Review Skins: Everyone

Lo hicimos, Alo. Llegamos ahí. Perdimos nuestra virginidad, nos enamoramos y de hecho nos lo pasamos de puta madre. Lo dice Rich, y Alo contesta: eso hicimos. Luego lo repite un par de veces, convenciéndose, y brindan. Y justo después arranca ese bellezón de tema que canta la anónima Rae Morris (Don’t Go, haciéndose un hueco en nuestra lista más melosa de reproducción) y todo se vuelve mudo, casi, para despedir Skins. Lo más reprochable de este satisfactorio Everyone es precisamente comprobar la holgura con la que se mueve por los preciosistas –aquí, muchísimo– pasillos de la (auto)satisfacción. No llega al onanismo burro, pero todos son felices y la felicidad, y mirad que somos asquerosos, nos fastidia un poco bastante: este Skins 3 acaba mejor que cualquier Skins, recompensa las trabas del camino (Franky), la amargura es conveniente y suena fenomenal (Matty, Alex) y quizás, sólo quizás, desde nuestra experiencia, hace que este final sea menos Skins que nunca.

Mirad ese fascinante momento, en la referencial secuencia de la piscina. La chica, que es Franky, mira a sus dos pretendientes a cuasi cámara lenta. Sacadísimo de Anatomía de Grey es eso, contadme, porque las desdichas-pajas mentales de la chavala son muy de Meredith Grey en sus horas bajas, y la problemática de los dos chavales con el amor están sacadas muy de la manga de la señora Mamá Shonda. La escena es fantástica, como todo lo que sale de la factoría estilística de Skins, y las miradas en los bailes nos encantan a todos, y no lo increpo, claro que no, es bonito verlo, pero que esa escena en cuestión exista en esta serie sólo sirve para demostrarnos, y tener la prueba, de cómo la esencia de la serie que empezó con Tony Stonem está hoy (o ayer, porque no habrá más) desvirtuada hasta el frágil bailoteo con lo más convencional de la tele.

Me ha salido una frase muy larga, y lo siento, pero a lo que voy: Everyone, mirado con gusto, es genial; frase corta 1. Pero es genial en un nivel bajo; frase corta 2. Porque opta por la autocomplacencia, por gustar a todos cuando no tiene por qué; frase medianamente corta 3. Y su final musical, “todo está donde tiene que estar,” chirría y es muy americano. Muy americano. Esa es la expresión correcta, eso es; todo es genial y brilla brutalmente, cada minuto de este capitulazo es para expresar devoción y hacer carteles, pero juega en esa liga que precisamente nunca le hemos pedido a esta serie.

Skins se cargó a un protagonista a batazos, había sangre por todos lados, su novia o lo que fuera enloqueció, su mejor amigo buscó sed de venganza, y el final abierto que nos regalaron hace dos años nos horrorizó al principio y dijimos palabrotas serias. Y ahora,  en retrospectiva, repetiré siempre, me parece algo maestro. En este capítulo, que empieza asquerosamente con esa búsqueda maternofilial y pesada de Franky, todos repiten cual anuncio de Loewe cómo todo acaba, cómo han vivido años maravillosos, cómo han experimentado y lo que todo ha supuesto para sus vidas. Me gusta, claro, pero luego qué. Lo evidente (lo muy evidente) se ha comido a la sutilidad; la expectativa pesimista o realista se trunca y nos ofrecen algo raro. Arqueamos la ceja, y sólo después sonreímos de puro placer por lo que acabamos de ver.

Ahora bien, el episodio es capaz de englobar el sentimiento que han querido expresar, y lo han hecho muy bien, seis años de serie adolescente. El mensaje que han transmitido en 55 capítulos un montón de personajes ha llegado con esta despedida a una tesis llena de poesía y palabras bonitas, el resumen de una etapa de vida. Como dice Franky, ella es el medio para que otra de las parejas de la serie, Nick y Matty, hermanazos cruzados, se puedan querer de nuevo. La problemática que estos nueve personajes han arrastrado, a veces muy torpemente, en estos esquizofrénicos diez episodios. Todo ese comportamiento bitchy y el zorreo y las peleas son la vía para que la adolescencia británica y universal que son abrace el cambio inminente, la aceptación de las cosas que no se pueden transformar, la capacidad de afrontar los retos, madurar. Crecer. Esas cosas que nunca estudiamos en el colegio (y que por eso el colegio nunca sale).

Las cosas bonitas (del capítulo y de la temporada):

