Review Shameless: A Great Cause

Todos lo sabíamos. La llegada de Mónica sólo podía tener un final posible. Tanta contención, autocontrol, amor de madre esparcido sin ton ni son tenía fecha de caducidad. El globo Mónica se ha hinchado tanto que al final ha explotado y se ha llevado todo por delante, incluidas las ilusiones de Fiona.

Mónica siempre llega con ganas de recuperar el tiempo perdido. Quiere ser la madre que nunca ha sido. Prepara la comida, es cariñosa, se encarga de las tareas de casa… Normalmente no dura lo suficiente como para que Fiona caiga en la trampa pero esta vez la mayor de los Gallagher ha mordido el anzuelo, ha cerrado los ojos y ha confiado. Y confiar en Mónica es un error, y más si se le permite acceder tan fácilmente a los ahorros tan duramente conseguidos por sus hijos.

Un coche, juguetes, ropa, drogas en cantidad y hasta la loca idea de alistar a Ian en el ejército, todo esto va saliendo de la mente (y del bote de la ardilla) cada vez más desequilibrada de Mónica. Y Frank no sólo no se lo impide sino que se une a ella en una carrera desenfrenada, que es lo que mejor saben hacer, sin pensar en las consecuencias. Cuando Mónica cae en la cuenta, arrumbada en la cama, señalada por su hija, ya es demasiado tarde. Por un momento Fiona se ha planteado trabajar en serio en la discoteca, en un cargo de responsabilidad, y entrar en la universidad para estudiar algo relacionado con la gestión de empresas. Parecía que Fiona jamás podría ilusionarse por nada ya que antes que nada estaba el cuidado de sus hermanos. Así lo pensaba ella. Pero al ver a su madre tan bien, tan controlada, se confió. La realidad, como siempre, le da en toda la cara, le pone los pies en el suelo de golpe pero ella no tarda en recomponerse, al menos por fuera: deja sus sueños sobre la lavadora y se pone a ordenar la casa que su madre ha convertido en un caos. No creo que Mónica dure mucho más en casa de los Gallagher.

Steve, por su lado, ha encontrado la solución a su problema brasileño: traer al amante, Marco, para conseguir su libertad y poder ir a por Fiona con todas las de la ley. La trama del viaje imposible de Marco en el contenedor va salpicando de humor el capítulo, alternándose con la tramas dramáticas de Mónica, en desfase total, y Mandy, el embarazo que podría haber sido de un Gallagher pero que tiene un autor mucho más doloroso, el propio padre de Mandy. Esta última trama une a todos en el Alibi con la idea de recaudar dinero para pagar el aborto y evitar que Mandy sea madre y hermana del mismo bebé.

La idea de tener un hijo de Verónica y Kevin se frena en este capítulo, pero sólo un poco. Al parecer V no es demasiado fértil y está a punto de rendirse. Incluso se convence a sí misma de que no quiere un bebé. Pero le dura poco y finalmente seguirán intentándolo. Por su parte, Sheila se arrepiente de haber caído en los brazos de Jody. Parece que quiere pagar por ello y meter en casa a un exyonqui moribundo, uno de los personajes más patéticos hasta ahora vistos en Shameless. Pero claro, la química que hay entre Jody y su excasisuegra es brutal y terminan dejándose llevar.

El equilibro de drama y comedia vuelve a ser el punto fuerte de Shameless. La historia de Mónica, que juega con el drama y la comedia, frente a la puramente dramática de Mandy y la cómico-romántica de Marco, el amante empaquetado, hace de este un capítulo redondísimo (si es que se puede aplicar el superlativo a algo de por sí ya perfecto). Veremos cómo sigue la serie, que ya entra en la recta final de temporada y seguro que nos tiene preparado un final de traca.

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