Review Shameless: Risk

Peg se ha ido pero, para compensar, Mónica ha vuelto y con ganas de quedarse. Como ya sucedió la vez anterior, el recibimiento es bastante frío. No es una madre ejemplar, lo sabemos, y sus hijos también. Veremos lo que aguanta. Los embarazos están de moda. Karen marcó el camino. Ahora le ha tocado a Mandy: ¿tenemos otro Gallagher en camino?

Cuando Mónica aparece se arma la gorda. Frank se desmelena y vuelve a vivir su idilio de amor con la madre de sus hijos. Parecen dos adolescentes al comienzo de una nueva relación. Fiona no lo vive de la misma manera, claro. Sabe que su madre no aguantará mucho tiempo entre ellos y que lo único que hace es crear falsas esperanzas, sobre todo entre los más pequeños. Debbie, la más sensible, es siempre la candidata a pasarlo peor. Pero Mónica insiste en que quiere ayudar y Fiona, no le quede otra, acaba por ceder. La madre de los Gallagher siempre llega con buenas intenciones pero es bastante cabra loca. Ahora se vuelca con sus hijos, cuida de Liam, se va de discoteca con Ian, llena la casa de alegría, relaja la disciplina casi militar de Fiona… Sería genial para todos que se quedara, incluso para Frank, que está en un momento difícil, tratando de superar la muerte de Peg, pero apostar por ello es jugar a perder.

Mónica llega en plena crisis Gallagher. Frank está tocado y Lip se ha ido de casa. El genio Gallagher busca techo pero acaban echándolo de todas partes, hasta de un simple asiento en el metro. Verónica toma partido por Fiona y en su casa no se puede quedar; Steve le da asilo pero más por atraer a Fiona que por ayudar a Lip. Al final también lo acabará echando. De todas formas su presencia allí le ayuda para saber que su mujer de conveniencia, la brasileña, está tonteando (por lo menos) con alguien más. La escena de Lip escuchando la conversación más que picante de la mujer de Steve lo deja clarísimo. Y Steve se enfada, como si sintiera algo por ella. Se ve que lo quiere todo, a la brasileña y a Fiona. No es tonto el chaval, pero quizá se equivoque.

Lip y Karen siguen con lo del bebé, tratando de buscarle unos padres adoptivos (que paguen bien). Sheila quiere convencerla de que se quede con el bebé y con Jody, pero es ella quien acaba cayendo en los brazos del buenazo y bobo de Jody, algo que se veía venir desde hace tiempo. La verdad es que son tal para cual. Ahora les ha dado por creer que la casa está llena de fantasmas (aunque sabemos que es Frank buscando el dinero de su madre) y hasta llaman a un cura para que les aconseje cómo librarse del espíritu de Eddie. La escena de Sheila con la aspiradora de mano llamando a su marido muerto no tiene precio.

Karen lo tiene claro: quiere pasta e iniciativa empresarial no le falta. Ahora va recaudando su particular impuesto revolucionario puerta a puerta, entre sus amantes, pidiendo dinero para abortar el supuesto hijo del extorsionado en cuestión. Lip, aunque no está de acuerdo con dar el bebé, prefiere estar con Karen y al menos poder elegir a los padres adoptivos. Él, por su parte, sigue siendo presionado por todos para volver a los estudios. Acabará volviendo, sobre todo si quiere tener cama y techo y no acabar durmiendo debajo de un puente.

Mónica, después de darle muchas vueltas durante el capítulo, trae a casa las cenizas de Peg. Y qué mejor forma de honrar a su madre que fumársela, piensa Frank. Y lo hace, sin dudarlo. Pero no da le da tiempo a acabarse el canuto porque el padre de Mandy entra como un loco, acusando a Ian de haber dejado preñada a su hija y deja clara su posición al respecto ahostiando al chaval, que si no fuera por Mónica habría acabado destrozado a puñetazos. De paso, inevitable en estos casos, las cenizas de Peg vuelan por todas partes. Es lo que nos faltaba, Ian padre. ¿Nos lo creemos?

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