Review Shameless: Frank the Plank

Frank en Canada

Todo acto tiene consecuencias. Un acto aparentemente menor puede provocar una cadena de acontecimientos inesperados que acabe montando un lío bien gordo y que más de uno salga herido, física o emocionalmente. Para apoyar mi premisa sirva como ejemplo este segundo capítulo de Shameless, en el que todo lo que sucede tiene su origen en una situación que recordaréis bien del episodio piloto: la mamada desgayzadora de Karen a Ian. Para ser bien espoileado, sigue leyendo…

Me encanta. Creo que ya os lo he dicho. La familia Gallagher me chifla, me pirra, me tiene loco loquísimo. A ver, no es que vaya ahora a cambiarme el apellido por el suyo. A tanto no llego. Pero es que el guion es bueno, muy bueno, y los personajes, a los que realmente conocemos todavía bien poco, tienen un potencial que da miedo.

La teoría del caos, ¿os suena?, eso de que la mariposa aletea y con ello provoca al otro lado del mundo una tormenta… No llegamos a ese extremo teórico, pero casi. Aquí cambiamos el aleteo por la mamada de una adolescente a un amigo bajo una mesa en Chicago, y la tormenta resultante por Frank despertando en un banco en Toronto, Canadá… y eso no es todo, claro, que puestos a liarla, ya que estamos, liémosla bien.

En el capítulo anterior… recordáis la escena mencionada ¿verdad?: Karen, Ian y Lip viendo venir al padre de la chica que, tras recoger la manzana del suelo y levantar el mantel, ve a su hija en la posición en la que ningún padre quiere ver a su hija… Esto no se quedó en una simple bronca: el padre se fue de casa y abandonó a su mujer (que está loquísima) y a su hija salidorra.

Frank se recupera del golpeFrank se recupera del golpe

Pero claro, la cosa no iba a quedar así. Este aleteo de mariposa fue la chispa que dio lugar a todo lo sucedido en este segundo capítulo. En cuanto el padre vio a Frank en el bar de Kevin, le soltó un cabezazo que le reventó las narices. El efecto sobre los Gallagher fue inmediato. Frank fue a casa y le transmitió el piñazo a Ian sin dar más explicaciones. Más sangre y una riada de consecuencias que van engordando la tormenta: Steve, que no está acostumbrado a ver ese tipo de violencia familiar, se toma la justicia por su mano, rapta a Frank tras la borrachera de esa noche y lo deja tirado en Toronto, Canadá, y sin pasaporte. Steve cree que le está haciendo un favor a la familia de su nueva novia Fiona. Se calla la jugada, espera y ve que, al contrario de lo que pensaba, todos se vuelven locos cuando descubren que Frank no está. Lo buscan por todas partes (hasta en las lavadoras de una lavandería) sin éxito. Creen incluso que puede haber muerto, al ver una noticia que dan en la tele. Pero el muerto no es Frank. Frank a estas alturas se está despertando en Canadá, sin saber cómo ni por qué está allí. Y como no tiene papeles, acaba entre rejas. Los Gallagher llaman a su amigo policía (que está por Fiona, el pobre) y este se pone a buscarlo. Recibe el aviso de la policía canandiense, Fiona se da cuenta de que Steve ha tenido algo que ver (las pistas se acumulan) y le monta un pollo de campeonato.

Para arreglar la situación, Steve consigue una caravana y un conductor de dudoso historial, viajan a Canadá y se traen a Frank encerrado en un compartimento usado normalmente para pasar inmigrantes. Pero no ha arreglado nada. Frank ha vuelto, sí, pero Fiona sigue enfadada con Steve por la que ha liado. Steve no entiende la relación que la familia tiene con su padre (Debbie, la fan número uno de Frank, es la que peor lo pasa). Para intentar hacer las paces, aparece con una furgoneta de regalo (tiene pasta el chaval, eh) pero para Fiona lo que está haciendo es empeorar la cosa. No quiere caridad, se enfada y lo manda a freír puñetas. El resultado de la cadena de consecuencias tiene un balance desigual. Entre los beneficiados, y a pesar de la mala experiencia canadiense, Frank y la madre loca, que se lían en un pacto aceptado por ambos: sexo doloroso a cambio de comida y baños de agua caliente (me parece justo). Entre los perjudicados, Steve y Fiona, por lo ya contado, aunque dudo que la relación acabe tan fácilmente; Debbie, que lo pasa fatal mientras su padre está perdido; y el padre de Karen, que se encuentra sin mujer, sin hija y sin autoestima y que acaban haciendo las paces con Frank como mejor le gusta a este, con una buena birra y dándole a este la pista que lo llevará a los brazos de su mujer.

Fiona interrumpe a sus amigosFiona interrumpe a sus amigos

La serie está llena de momentazos, tanto cómicos como dramáticos. En un solo capítulo nos encontramos con escenas y imágenes memorables. Si en el primer capítulo Frank había pasado casi desapercibido, en este coge protagonismo. Enumero de memoria los momentos del prota (se me olvidarán muchos): Frank se cae por el cabezado, hecho polvo, pero sin dejar que una sola gota de cerveza se derrame de su vaso con una habilidad sólo vista hasta ahora en alguno de los grandes borrachos de la Historia; Frank no encuentra ropa limpia y le da la vuelta a la camiseta llena de sangre (antes sucia, ahora limpia); Frank despierta en Canadá, se enciende un cigarrillo y va dándose cuenta poco a poco de dónde está (será una cogorza inolvidable); Frank, en la caravana, se hace con unas pastis y se las traga ayudándose con unas gotas de agua que caen del techo (puro instinto de superviviencia); Frank en casa de la loca dominatrix, esposado y con un juguetito enorme delante de sus narices (¡stop, stop!); Frank baja a comer, medio zambo y en bata de mujer, y se sienta sobre un cojín para comer con su nueva amante (la hija flipa en colores); Frank, tras los créditos (¡esperad siempre a que terminen!), necesita ayuda para quitarse las esposas (para jolgorio de los bomberos).

Y, rompiendo con estas escenas cómicas, Frank con Debbie, en una conversación padre-hija sobre Canadá (¿algo de normalidad familiar?); Frank con Lip en una conversación seria por la calle que acaba en monólogo (con contenido importante); o Frank y Fiona, en dos escenas muy dramáticas, la primera tras el cabezado a Ian, en la que la hija le canta las cuarenta al padre sin palabras, con una mirada que da miedo, y luego, en una segunda escena, con un rotundo “no vuelvas a pegar a mis niños otra vez”.

Frank y su amante dominatrixFrank y su amante dominatrix

Pero no es sólo Frank… ni de coña. La situación económica de los protagonistas da mucho juego y nos deja grandes momentos. Así vemos a Verónica planchando en top less delante de una web cam para sacarse un dinero (el cliente se queda a medias) mientras habla con sus amigos; la misma Verónica ayudando a Ian a robar comida a un repartidor; Debbie recotando cupones de descuento de los periódicos que previamente ha mangado a sus vecinos; Lip robando una bici a golpe de lata… Es un no parar.

Shameless dio fuerte con el primer capítulo y lo vuelve a hacer con el segundo, llena de relaciones difíciles entre un padre y sus hijos, con Steve, que viene de otro mundo y que se quiere meter en una familia que no termina de comprender del todo, con una sucesión de escenas hilarantes salpicadas por el drama, y con unos personajes que se irán cargando de profundidad y matices, seguro, conforme avance la serie.

¿Y el tercer capítulo para cuándo? Ah, para eso todavía habrá que esperar (snif).


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