Review Shameless: Just Like the Pilgrims Intended

Estamos ante uno de los episodios inolvidables, seguro, de esta temporada. Tiene una de las montañas rusas dramáticas más brutales de lo que llevamos de serie: la cena de Acción de Gracias, el drama de Mónica, el nacimiento del hijo de Lip que luego resulta ser…

Que luego resulta ser el hijo de otro, de un chino con el que Karen también estuvo liada, aunque al principio, por los gestos de los médicos, pareciera que había salido un niño mutante. Y empiezo por el final, con Lip tirando la cinta que había grabado para que su hijo en un futuro lo viera y escuchara, un hijo que lo había ilusionado (también le había hecho salir del instituto, todo hay que decirlo, e interrumpir su carrera como genio) a pesar de que lo iba a dar (vender) a una pareja tan ilusionada como él hasta que supieron que era asiático (no, no tenía síndrome de Down). Los únicos contentos con el resultado del parto han sido Karen (que se quitó un peso de encima) y la extraña pareja formada por Sheila y Jody, que acaban secuestrándolo y huyendo con él cual forajidos motorizados.

Pero para llegar a este final que deja a Lip hecho polvo, hemos pasado por un proceso de depresión brutal de Mónica, una bipolar en toda regla, que hace que veamos a un Frank muy distinto, que sí, insiste en conseguir el dinero de su madre y si hace falta dopa a su mujer para usarla como cebo, pero que está siempre a su lado, tratando de sacarla de su bajón y que, finalmente, tras verla tirada en la cocina, con las venas abiertas, sangrando a borbotones, es incapaz de quedarse y huye para ahogarse en alcohol. Es este uno de los capítulos en que mejor (y peor) vemos a Frank, contento por estar con su mujer, planeando incluso dejarla embarazada de nuevo, animándola, buscando antidepresivos para ella, a su manera, con sus mezquindades de siempre pero enamorado como un chaval de la madre de sus hijos.

Como siempre, Shameless reparte muchas tristezas pero también algunas alegrías. La historia de Carl y su obsesión con conseguir un arma que literalmente le cae del cielo y la caza del águila calva, que a punto está de sustituir al tradicional pavo, si no fuera por Steve, rebautizado definitivamente como Jimmy. La depresión hereditaria que Debbie, siempre algo hipocondriaca, cree haber adquirido por vía genética de su madre, y que la hace consultar a un curioso especialista, el mendigo que se baña en pelota en la piscina de los Gallagher. El momento entre Sheila y Karen cuando ponen sobre la mesa la relación de la madre con Jody. El noviazgo por conveniencia de Lip y Mandy (todo sea por tener una cama donde dormir) y el robo en el que se éste se ve participando sin querer. Y, por supuesto, el reencuentro de la esposa de Ste… Jimmy y su Marco, escena subida de tono incluida en el coche, quien se queda con la identidad de Steve y lo deja libre para volver a ser Jimmy y estar con Fiona.

Todas estas tramas confluyen en el momento final, en esa montaña rusa dramática de la que hablaba al principio, llena de alegrías que se tornan dramas, cuando Karen rompe aguas, saca a Lip de su robo mientras en la casa de los Gallagher está comenzando la cena de Acción de Gracias, con rezo y mendigo incluidos, con casi todos reunidos para cenar, hasta que Mónica, que está fatal, baja de golpe el buen rollo del momento intentando suicidarse, y la cena se convierte en una carrera hacia el hospital, un drama que luego se suaviza cuando el médico anuncia que saldrá de ésta pero que en unos segundos se convierte en otra carrera hacia la planta donde Karen está a punto de dar a luz a un nuevo Gallagher y todos se reúnen frente al escenario en el que se ha convertido la vagina de Karen, realismo puro y duro en 3D, y la cabeza del bebé que está a punto de salir (faltan las palomitas y los refrescos), la alegría de todos, el alivio de Karen al dar a luz y, de pronto, los gestos de las enfermeras al ver al bebé, que por un momento parece que ha nacido con algún defecto grave, quizá enfermo, y de Lip al verse traicionado, completamente desilusionado, visiblemente hundido cuando sabe que el niño no es suyo.

Esta concatenación de escenas imposibles será uno de esos momentos seriéfilos que no se me olvidará. Seguro que a mucho de los que seguís la serie tampoco. Y todavía nos queda el último capítulo de la temporada… ¿Tendremos un final con bajón incluido como el de la temporada pasada o nos dejarán con un buen sabor de boca?

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