  • Rich. A saco y poco hace falta decir más. Pero qué demonios, voy a decirlo: cada aparición suya desde su episodio, que fue grandísimo (junto con el de Alo, y el de Liv, los mejores), ha sido un vuelco al corazón. Y, desde que “saltase” con ella, Grace, todavía más. Los guionistas son conscientes de ello y que la temporada/serie acabe con él dice mucho de lo que es este personaje. Creo yo, y me encanta desde su cara hasta su forma de ser. Me encanta todo en él.
  • Alo. Grande, entusiasta siempre y pelirrojo.
  • La incorporación de Alex, que si bien ha estado un poco al fondo dejando las cosas pasar, ha venido bien. Ha sido catalizador de esa gran mujer que es Liv, la tapada de la serie, y ha servido para su evolución. Porque fascinante es la trama que ha tenido que acarrear ella, completamente marginada, odiada y repudiada, cuando es una santa. El no encontrar dónde perteneces es una historia que le ha sentado fenomenal a su personaje. Curioso de Alex, también, que tengamos que agradecerle la fiesta de la piscina, que además de ser un recital visual orgásmico, fantabuloso y fanbuloso, sirve de clímax 10/10 para esta generación.
  • Hablando de piscinas, fantásticos lugares llenos de agua, hablemos de paralelismos (o de cómo la generación empezó en una piscina y acabó en ella). Alguien dijo en los comentarios todo el asunto del ciclo de las cosas y de la vida. No lo mencionó Terrence Malick, pero vale la pena subrayarlo después de ver este episodio, que claramente marca esa idea tan buena. Muerte y nacimiento. No vamos a saber cómo se llama la bebé hasta el special que se emite el año que viene, pero apostamos a que será Grace. Claramente. Que eligieran como sexo el ella es bastante indicativo. Y es una idea, equivalencia bonita, un símil ideal.

Y loque no nos ha gustado tanto:

  • Que este año haya sido tan difícil poder descargarse la serie. Imposible, casi. Y tenía que decirlo alguna semana: ha sido una cruzada contra fakes y chantajes. Terrible.
  • ¡Ah, Franky! Damas y señores, ese gran error. Mucho peso para esta mujer cuando, efectivamente, el universo no gira a su alrededor: nos sacan de la manga un drama monumental, que aún no comprendemos, su cruzada vital la vuelve una loca, como a bien han tenido en repetir varias veces en esta season finale (los cara a cara con Liv: estas no serán nunca amigas). Si en la anterior temporada ella se sentía un bicho raro físicamente, en esta dan un giro radical y se siente un bicho raro emocional. Demasiado para nosotros, espectadores, y para una sola personita, porque ella es muy pequeñita y mirad cómo de magullada ha salido de la caída del camión que, en el fondo, todos deseábamos fatal. Nadie la comprende, no. Su papel en este último episodio ha empezado aburiéndonos, ha continuado aburriéndonos, y luego la ha puesto en un buen lugar. Redimida, parcialmente, y por fin has conseguido lo que querías. Adiós.
  • Un último y tercer apartado en el worst of the worst, que básicamente también puede alcanzar el asunto de Franky, y que se puede dividir en un montón de argumentaciones en contra a esta gang. Y es la locura selectiva, o la incoherencia porque a mí me da la gana. La panda de esta hornada ha pecado del peor deje guionístico o como sea, y es la traición al personaje, la incoherencia y la incohesión, y más palabras incriminatorias que me puedo inventar, tales como hasturófilo empedernido. Es dar por saco a las bases que pusiste al principio, venada que puede ser valiente o puede salir mal. No nos preocupa ni nos quita el sueño, por ejemplo, el cambio de estilo de Rich. Pero está ahí y se nota mucho. Primero se corta el pelo, vale, pero luego viste pijo y aconsejado por el jefe de vestuario de Channel 4. Viste vestido por Ion Fiz, o peor. Romper con un personaje tan arriesgado (un metalhead de pura cepa que era, por Dios) por el amor a verlo guapo y estiloso es un movimiento cobarde. Afortunadamente, en este Everyone ha bailado a Black Sabbath y se lo hemos perdonado a esa gente. Luego están Alo y Mini, que nos ha costado creer bastante, en lo que ha sido un señor salto de fe por y para ellos. O está también el intento lésbico entre Mini y Franky que a más de uno le hacía la boca agua o el enamoramiento de Nick, pero estamos ya cansaditos de discutirlo, tanto o más que de psicoanalizar a Franks Holy Frak. Quédate para siempre en ese manicomio, que nos da pereza volver a abrir un archivo .avi con tu protagonismo, inmerecido, total.

Fin a Skins. No del todo, que ya, pero lo que sea que nos llegue el año que viene será un epílogo que aterrizará nostálgico para los fans. Un regalo a la fidelidad, un ¿y qué fue de…? que si bien es innecesario sí que es pedido y chillado por las masas. Entre ellas se incluyen las que sólo saben decir lo mucho que echan de menos a Casssie, que con ella no encontrando a Sid se acabó Skins, y que lo demás es una porquería. Yo no me encuentro entre los hooligans radicalísimos e irracionales de las dos primeras generaciones; ésta, con sus bajones y defectos. Y a pesar de los ramalazos de cosas inexplicables y los errores que podríamos reprochar hasta mañana y el día siguiente… pues ha sido un viaje remarcable. Inferior, puede, pero no malo, sino todo lo contrario. La suavidad de este desenlace, donde no ha habido drogas (ha habido champagne), ni sexo, ni dramas, salvo esa potencial esquizofrenia en un Rich que ve a Grace (¿o es solamente, acaso, amor del vibrante?), es lo único que nos hace sentir mal. Porque nos han enseñado una realidad tóxica y van y nos sorprenden con una síntesis tremendamente optimista y conclusiva, donde el viaje ha merecido la pena, y donde después de los créditos (y un Bye) empieza la vida.

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