Review Skins: Emily

Review Skins: Emily

Si la semana pasada nos hicieron odiar (o no comprender) a Thomas, el buenazo con el corazón de marfil, en el 4×02 han decidido continuar con su extraña, quizá decepcionante, política de esta cuarta temporada: fastidiar el cuento y meter drama. Lágrimas y traiciones, la receta perfecta… y manida. ¿Y cómo nos deja eso? Al margen de los marrones en los que están metiendo a los personajes, con un riesgo enorme de caer en la repetición (cosillas de este se asemejan al episodio anterior, sólo digo eso), este capítulo ha sido una completa maravilla, superando a su predecesor y dando de comer a los fans más incondicionales de Emily y Naomi, la extraña pareja. Hablemos de ellas, entonces…

La fórmula del Naomily me da dolor de cabeza. Cefalea y vómitos. Con todo eso de darse las manos a través de la gatera se han convertido en un icono (gay), se ha hablado de ellas como si fuera el segundo advenimiento cuando, una vez cerrada la pasada temporada, era la pareja menos desarrollada y más sosa, con perdón, del panorama Skins. La rubia, la chica ecologista y segura de sí misma, con la gemela a la sombra, la risueña Emily. Muy bonito quedaba todo en charlas y palabras, y su admiración fue creciendo a un punto injusto y exagerado. En la serie, lo que realmente importa, su potencial no se había visto desarrollado al completo. Hasta ahora. Porque este episodio, centrado en la parte más lovable de las hermanas Fitch, debería llamarse precisamente Naomily. Es una oda a la pareja, y a todos sus seguidores. A los que teníamos dudas sobre el híbrido, nos las quita de un soplido. A los sedientos de amores lésbicos, les satisface. Y qué mejor confirmación que echando al traste al dúo de la forma más dramática posible.

Volvemos, y con mucho gusto, a visitar la casa de los locos, la casa Fitch. El padre, la madre y el hermano, ¡menuda familia! Al contrario de lo que vimos en el estupendo 3×09, la situación ahora es completamente opuesta; papá Fitch, aquel brillante personaje, el de los dientes brillantes, está de bajón: su gimnasio ahora es un banco, y la esperpéntica mamá sólo piensa en financiarse un nuevo negocio de estética. Don’t get fit, get Fitch. Sí, ya nos lo aprendimos. Entretanto, Katie se ha despertado queriendo ser morena, y así lo está a la hora de la comida cuando trae a su nuevo novio, “un buen tipo” (¿una pincelada sobre la evolución que sufrirá la déspota hermanita estos capítulos?), mientras el hermano ha pensado qué buena idea es vestirse de mujer para hacer el triki-traka a Naomi. Pasa todos los días.

El eco de Sofía sigue sonando fuerte en Roundview, y más en la biosfera de Cook y compañía después de que Naomi declarase que ella le había vendido la droga, pero no tardaremos en descubrir que su 'relación' no acaba ahí. La chica muerta, emo total, tenía un santuario dedicado a Naomi, a quien había conocido un día de puertas abiertas de forma casual. Su idolatría, amor platónico, había aumentado exageradamente desde entonces: para su familia, era gran amiga suya y de Emily. La habitación, llena de garabatos. Y un pequeño santuario en su taquilla. No me gusta. ¿Sketch 2.0.? Es imposible evitar pensar en ello, y en poner en duda lo que quiera que estén haciendo. Esto del rollo acosador in love no sólo fue un fracaso en la segunda temporada (aunque vale, nos regaló uno de los mejores episodios de la serie), sino que perturba y todo. En esta especie de remake nos han metido una familia militar en plan American Beauty, hermano atormentado en el lote, y sexo gratuito en un almacén. Me parece algo vago y exagerado. Sin embargo, no a Emily, que no ha conocido las andanzas de la acosadora del añorado Maxxie, y decide hacerse la Veronica Mars, o mejor dicho, la Nancy. Bajo ese nombre husmea en los recuerdos de su compañera de colegio. Consigue hablar con la madre, y el hermano consigue hablar con Emily, aunque no quiera. Él, una especie de Ryan Walker inglés (pero más soportable), sólo quiere saber la verdad. Ambos la acabarán obteniendo, muy a su pesar.

Imagen del episodio 4x02Imagen del episodio 4×02

Unos cuantos líos desencadenarán una intensa escena en la azotea de la discoteca con la que empezó la temporada, y allí descubriremos la faceta más sorprendente de Naomi. Que se siente sola. Y eso es lo que suele llevar a la gente a hacer estupideces. En aquella jornada de puertas abiertas de la universidad, ambas coincidieron. El amor, como Sofía escribiría en su animado diario (y no porque fuera la alegría de la huerta, exactamente), surgiría en el tren. Una cosa llevaría a la otra y el tema acabaría con Naomi engañando a Emily. ¿Nos suena? Dos tramas se repiten en una misma temporada (Thomas y Andrea) y por motivos similares: la adolescencia, el contigo y sin ti (“te quiero pero no sé cómo”). No sé si estos giros en los protagonistas, prácticamente idénticos, son para aplaudir o para descargar su ira rompiendo un Toblerone contra nuestras cabezas. ¿Lo hacen a propósito? Tal vez necesite recapacitar, no me llega a convencer todo esto; lo cual, para añadir y contradecirme un poco, me parece perfecto para reforzar una pareja cuyo destino no nos dejan muy claro en la escena final: ¿se darán una segunda oportunidad? De todos modos, todos hacen eso.

O terceras oportunidades. Este capítulo es un monopolio de carbón y amor del Naomily, completamente dedicado a ellas (y regalándonos cute scenes como las del principio), pero en un par de escenas tienen la decencia de mostrarnos otros personajes para mencionar: Effy is back, y más llena de misterio que cuando hacía tostadas de chocolate para Pandora la semana pasada. Neutral y perfecta, no tiene reparos en volver a dirigirles la palabra a Cook y Freddie. Veremos si se deciden con este eterno triángulo amoroso de una vez en la vida, que a este paso esta mujer va a ser más efectiva que un condón para los dos amigos: a Cookie le provoca ataques de puñetazos, y todos sabemos cómo eso acaba. Tampoco hay cambios entre Thomas y Pandora. Pues sí, si hay que dar un vuelco a las vidas de los protagonistas, que se haga a su ritmo.

Resumiendo: las ideas que flotan en el capítulo no nos llegan a gustar, pues pecan de lo que siempre evita esta serie: la falta de originalidad. Sin embargo, ver de nuevo a los Fitch, recobrar el misticismo de Effy picando patatas y ver un publirreportaje de Emily y Naomi en estado puro (al menos en el primer acto del episodio) nos dejan un notable capítulo, que no perfecto. Lo que sí que sacamos en claro es una cosa: estamos ante una temporada rara.

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