios y que eso no procedía, para nada; pero ahora llega Mini y otro punto resaltable es la relativa coralidad que ha habido, lo que siempre es de agradecer. Cada personaje ha tenido en el 5×03 su papel y lo desempeña. El sutil y muy misterioso Matty confunde con una simple mirada y eso es más que suficiente aunque queramos ver más. Rich y Gracie avanzan a pasitos de bebé, y son tan opuestos que son geniales. Alo, quizás no tan definido como otros, sigue provocando ternura y risa. Y Franky se ha vuelto a ganar el Cielo. Es la primera generación en la que no descartaría a ningún personaje (cómo te va con San Pedro, Freddie, y cómo llevas el cronómetro, Thomas) y la que no tiene un comienzo flojo. Y sabéis qué, buena señal.

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