Review Shameless: Parenthood

Peg se nos ha ido, y para siempre. Sin duda uno de los mejores personajes de la temporada. Desde su llegada sabíamos que tenía los días contados pero igualmente ha dolido que se fuera. Odiada y querida por Frank, al final, asfixiada bajo el orondo culo de Sheila, deja a un hijo destrozado y a un montón de fans algo huérfanos. Y Lip…

Lip se ha ido también. El ultimátum de Fiona ha sido claro: o vuelve al colegio o abandona la casa. Lip acepta volver a estudiar si Fiona hace lo propio, y parece que el trato es firme, pero Lip no está bien. La que monta en el colegio es de las gordas. Está en modo autodestructivo. Por un lado, no quiere tener la responsabilidad de ser la esperanza de los Gallagher; por otro, siente que puede perder a su hijo porque a Karen parece que lo único que le importa ahora es deshacerse de él y sacar dinero con ello. El drama es doble en este capítulo con Peg muerta, que se ha ido sin que sus nietos se despidan de ella porque creen que está en buenas manos, también por dejadez, y Lip, petate al hombro, dejando a todos los Gallagher hechos polvo en casa. Pero este segundo adiós seguro que es un hasta pronto. Lip tendrá que resolver sus problemas con Karen y el bebé y darse cuenta de que su futuro no es sólo una solución económica para sus hermanos sino un camino firme para sí mismo y quizá para el hijo que está por llegar. Hay moralina en esto, y veremos si se resuelve con moraleja. En estas dos tramas, destaco el cambio de actitud de Karen, quizá exagerado, poco creíble incluso, y la forma en la que Sheila lleva el suicidio asistido, más bien eutanasia consentida, de Peg. A la primera se le ha ido un poco la cabeza. A la segunda se le fue hace mucho. Debe de ser cosa de familia. Al final, ha sido su enemiga, Sheila, la que ha estado a su lado hasta el final, y el pardillo de Jody, que se ha portado con Peg mejor que el resto de su familia.

La que ha sido una escena hilarante, Frank entrando en la tienda y pillando a su hijo Ian y a su amiguete exconvicto haciendo de las suyas, ha podido convertirse en otro drama más. Mickey no está dispuesto a que se sepa que es gay. Si su familia lo supiera, si sus amigos y socios de felonías se enteraran, se le caería el pelo. Y sabe que Frank es un bocazas. La solución feliz le llega en un segundo: hay que matarlo antes de que se vaya de la lengua. Ian sabe que va en serio pero sus intentos por buscar otra solución no llegan a ninguna parte. Al final Mickey cambia de idea, se da cuenta, quizá, de que se le ha ido un poco la olla y prefiere volver a la cárcel y evitar así las consecuencias del posible chivatazo de Frank antes que dar un paso más, irreversible, en su carrera delictiva.

Mientras tanto Steve sigue detrás de Fiona, con la brasileña cogida del brazo, tratando de entrar en la dinámica de los Gallagher, de conseguir bajar las defensas de su ex; pero tendrá que hacer mucho más que invitarla a cafés. Fiona se lo deja claro: cuando se deshaga de su actual esposa, hablarán. Hasta entonces está perdiendo el tiempo. De todas formas él insiste y hasta se hace entrenador del equipo de fútbol americano en el que juega Carl. Este chico no se rinde, y seguro que acaba teniendo su recompensa. A Kev y a Verónica los hemos visto poco. Suponemos que es porque están concentrados en su plan reproductivo y eso lleva su tiempo.

El tratamiento de la muerte en Shameless da para mucho. El suicidio está casi siempre presente. El de Eddie en el hielo; la muerte, también suicida aunque con ayuda de Frank, de la Cara de Mantequilla; y ahora la muerte de Peg, que intenta suicidarse sin éxito y que requiere finalmente de la ayuda de Sheila y su almohada. Los tres casos, con sus diferencias, son huidas de sus personajes que podrían dar para muchos debates morales. En el caso de este capítulo, vemos el deterioro de Peg: el dolor es insoportable, casi pierde su dignidad cuando ya no le es posible ni controlar cuando ir al baño, y finalmente decide acabar a su manera, dejando dinero a sus hijos y tirándose contra un autobús para que además puedan denunciar a la ciudad y sacar más pasta. Peg, siempre práctica. La empatía de Sheila es total con Peg y no duda ni un momento en ayudarla a morir. Shameless suele alternar comedia y drama, y a veces tiene momentos en los que la línea que separa un género del otro es indistinguible. En esta ocasión no hay duda: por mucho que veamos a una Sheila medio payasa sobre la cabeza de Peg, la escena es puro drama. Son momentos como este los que le dan ese punto de calidad a la serie, y que la hacen ser mucho más que una comedia políticamente incorrecta.

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