Review Shameless: Father’s Day

Y por fin llegó para dejar a Fiona con un gesto de alegría alelada. Me refiero a Steve, claro, con su caballo blanco y su barba de tío guay. Pero han pasado muchas más cosas en este último capítulo. Faltaría más.

El cuerpo de Eddie, el padre de Karen, marido de Sheila, aquel hombrecillo que acabó tirándose al fondo de un lago, ha vuelto para confirmar la viudedad de Sheila y traer una buena noticia: la pensión que quizá reciba y que a Frank le hace dar saltos de júbilo; hasta que a la viuda  le ha dado por hablar de matrimonio, claro. Lo que esta mujer no sabe es que Frank sigue oficialmente casado. Pero esto del matrimonio es lo de menos. Todo el mundo sospecha que Frank mató a Eddie y el temor a ser acusado y detenido por este crimen (uno de los pocos que no ha cometido) le lleva a la desesperación. Busca una coartada, habla con sus hijos, sus amigos, hasta paga por una, pero no consigue evitar ser detenido. La policía lo tiene en el punto de mira, aunque no es por este crimen por el que acaba en comisaría  sino por el famoso vídeo en el que él y Karen… en fin. Por un momento se ve en prisión pero la propia Karen le saca del apuro ante la policía y ante Sheila. Frank, siempre al límite, se salva por los pelos. Pero la poli sigue tras sus pasos y no descartamos futuras detenciones.

El embarazo de Karen tiene a Lip perdido. Y la boda de Karen con Jody, no nos olvidemos de este detalle. Fiona le ha dejado claro que pasa de cuidar de otro niño. Frank ha tirado de su gran bagaje filosófico-vital y le ha dicho que corte por lo sano. Karen lo tiene más claro que nadie (aparenta tenerlo claro): el niño es suyo y su padre será Jody, diga lo que diga el ADN. Por una parte Lip se queda más tranquilo pero por otra… él quiere a Karen y aunque esta piensa que Lip es un pasota y que será como su padre, no es así. Karen va a lo seguro y no se quiere arriesgar con un Gallagher (eso se llama instinto maternal).

Por otra parte tenemos a Ian, que esperaba entrar en West Point y que se encuentra con que a quien quieren fichar es a Lip. El mosqueo es mayúsculo. Los dos hermanos se dan hostias hasta en el cielo de la boca. Al final la cosa no llega a mayores, pero hay tensión y habrá que ver cómo arreglan la situación. Es de esperar que no les dure mucho.

Debbie va a la caza del amigo delincuente de Carl, el pequeño Hank. No sabemos qué le ha visto pero a esta niña se le está yendo la cabeza con el chaval. Quiere conquistarlo como sea: se pone la ropa de su hermana, se pinta la cara hasta crear un nuevo estilo payasesco, recurre a las experimentadas de la serie en busca de consejo y, finalmente, consigue ser el segundo plato de Hank y llevarse un ramo de flores que en principio no era para ella. El amor es ciego y los Gallagher, además, nunca tuvieron buen ojo para elegir pareja.

Y luego tenemos la extraña historia de amor de Ethel, que en este capítulo ha acabado con un hombre apuñalado. “Encargarse de alguien” se puede interpretar de dos maneras: ayudar a alguien o cargárselo. Creo que Ethel pensaba en la primera acepción y su nuevo amigo Malik en la segunda. El resultado es que se han cargado al marido de la niña y que ahora está nuevamente disponible, para alegría de ambos.

Por su parte, Kev y Verónica han tenido un pequeño momento de tensión debido a un malentendido. Ella pensaba que él le estaba poniendo los cuernos cuando lo que estaba haciendo era ir a clase para aprender a leer. La confusión se resuelve pronto, aunque en el camino el pobre Kev ha estado a punto de ser castrado (un detalle menor).

Y Fiona… Fiona acepta salir con el amigo del ligue de la rubia ambigua. Van a la boda de gente con mucha pasta y poder. Por eso Fiona se pone bien guapa y miente como una bellaca. Miente sobre la zona en la que vive, sus estudios y lo que haga falta… hasta que la confunden con una prostituta de alto standing, y claro, eso ni de coña, que ella es muy honrada. Sale escopeteada de la fiesta, con el tipo detrás, que parece hasta majo y que la lleva hasta casa, hasta su casa de verdad, pidiendo mil perdones y rogando por una segunda oportunidad. Y allí está Steve. Dije antes “alelada”. Alelada es poco. Es como si Fiona hubiese tenido una visión mística. Steve no se queda corto. Disimula mejor, pero también le hace ojitos. Justo cuando Fiona está empezando algo con el nuevo fichaje aparece su príncipe azul para añadir más confusión a la vida de la Gallagher. Después de varios capítulos amagando con aparecer, Steve vuelve y parece que para quedarse. Saldremos pronto de dudas.

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