Review Shameless: It’s time to kill the turtle

La rubia

“Frank”, “sobrio” y “padrazo” no suelen ir en la misma frase pero si de por medio hay un buen dinero, hasta los imposibles se pueden convertir en realidad. En este capítulo, Ian piensa más en Mickey, Lip se plantea su futuro y Fiona se agobia por la pasta y por celos. Y luego está Ethel, la extraña niña que Kev y Verónica tienen en acogida. ¡Espoileamos tras el salto!

Frank sobrio no es Frank. Se convierte en un padre atento, creativo y hasta adorable. Carl y Debbie flipan con él, claro, pero lo bueno no dura, y lo saben. Ian ha puesto en la balanza a Kash y a Mickey y parece bastante claro por quién se decantará. A Lip lo vemos tentado por la universidad y a Steve complicar la relación con Fiona con lo que parece una vida oculta (¿quién es la rubia que le planta ese beso cuando llega a casa de su hermano?). Y luego está Ethel, la niña de trece años recién sacada de una secta y que llega a casa de Kev y Verónica para… limpiarlo todo y ofrecerse sexualmente a su padre de acogida.

Matar a la tortugaMatar a la tortuga

El plan de Frank es aguantar dos semanas sin beber y recibir a cambio 3.000 dólares, todo sea por la ciencia. Y parece un buen plan, aunque sea difícil que alguien como él aguante más de un rato sin empinar el codo. Sabe que es difícil y pide ayuda a todo el mundo: a sus compañeros de bar, a Sheila (que le baila para distraerlo, entre otras cosas), a Debbie y su cargamento de azúcar y, finalmente, a la familia, que trata de entretenerlo para que no piense en el alcohol. Cuando Frank está sobrio es otra persona. Prepara el desayuno, les cuenta cuentos a sus hijos, toca el piano (para sorpresa de todos) y le da por hacer reformas en casa. Lip sabe que cuando pasen las dos semanas volverá a beber y será un palo para los pequeños. Él ya pasó por eso y quiere evitar que salgan tocados de la situación. Por eso trata de advertirles con la historia de la tortuga. Carl no se entera pero Debbie es más consciente y cuando ve que Frank va a agujerear toda la casa (para dejar la obra a medias cuando vuelva a beber) es la primera en proponer “matar a la tortuga”, porque cuanto antes vuelva su padre a beber, antes desaparecerá su nueva personalidad y menos les dolerá perderlo cuando vuelva a ser el mismo borracho irresponsable de siempre (algo que Sheila también agradecerá, dicho sea de paso).

Ian continúa con su trío amoroso, que ya pinta más como transición de Kash a Mickey, que como un triángulo propiamente dicho. Está embobado con Mickey, y Kash, que está en modo reproductor con su mujer, todavía no parece darse cuenta de que algo ha cambiado. De todas formas la situación no parece que vaya a tener un final feliz para ninguno. No me imagino a Mickey saliendo del armario y es posible que al final Ian se quede sin ninguno de los dos.

Lip y el profesorLip y el profesor

A Lip lo vemos interesado en la universidad. El discursito del inspector-profesor que lo pilló suplantando a otros en los exámenes de selectividad parece que le ha hecho mella. Quizá se plantee intentar empezar el siguiente semestre. Es el Gallagher con más futuro, está claro, pero hay muchos inconvenientes, económicos, sobre todo.

En casa de los vecinos la cosa anda tensa. Kev y Verónica no ven la acogida de la niña de la misma manera. La bronca entre la pareja viene porque Kev quiere ayudar a la niña y Verónica sólo piensa en el dinero y en aprovecharse de ella. El personaje de Ethel es tremendo y, aunque parezca exagerado, nada irreal. Una chica de trece años que ha vivido en una secta, como esposa de un viejo, y que además tiene un hijo: parece increíble pero en el mundo se dan situaciones no muy distintas de la de esta niña.

EthelEthel

Por supuesto, la historia sin destapar del todo de esta semana es la de Steve y Fiona. El mensaje de Candace, su viaje relámpago a casa de su adinerado hermano y el recibimiento de esa rubia lánguida (¿Candace?) deja muchas preguntas sin responder. Seguro que Debbie termina por aclararlo todo. Parece la Agatha Christie cotilla de la familia, pero lo hace porque se preocupa por su hermana, más que ella misma, que en principio tiende a confiar en Steve. A Fiona siempre se le juntan muchas cosas. No sólo tiene que preocuparse de si Steve la está engañando o no. La falta de dinero en casa la lleva a buscarse la vida haciendo cosas que no le gustan nada. Incluso se plantea aprender a usar el (maldito) PowerPoint, pero está claro que no es lo suyo. El estrés que tiene, por la carga de responsabilidades tan grande, y por esos celos controlados por Steve, hace que inevitablemente se eche a llorar. Fiona siempre está a punto de explotar.

La serie continúa con varias tramas abiertas interesantes: Ian, Lip y Fiona cargan por ahora con el peso dramático de la serie y por ellos principalmente esperamos con ganas el siguiente capítulo. Por ellos y por ver con qué nueva locura nos viene Frank, claro.

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