Review Skins: Katie

Review Skins: Katie

Puedes echarte las capas de maquillaje que quieras, los pendientes más brillantes que encuentres en tu joyero o la ropa más impecable de tu armario, pero si tu mundo se tiene que desmoronar, va a caer en picado y tú no podrás hacer nada, ni convencerte siquiera de que todo va a salir bien. Skins nos vuelve a sorprender con un capítulo centrado en Katie, quizás el personaje más desdibujado de la temporada, a quien seguimos durante todo un día, un día en el que la perfección sólo está en las apariencias. Hablemos del 4×04.

Antes de nada, me sorprende muchísimo que Katie tenga un capítulo. La han ignorado durante toda la segunda generación, más aún en este último tramo, y uno piensa que no tiene nada que aportar. Dentro del conjunto general de la temporada, así puede parecer, y así puede que sea, pero era hora que nos gritase a la cara lo siguiente: “I’m Katie fucking Fitch”. Ella es la jodida Katie Fitch, y hoy conocemos a la jodida Katie Fitch. Y bien jodida que está. No puede tener hijos. “¿Y bien? Es Katie. ¿Desde cuando quiere formar una familia esta tía?” Yo también me lo pregunté. Pero su menopausia prematura, ahora nos enteramos de que existe tal cosa, le afecta más de lo que creemos, aunque sea quien (creemos que) es. Y aún con los 17 años que tiene, eso es una tremenda bofetada en la cara para cualquiera. Nadie espera que le digan que es incapaz de ovular a esa edad ni nunca.

Aquí es cuando su día empieza a dar señales de desmoronarse, y cuando la cosa no puede empeorar, llega a casa: les embargan. Su padre no ha pagado los préstamos y el nuevo negocio de su madre ha tenido un primer trabajo echado al traste no por Katie, más bien por las circunstancias. Ella no es la esclava de nadie, y menos en estos momentos. Esta primera parte del episodio, en esa despedida de soltera, ha sido de lejos lo peor del episodio. Ver además a Freddie innecesariamente (tírate a las vías del tren, anda) y sobando a Effy es una especie de castigo. Pero cuando ésta ya sale fuera, para hablar con Katie como si nunca le hubiera tirado una roca a la cara, es cuando el capítulo empieza a subir como la espuma. No es más de dos minutos de escena, pero entre el pitillo y un par de líneas acerca de lo que es el amor según Effy nos lo dicen todo, nos hablan de lo destrozada que está la protagonista por dentro y lo sola que está. Porque asumimos que se pasa prácticamente todo el tiempo fuera de pantalla con sus rolletes semanales, pero lo suyo es, en realidad, una búsqueda interminable del verdadero amor (para quizás formar una familia, tener hijos), que no le haga sentirse tan desplazada. Hace lo que hace como lo hacen todos los demás de su alrededor. Pero a ella le sale peor.

Imagen de Katie, 4x04 de SkinsImagen de Katie, 4×04 de Skins

Declarados en bancarrota, y obligados a abandonar su casa (la escena del embargo es brillante, 100% british, recordando a ese clásico del ataúd de la segunda temporada), las antes mencionadas circunstancias les llevan al lugar menos apropiado: la casa de Naomi (y Emily). Quizás me he perdido algo, pero no sabía que la situación se había vuelto tan insostenible entre la gemela emancipada, ahora completamente odiosa, y los demás Fitch. Quizás, tan egoísta que se ha vuelto, es ella quien ha sacado las cosas de quicio. Vale, nunca estuvieron contentos con los gustos por la lencería altamente femenina de Emily, menos con Naomi y sus malas vibraciones, pero tanto odio definitivamente me lo había perdido. No obstante, por mucho que pueda parecer, no es aquí cuando se da una reconciliación. Compartirán casa un par de días, pero cada uno por su lado. Y aquí llegamos al punto más raro, awkward como dicen los americanos, del capítulo: la barbacoa.

Como ya dije en su momento, el Naomily nunca me ha emocionado. Hoy, menos que nunca. Se podría decir que en este capítulo las he odiado. Crueles, patéticas e igualitas que un matrimonio que lleva veinte años casado. Naomi está totalmente fuera de sí, ni se cuida el pelo ni las formas. De repente va y pierde su brillo. Y eso en alguien como ella no tiene perdón, porque la chavala es todo brillo. En cuanto a Emily, usaría palabras feas, pero lo resumiré con una pregunta retórica: “¿tú eres tonta, no?” La respuesta debe ser afirmativa, por supuesto, porque me es imposible explicar su comportamiento, inmaduro y estúpido. Hasta el hermano (¡qué grande es!), jugueteando con el desaprovechado JJ, a quien se le echa de menos, se comporta de forma más adulta ante la situación, aunque no haya tragado tanto como su hermana; ésta sigue dolida por lo ocurrido en el 4×02, ya lo vemos, pero tomarse todas las pastillas que encuentre a su paso, como una Godzilla pequeñita y pelirroja, es peor solución que todas las que ha encontrado Cook en su vida.

La chavala ahora mismo está en un momento algo crítico, no la culpamos, pero por favor. Egoísta y niñata. Hacer daño a Naomi es, al final y al cabo, hacerte daño a ti misma. Luego veremos que lo que necesita es a su familia, a quien ha apartado de sí para vivir la vida loca, en una adorable escena final. Son los últimos minutos, precisamente, los que resumen perfectamente el tono del capítulo, con una pequeña moraleja, algo descarada, que no se suele ver normalmente en la serie: afrontar las adversidades en compañía de los tuyos, como bien puedas. Suena a moralina de la ABC Family, pero no nos da arcadas. Es, en realidad, algo bonito.

Imagen de Katie, 4x04 de SkinsImagen de Katie, 4×04 de Skins

Finalmente pasamos a uno de los momentos más WTF del episodio, e involucra un pestillo roto, una bañera y a Thomas. Katie se da un baño relajante y el congoleño, a quien quieren poner como el malo de la película desde lo de Panda, no se da cuenta de que había alguien más allí. Estamos, entonces, ante la versión Skins de la escena del ascensor de toda la vida. Una situación incómoda y oportuna para contar las verdades. ¿Cómo lo hace Thomas para ser el tipo honrado y encantador? Nosotros ya hemos echado un par de vistazos a su vida más íntima, y sabemos que tiene más agujeros que las orejas de Katie, pero ella no, y la duda es de lo más normal. “No, no te creas, meto la pata continuamente”. Cierto. Y a la Fitch le complace oír eso. Effy ya le dijo algo parecido, y parece encontrar por fin un pequeño consuelo. Que ella no es la única imperfecta dentro de un perfect world. De alguna forma, ella es mucho mejor que eso. (Y no, no mencionaré ese beso que no viene a cuento.)

Irónicamente, no ha sido un capítulo perfecto. La verdad, al lado de su predecesor, era un reto imposible. Pero sí ha sido un buen capítulo. Era hora de ver que Katie es algo más que ropa bonita y un poco retro, y que está más allá de Emily, una verdadera roba escenas y ahora convertida en lo peor de la serie. El de Katie siempre ha sido un personaje difícil, puede que el más odiado, pero esta vez se ha hecho querer dejando sus (falsas) apariencias de lado. Se agradece. 4×04, y ya estamos en mitad de la temporada. Qué mal, ¿no? La semana que viene toca episodio de Freddie, según vemos en el adelanto. Eso sí que es mal. Que Dios nos asista.

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