Review Shameless: Aunt Ginger

Frank y la pintada

Vuelven los Gallagher, a los que se les acumulan los problemas: la factura impagada del gas los tiene sin calefacción, a Ian lo quieren linchar unos animales, Frank vive como un señor en casa de la agorafóbica pero echa de menos sus cogorzas y a Fiona le sale un novio de los de toda la vida… ¿Y la tía Ginger? Para eso habrá que seguir leyendo un poco más…

La tía Ginger murió hace 12 años pero nadie, salvo Frank, está al tanto de ello. ¿Por qué? Porque él mismo la enterró en el jardín, claro, y no se lo contó a nadie. A ver, no pensemos mal, Frank no es un asesino, aunque tuviera algo que ver con su muerte (algo blanco, en polvo y esnifable). Es simplemente que si la dueña de la casa donde viven moría oficialmente, se quedaban sin cobrar su pensión y como es normal Frank simplemente… improvisó. Después de todo ese tiempo, llega la inspectora de la seguridad social a comprobar si todo anda bien, y claro, andar la cosa no anda bien. Solución: hay que inventarse una tía Ginger. Pero echemos un vistazo al resto de la familia antes de seguir con la trama principal del capítulo…

La tía GingerLa tía Ginger

Ian y Mandy, por ejemplo. Ian es gay pero Mandy no lo sabe y cuando éste la rechaza ella entra en cólera y manda a su hermano y sus secuaces a lincharlo. Lo normal. ¿Vosotros no haríais lo mismo? Así es que el chaval se pasa todo el capítulo escondiéndose para evitar la paliza que, cruel destino, se lleva su hermano Lip. Estos hermanos son geniales. Se llevan tan bien que se prestan las palizas. Al final Ian lo soluciona (tarde para la cara destrozada de Lip), confesando a Mandy su homosexualidad y convirtiéndola en su novia oficial para que él pueda guardar las apariencias y ella se quite a los moscones de encima. Un trato justo.

Lip, salvo por la paliza, tiene un capítulo tranquilo. Su relación con Karen, la hija de la nueva novia de Frank, está yendo a más. Además, se está sacando un dinerillo haciendo exámenes de otras personas, que siempre viene bien. Es un empollón con recursos.

Lip tras la palizaLip tras la paliza

Frank, al que dejamos la semana pasada instalado en casa de Sheila, se ha adaptado a su situación muy rápidamente. Tanto que, cuando Lip va a recoger a Karen, no duda en decirle a su hijo lo bien que está allí (casa limpita, comida y bebida gratis y nada de follón de niños) y preguntarle sobre su relación con Karen: ¿What are your intentions?, como si fuera el padre de ella en lugar del de él… ¡Este tío es un crack! De todas formas se nota que echa de menos su bar y aprovecha la mínima para gastarse la pasta de la compra de Sheila en cerveza.

La historia de Fiona y Steve, como augurábamos la semana pasada, no está acabada, aunque eso no quiere decir que vaya a ser un camino de rosas. Lo vemos al comienzo del capítulo: Fiona está en actitud más que cariñosa con Tony, el policía, en su coche. Él está pilladísimo por ella. Tanto que cuando Fiona avisa de que viene una horda de niños hacia el coche (¡Kids!) que los van a pillar en plena acción Tony responde (¡Absolutely!) dando por hecho que ¡ella le está pidiendo hijos! Y para Fiona Tony es un rollete. Los demás, Steve incluido, la acusan de liarse con él como reacción a su ruptura con Steve. Fiona lo niega pero no se lo cree ni ella. El lío viene cuando descubrimos que Tony (que resultó ser virgen) va en serio y que quiere presentarle a su madre. Quizá la historia entre Tony y Fiona podría funcionar en otra vida, pero en esta Steve no se ha rendido en ningún momento y la insistencia tiene su premio. Si en el final del capítulo anterior veíamos la ruptura de la pareja, en este toca la reconciliación.

La nueva tía GingerLa nueva tía Ginger

Y acabamos la historia de la tía Ginger… La solución era buscar una sustituta y hacerla pasar por la tía Ginger real. El primer intento es penoso. Frank va a buscar una vieja a un albergue de ancianos y acaba disfranzando de tía Ginger al señor Perry, el antiguo conductor del autobús escolar y ahora mendigo. El resultado es hilarante: no sólo se nota que no es una mujer sino que el señor Perry no puede disimular una erección, algo muy impropio de la difunta tía Ginger. El plan B llega de manos de Verónica, que trabaja en un centro de la tercera edad. Allí es fácil llevarse a una señora, a ser posible con Alzheimer, sin que se entere nadie. Como ejemplo sirva el caso de un compañero suyo al que pillaron violando a una interna que estaba en coma y en lugar de echarlo le subieron el sueldo (!). Está claro que muy bien no funciona aquel lugar. Se llevan pues a la nueva tía Ginger, un cielo de mujer, la abuelita perfecta que cocina para chuparse los dedos, que es mimosa con sus nietas y que no recuerda ni quién es. Perfecta para el plan. Tan perfecta que la pobre Debbie se encariña con ella y acaba llorando a moco tendido cuando tienen que devolverla a su asilo. Pero el engaño funciona. La de la seguridad social les da su pensión y amenaza con volver cada seis meses (quizá así Debbie pueda ver la tía Ginger falsa de nuevo más adelante).

Una reflexión sobre los personajes: las tramas hasta ahora han afectado a los hermanos mayores, Fiona, Ian y Lip, y a Frank, claro. Los pequeños son todavía muy secundarios. Liam, el pequeño, no es más que parte del atrezzo. A Carl lo vamos conociendo más aunque todavía es casi un extra: es sólo un niño al que le gusta derretir cosas aunque tiene muy claro que su hermanito Ian podría coger un herpes de Mandy si se enrolla con ella (Carl es un niño para lo que le conviene). El personaje de Debbie va cogiendo forma: es la más sensible y la que busca soluciones a los problemas del día a día en la casa, aunque sigue siendo una niña pequeña. Poco a poco iremos sabiendo más de todos ellos, seguro. Los vecinos por ahora tienen dos funciones bien distintas: Verónica ayuda cuando hace falta y Kevin aparece de vez en cuando para poner una nota absurda-simplona en algunas escenas.

En fin, la familia Gallagher sigue adelante, sobreviviendo de mala manera, saltando de lío en lío, y seguro que la semana que viene volverán para liarla parda.


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