Review Skins: Liv

Review Skins: Liv

Liv, una droga. Pero más que por su extraña pareja protagonista revolcándose en un insano colocón de desfase (herencia de la psicodelia autodestructiva de la pequeña Stonem), porque es un capítulo brillante. Buenísimo. Otro adjetivo, cortesía de WordReference, es elocuente. O vibrante; a la vez que Skins nos presenta a Oliv, caemos en su pequeño pozo personal y lejos del miserable dramatismo de su amiga, será Mini, la muy Mini, aquí la mierda se toma mucho mejor, con mucha filosofía, la de la casa, viviendo a tope un día cualquiera. “Robemos este día,” le dice a los ojazos de Matty, y la respuesta es afirmativa: empieza un nuevo día y nada más importa.

Así que, gente de la Micronesia, ¿cómo consigue ser el 5×04 algo más que un videoclip de los Arctic Monkeys? Tenemos a la juventud, bendita juventud, tenemos los planos detallistas y gente disfrazada de animales que corretea sin rumbo por las calles. Pero recordemos estos dos momentos: primero una burra que se mueve y rebota con el sol dándonos en la cara y luego dos hermanas que se miran con odio en una sala de cine vacía, pero nada de plantearse pillar y marcharse de allí. Entre estos dos planos, está el cuento de una chica y cómo camina mientras los muros se derrumban a su paso. Un viaje de autodestrucción y de autocompasión. Lo de siempre, vamos, pero con el enfoque que corresponde. Porque bien mirado, Skins es un procedimental donde la víctima de cada capítulo forma parte del reparto principal.

Liv se sustenta en travesuras y arrepentimiento, y de fondo música electrónica, indie psicótico de canciones de amor e imágenes distorsionadas. Una enorme plasticidad visual que viene a decir fuck a ti, las responsabilidades. Fuck a todo, qué demonios. Liv lleva a su hermana a un ciclo de películas de ciencia ficción y ya tiene un lastre fuera. Se harta de la estúpida frivolidad de su mejor amiga y ya tiene la excusa, la obvia, que no la única, para echar patas y coquetear con un desconocido, un no names no future, la tarde ideal del echado a perder.

Esta es la manera menos dañina de pedir disculpasEsta es la manera menos dañina de pedir disculpas

Esta chica puede no tener la figura escuálida de Effy, y tampoco su mirada, que por Dios, para eso se necesita un máster, pero las pecas y el desdén, y el follar en cualquier sitio, hacen de la protagonista del 5×04 otro retrato adolescente que asimismo se refleja en este nuevo fichaje, esa otra adorable mirada, pero uniceja y exótica: Matty, que no ha hecho más que embobarnos tras su primera aparición frente a la chica y la pistola (5×01) y ahora, cuando es el contrapunto masculino de la escapada teen and wasted del día, nos provoca un ictus en uno de los momentazos del capítulo: ¿qué haces aquí, hermano? Nick comparte sangre con Matty, y por mucho que ya se confabulara al respecto cuando fuimos conociendo los perfiles de la tercera generación, entre lo uno y lo otro (entre Franky y Rich, entre Mini y Liv, episodios que te engatusan y no te sueltan), es un movimiento de aplauso. En el lado fácil, el hasta ahora desconectado desconocido destodo de la miradita picarona ya tiene un enlace fuerte con los personajes centrales, y no sabemos cuánta caña puede dar esta hermandad tan jodida que se ve venir. Líos padre con el padre, encabronamientos serios.

¿Recuerdas cuando éramos amigas?¿Recuerdas cuando éramos amigas?

Esta chamusquina pone. De verdad, ahora que Grace demuestra que es un ente más que independiente, el polígono que forman la rubia y la morena y los dos hermanitos pastelito refresca más que un día de verano en el Egipto sin revueltas. Hace un par de añitos, al primer vistazo uno ya se había hartado de Cook y McLair en celo. Ahora mismo, y eso que me dan igual todos los triangulitos y otras clases de geometría, esto me gusta.

Hablemos ahora, si os apetece, de Mini. Decía la otra vez lo pena que daba la muchacha en su capítulo. Ahora la da más, y (no) cuesta creerlo porque la pena que da es para mal. Podemos escrutarla con la mirada mientras suena Sympathy for the Devil (pero cero simpatía por la débil capulla) y que eso no cambie las ganas de darle un par de sopapos. Nos da pena porque después de haberla conocido tan a fondo, ahí en la parte con goteras de su corazón a la izquierda, que se comporte de esa manera es cínico, hipócrita y palabras feas que les decimos a los falsos antes de repetirnos que debemos ser buenas personas y no hablar mal de los demás. Pero es que Mini es increíble. Y por eso la adoramos.

ValeVale

Con Liv, maravilloso, drogradicto capítulo, se traza la línea de ecuador para una quinta temporada para la que deberíamos, ahora mismo, volver la cabeza, por favor, y sopesar y valorar con los medios que tenemos. ¿Es tan buena que hay que tomársela en serio? ¿Es lo de siempre pero reciclado en un heavy, una asexual excepción o una guarra? Por mi parte no hay queja que valga. En temporadas anteriores había más de un capítulo que no me decía nada, que me aburría y que me decía: pero bueno, es Skins, algo tendrá. La reacción estaba afectada por ese extraño conformismo de televidente, pero con esta tanda Skins me quita lo que nos dejó caer más de una vez.

En este borrón y cuenta nueva, todos los personajes están dibujados con arte, amor y hormonas, todo episodio tiene su puntazo a favor y ninguno en contra, y venga, que esta generación lo vale y más. Ya dije que Olivia, la que ahora tiene una hermana a la que hace el desayuno sólo para decirse que es buena hermana y una madre que, como tantas otras, no ejerce de tal, lo mismo me daba y que, hace tres semanas, no tenía ningún boleto que indicara interés. Pero ha ido a ver a su hermana Bella a la cárcel, una delicuente, claro está, y al salir ha gritado. Porque no tiene nada bajo control. ¿Así, cómo no nos va a ganar?

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