Review Shameless: Casey Casden

Debbie

Cuarta dosis de Gallaghers y en esta ocasión con más peso en la historia de Debbie y Kev. La niña no está muy bien de la cabeza y esto mete a la familia en un lío enorme. Tras el salto, nos ponemos con la review del capítulo, sin olvidarnos de Frank y su nuevo y placentero estilo de vida, claro…

Debbie está mal y Fiona está preocupada. Y con razón. Está claro que la niña está falta de cariño: nada más empezar el episodio la vemos hacerse un muñeco bebé con una bolsa de patatas y darle mimos; y hace bien poco tuvo a su falsa tía Ginger y lloró a mares cuando la devolvieron a su asilo. Así está la niña, con la cabeza hecha un lío. Su reacción al ver lo normal y feliz que es una familia vecina es la de coger un niño de dos años (Casey) que estaba allí de fiesta de cumpleañosy llevárselo a casa… vamos, lo normal. Y es cuando empieza el lío made in Gallagherland.

En pocos minutos tenemos allí a la policía buscando al niño (entre ellos Tony, claro, el amiguito policía de Fiona). Hasta sale en la tele. Lo mejor sería devolvérselo a sus padres, pero Debbie ha lavado el disfraz de superman de Casey y al meterlo en la secadora se han encogido y, claro, no quieren llevarlo con otra ropa y parecer que han hecho algo que no deberían con el niño. La solución: muy fácil, montar un plan a lo Ocean's Eleven para que la entrega del niño no traiga (más) problemas a la familia, que además se puede meter en un lío si se sabe que el padre, Frank, no vive en casa.

El planEl plan

A todo esto no tienen agua caliente. El calentador ha dicho basta. Aquí entran los dos hermanos, Lip e Ian, que son unos profesionales de la recuperación de objetos de segunda mano en desuso por fallecimiento del propietario. O sea, que se van a casa de una recién muerta para ver si les venden el calentador. Y lo consiguen, pero alguien se lo manga… y seguimos con el agua helada.

Según el plan Gallagher, Debbie, tras varias llamadas anónimas a la policía, tendrá que llegar como la salvadora, la niña buena que ha rescatado al niño perdido. Entonces tendrá que contar una versión de los hechos muy alejada de la realidad. Y se ve que mentir no se le da bien… o eso dice, porque la niña lo borda y encima acaba llevándose un pastizal que, como buena Gallagher, acabará usando para comprar calentador de agua. Para acabar con la historia de Debbie, Steve, el ladrón de coches majo, le regalará una muñeca… y Debbie se volverá loca de contenta (más bien demasiado loca de contenta). De verdad, esta niña no está bien…

¿Y Frank? Frank sigue en su nidito de amor… con la pirada. Sheila está fatal de la cabeza. A su obsesión por la limpieza, su agorafobia y su amor por el culo de Frank tenemos que sumar una obsesión compulsiva por hacer magdalenas. El marido vuelve a casa (no le da el presupuesto para la soltería) a vivir en el sótano, así es que tenemos unas sobremesas geniales, con el amante, el marido separado, Sheila servil y pirada y Karen, que ha decidido provocar sexualmente a Frank, para sufrimiento de este y diversión de ella. Los dos hombres han sufrido el martirio anal de Sheila así es que nos encontramos con varias escenas surrealistas en las que el veterano enseña al novato cómo sobrellevar el dolor tras las sesiones de Sheila. ¿Tensión? Ninguna. El ex sólo está allí porque necesita un techo… y Frank, casi por lo mismo. Noy hay celos o mal rollo entre ellos. Sheila es un mal por el que uno ya pasó y por el que el otro está pasando a cambio de llevar una vida más cómoda que la que tenía en casa con sus hijos.

Karen acosa a FrankKaren acosa a Frank

Kev, que hasta ahora ha tenido poco protagonismo, coge peso en este capítulo. Y tanto. Una excusa tonta (me voy a casar) para evitar el tonteo de unas clientes que le proponen un trío es tomada en serio por todos los del bar y en un minuto tenemos montada una fiesta para celebrar su boda con Verónica (algo que la novia no sabe todavía, claro). Pero la celebración le sirve a Kev para darse cuenta de no es tan mala idea, que ella es la mujer de su vida y que se quiere casar. Borracho como una cuba, acaba pidiéndole a Verónica que sea su mujer. Pero claro… esto no podía ser así de sencillo. No en 'Shameless'. Una vez reducido el índice de alcohol en sangre, Kev recuerda, y nos lo hace saber cuando habla con Fiona, que ya es un hombre casado, algo que puede ser un obstáculo a la hora de llevar a Verónica al altar.

Boda a la vistaBoda a la vista

Para saber cómo sigue la historia, habrá que esperar al quinto capítulo. En este he echado en falta más protagonismo de Ian y Lip. Ya sé que no siempre pueden ser todos protagonistas y que se irán repartiendo los minutos delante de la cámara, pero el buen rollito que hay entre ambos mola y da mucho juego. Lo mismo pasa con Frank. Ya tuvo su episodio canadiense, igual que Fiona y Steve han chupado cámara en más de uno de los capítulos anteriores. Hoy le tocaba a Debbie, a Kev y al trabajo en conjunto de los hermanos para evitar una catástrofe con la policía y con los servicios sociales (¡los pocos segundos en los que han mostrado su experiencia en casas de acogida son memorables!).

Ahora, a esperar al siguiente, que hay ganas (de que llegue, no de esperar).

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