Review Shameless: A Beautiful Mess

Comentamos el último capítulo tras una semana en la que Showtime ha decidido renovar la serie para una tercera temporada (aplausos, hurras y demás muestras incontroladas de aprobación), coincidiendo con el golpe de suerte de Frank, que ha recibido, como caída del cielo, la solución a todos sus problemas.

Frank empezó la temporada temiendo lo peor: que Sheila superara su agorafobia y descubriera, entre otras cosas, que no trabaja en el bar sino que se lo bebe enterito y a ser posible sin pagar. El plan inicial, que consistía en hacerse necesario en casa, arreglando averías que él mismo provocaba, no pareció servir de mucho. Luego tocó asustarla, hablando de los peligros del exterior: que si una mujer fue atacada en un mercado, si otra fue agredida en la calle… pero nada, Sheila se mantuvo firme. Ni siquiera pegarle un tiro con una vieja Luger alemana hizo mella en Sheilla. Sí en el ojo de Frank, claro. Pero la suerte, como casi siempre, está con Frank. Cuando Sheila se dirigía a batir su récord de pasos fuera de la casa, alcanzando por fin el bar de Frank, y ya este se veía de vuelta en la casa Gallagher (tan claro lo tenía que ya se iba con el petate), Sheila presencia la caída de parte del tren de aterrizaje de un avión a pocos metros de donde se encontraba. En su gesto lo vemos todo: el proceso de recuperación de su trauma se ha ido al garete y Frank, tan feliz como una lombriz.

Por otro lado tenemos a Lip tratando de romper la relación de Karen y Jody. Primero investiga al novio: le roba la cartera, el móvil, consigue sus antecedentes penales… pero nada, está limpio. Luego intenta que le sea infiel a Karen, pero tampoco funciona. Lo único que  consigue es que Karen se enfade con él por lo que está tratando de hacer. Tal es el mosqueo que se le escapa (¿se le escapa o es voluntario?) que está preñada. Suponemos, y Lip también, que el hijo es suyo, no de Jody. Éramos pocos y parió la abuela: otro Gallagher que sumar a la tribu está en camino.

¿Y la fiesta de Debbie? Un fracaso. Se supone que Fiona busca que la niña se desestrese, que para su edad no es normal la de responsabilidades que tiene. Hasta sarpullido le ha salido. La cuestión es encontrar amigos que quieran ir a la fiesta, y es que la pobre anda escasa de vida social. Además de la familia y vecinos, Debbie invita a un niño freaky que le quiere meter mano, a un amigo chorizo de Carl (su nuevo mentor, maestro del crimen organizado a pequeña escala) y a una rubia salida que lo que quiere es zumbarse a Lip. Vamos, una fiesta destinada a salir mal, se mire por donde se mire.

Fiona, por su parte, sigue echando de menos a Steve. Cada vez más. Incluso le ha llamado para que se acerque a la fiesta de Debbie (excusa barata) pero ni ha respondido ni ha aparecido. En este capítulo Fiona ha tenido a la mujer pirada del rollito fallido del capítulo anterior, su amor platónico del instituto, acosándola hasta el absurdo. Sus continuos ataques (carrera con bate de béisbol, lanzamiento de bebida desde el coche, ladrillazo a través de la ventana, cartel en la calle, pintada en la puerta…) parecen no tener fin, y todo porque el tipo este tuvo que irse de la lengua y confesar el desliz a su mujer, y al cura, y por este es que se presentan en casa de los Gallagher, a pedir perdón por todo. Penoso, y Fiona ya no sabe dónde meterse.

La crisis de Fiona se hace más tangible cada capítulo que pasa. La necesidad de recuperar a Steve le sale por todos los poros. Eso o llenar ese vacío con alguien que supla lo que el ladrón de coches le daba, y eso parece difícil. El único que tiene un capítulo feliz es Frank, que parece haber terminado con su calvario personal (hasta nueva orden). Bueno, y Ethel, que se ha echado un amiguito, padre precoz como ella. Los dos mayores de casa, Fiona y Lip, están en caída libre. Esperemos que lleguen mejores tiempos, que ya va tocando.


Categorías: Series Shameless Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »