Review Skins: Everyone

Franky está espléndida, Mini más pecosa que nunca y Alo roba la función mientras Rich y Grace están sobrados a la hora de arrebatarnos un poquito el corazón. Lo que a la vez nos hace caer en la trampa de los guionistas. Malditos, repetí más de una vez, y sentí que mucha gente lo gritaba al unísono. Es el regreso de Skins, derrapando ya su sexta temporada, y sin síntomas de agotamiento, creo yo, porque la adolescencia debería durar para siempre y desde Bristol saben asegurarse de ello; sin ser un capítulo espectacular en su grado mayúsculo, cumple su función, sabe marcarnos y, lo mejor, no se nos quiere mostrar como un regreso después de una larga espera, sino como el viaje (a Marruecos) que dábamos por hecho, por supuesto. No hay explicaciones, hemos llegado hasta aquí y aprovechemos nuestros últimos días con vida, porque lo que vemos en Everyone podría ser el último momento en que estén todos juntos.

Como buena mecha para los nueve capítulos que siguen a éste, se nos plantean tramas cañeras y la mar de interesantes. Sin duda, la que más potencia tiene me parece la que desemboca de la personalidad de Franky y que se bifurca en dos desde el momento del accidente de coche, escenaca featuring Vivaldi donde sólo faltaban cabras marroquíes y niños con escopeta. Primero, es que ella descubre que no es capaz de tener una pareja, porque no es lo suyo, porque no le gusta, porque a la de nada ese sentimiento es insoportable, palabras suyas; con alguien como Matty de novio, la chica tiene que tener las cosas claras para decirle que no. Y pasa que en una serie que se cimienta alrededor de relaciones amorosas, esto es fantástico y absoluto e interesantísimo de ver y uno va y se pregunta cómo es que no lo han desarrollado antes.

Franky, eso sí, es la mejor figura sobre la que construir esto. Recordamos al gran JJ y la pareja que se calzó, la chica de la tienda de las golosinas, bebé adorable incluido, y que se llamaba Albert, a ver quién le pone ese nombre a un recién nacido. Él, con su TEA, superó sus dudas y fue feliz. Ahora, ¿puede ser feliz Franky sola, después de pasar un primer año dando tumbos, como lo hacía Jonah Jeremiah Jones, sintiéndose incapaz de querer/ser querida?

Esto es una cosa, y la culpabilidad de que ella, por ser así, causó de manera indirecta el accidente y lo de Grace, es otra que veremos en los próximos episodios, y que aquí vislumbramos a través de sus silencios, sus miradas y sus lágrimas. Yo quiero ver eso, tanto com quiero ver a este prófugo Matthew que a saber dónde está. Nick, el hermano en funciones, con su responsabilidad, es un personaje igual de potente, y con su papel en esto, que el año pasado tuvo una de las mejores historias posibles: la historia de la decadencia total del líder, del chulo, cuando la vida le pegó el contraataque, y una patada, hasta que acabó por los suelos (su capítulo fue uno de los mejores de la quinta). El rol que parecen querer inducirle los guionistas nos puede dar la oportunidad de ver matices nuevos, y yo estoy –por lo menos– deseando comprobarlo.

Reconozco que no me he revisionado la quinta temporada desde marzo pasado, y que he estado desconectado de estos personajes desde entonces, pero recapitulemos un poco. La temporada se despidió en condiciones similares a como ha empezado esta, lejos de casa, y en momentos vitales que parecen querer decirnos: esto se acaba. El matrimonio para corroborar el amor y ponerse en libertad (ser libre del dire, el papá y capullo David Blood) es simbología inequívoca de que ya somos adultos, y en este otro Everyone no tarda en aparecer el extraño, casi oracular, que es este tipo eunuco e inglesito que se llama Luke, y al que le mandan el monólogo memorable y tiene que decir, casi por contrato: a partir de aquí, todo irá cuesta abajo. Se lo dice a Franky. Que no quiere estar atada a nada ni a nadie, y cae en las redes y ahí empieza la tragedia.

Jessica Sula, que interpreta a Grace, tiene un papel espectacular en la serie, un personaje entrañable, a quien odiaba en el primer capítulo (por ser tan dulce, imposiblemente dulce) y que me encantó en el segundo, ese ruidoso homenaje al heavy metal: así que es tan facilón hacerla daño como lo es afectarnos con ello, y aunque la situación joda, creo que hay que aplaudirla por situarla al principio de la temporada y no al final, como pasó con Chris y Freddie, los daños colaterales de Skins. Uno más sentido que el otro, por supuesto. En vez de cerrar a lo grande, teniendo en cuenta esa obsesión nuestra por dar coba a la muerte, la temporada explorará cómo afecta a nuestros protagonistas este sentimiento de cuasi-pérdida que, ahora mismo, no sabemos en qué terminará. Verdaderamente, confío en que no revisitemos la tumba con esta tercera generación, simplemente por cosa de probabilidades, aunque por cosa de habitualidad tampoco debería de extrañarnos. Sin duda, Grace despertará. Debe hacerlo. Debería, vamos. Pero los valientes, qué tal si veis el siguiente tráiler, un avance que quita el hipo, para mentalizaros de lo que está por venir.

En general, el capítulo es una sobrada total, algo light, un disfrute veraniego-vacacional donde hay drogas, piscinas, un casa que es una ruina y con recurso cómico, problemas de pareja y esta intriga de sobremesa de tráfico de drogas, extraños con encanto y turistas engañados. Lo que más me ha matado ha sido el marroquí que está estudiando para ser abogado. Esto es quizás lo más flaco del capítulo. Está hecho elegante pero, aun así, le vertebran un buen número de topicazos de esos que chirrían de tanto oírlos. La gracia, sin embargo, resalta de los propios personajes, de un Rich que encanta y encanta con esa dulzura y este toque de lerdo y de quejica, y al que el corte de pelo le sienta genial. El gran punto lo pone también Alo y su rollo con Mini, que no puede sino crecer, esa dinámica de amigos que van cayendo el uno por el otro sin enterarse realmente de a qué están jugando. Agradan, también, desfases marca de la casa que nos recolocan con Skins. Su música memorable, la sonoridad, en general, o la escena de la fiesta en la playa, que se abre con un plano secuencia que rezuma placer de ver, y que construye al final un clímax genial. Lo que nos propone Everyone es embarcarnos en un viaje que durará toda la temporada. Nos sumamos.


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