Review Rubicon: Pilot

Review Rubicon: Pilot

De Rubicon hemos visto un piloto, un trébol, unas cuantas preguntas, un personaje y un ambiente. Todo ello ha bastado para que, al menos, sepamos que no tiene mala pinta… aunque no ha llegado a arrasar, como otros pilotos. La verdad es que un buen piloto puede dar ganas de ver más serie, y eso, cuando el arranque oficial se va a demorar meses, frena un poco el entusiasmo. Aún así, espero con ganas su emisión, que arranca el 1 de agosto. Claro que, después de lo que ha sido la pasada temporada, tener un buen piloto sólo significa que tienes las ideas claras para 40 o 90 minutos, y no garantiza nada más. Por lo que he visto, a mi me ha gustado en todo, o casi todo. Hablemos de Rubicon.

A continuación se desvelan detalles del episodio piloto. No entres si no lo has visto…

Empezaremos por lo que menos me ha gustado del piloto: la primera escena, que debía ser impactante, es previsible para cualquiera que haya leído o visto La Isla del Tesoro. Es verdad que es un buen arranque, más aún porque la mujer que parece hija del suicida parece estar al tanto, si no es que ha sido la misma que ha puesto el trébol. El suicidio, en cualquier caso, se ha convertido en un ruido de fondo del capítulo, del que hemos oído algo suelto y con el que hemos terminado. El otro punto débil es que no ha conseguido que maldiga cada uno de los días que queda hasta el siguiente capítulo.

Aún así, ha planteado una buena serie de preguntas y ha asentado una premisa: una organización, en la sombra, controla o influye, en los tres poderes de EEUU. Y nos falta un cuarto, que podría ser la prensa o la economía, pero que no tiene por qué serlo. Rubicon es una serie en la que un solo personaje lleva, de momento, toda la carga dramática, que no narrativa. Will Travers es un personaje que me ha gustado mucho. No es sólo la construcción de un tipo desmoralizado, desmotivado, que pese a que tiene un trabajo interesante, y más grande de lo que puede abarcar, está cansado.

El primer éxito de Rubicon en el plano dramático es que la interpretación de James Badge Dale, junto con la fotografía y el ritmo narrativo, te transmite una enorme desgana de vivir, o de vivir así. Travers está cansado, ha perdido mucho y, encima, debe seguir adelante, pero sólo por el compromiso personal con su jefe, que además de todo, es neurótico y supersticioso. Además, el ambiente absolutamente claustrofóbico nos sumerge en la historia, nos une al personaje y, me da la sensación de que va a contribuir al nivel de paranoia y locura necesario para desconfiar de cada personaje y cada gesto que veamos.

Imagen del piloto de RubiconImagen del piloto de Rubicon

El trabajo de encontrar patrones parece interesante, pero no sabemos para quién, ni para qué ni qué tipo de patrones. La idea de que sea un Think Tank al uso es un poco extraña, porque revisar crucigramas no es lo que suelen pedir los partidos políticos para ganar elecciones… pero parece que tiene la bastante importancia como para que haya directivas de seguridad, un acuerdo de confidencialidad serio, un ascensor a un bunker y un tipo con pajarita. También parece que llegar a ciertos puestos facilita estar al tanto del misterioso trébol.

El coro de personajes ha contribuido, en muy poco tiempo, a que desconfiemos de casi todos. La asistente, aparte de por ser uno de los malos más inquietantes de CSI y de la tele de los últimos años, tiene pinta de ser alguien que nos va tener dudando sobre su lealtad. Lo mismo del compañero pelota, el raro, o la nueva. Todos parece que van a aportar preguntas, dudas y respuestas.

En cuanto a la conspiración en sí misma, tenemos una gran duda: qué clase de conspiración requiere el uso de contraseñas en los crucigramas de distintos periódicos… y para qué. Quiero decir, o es una contraseña muy inteligente o es una contraseña absolutamente ridícula, porque… ¿la señal es sólo una aparición o tiene que aparecer en todos los periódicos? ¿Qué significa? ¿A quién se dirige? Da la sensación, visto el final del capítulo, que el señor Krispis y sus amigos (que suponemos que del ejecutivo, legislativo y judicial) están avisando de que se retoma algo que, posiblemente, el suicida frenaba u obstaculizaba. Que fuera un filántropo permite pensar que se estaba apeando de lo que fuera que intentaran.

Por otro lado, que el Jefe y Suegro de Will intente alejarle y protegerle, y el cambio de actitud del jugador de ajedrez, nos sugieren que esta conspiración viene de lejos, es peligrosa y no es un trigo limpio. En fin, que saben lo que viene, pero no quieren ni cruzarse: ¿derrotados? ¿Temerosos? ¿Colaboradores? Lo veremos con el tiempo.

Al menos tenemos tres Rubicones, o en su versión española, tres veces que hemos quemado los barcos. La primera, con la conspiración. Cruzar el Rubicon es declararle la guerra al Estado para imponer tu ley como nadie lo había hecho antes. La segunda es cuando Will Travers decide seguir con su trabajo: cruzar el Rubicon es aceptar tu destino. Finalmente, el tercer paso es, aunque aún no lo sepa, que se ha metido en una aventura de descubrir qué es el trébol: cruzar el Rubicón es aceptar que la suerte está echada.

Al final, tengo que reconocerlo, me muero de ganas de volver a ver este ambiente mustio y grisáceo… ¿y vosotros?


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