Review Prison: Safe and Sound

Review Prison: Safe and Sound

No nos podemos quejar de Prison Break. Ha renovado por completo su erosionada e indigna propuesta de la tercera temporada y nos ofrece cada semana 42 minutos de entretenimiento. No, no es Prison Break, es Ocean's Fourteen en veintidos entregas, pero la serie sigue teniendo motivos para seguirla de cerca. Ver a Alex Mahone destrozado y llorando por la muerte de su hijo es uno. Pero tengo más…

¡Ya tenemos la review! Podéis comentar lo que os dé la gana. Incluso cosas buenas sobre la serie…

  • Episodio 4×05: Safe and Sound
  • Fecha de emisión: 22 de septiembre

Nueva jornada en busca de las dichosas tarjetas. Nuevo éxito, sobra decirlo. El cerebro de Michael Scofield empieza a ser más grande que los músculos de Lincoln. El ex tatuado no va a poder aguantar ese ritmo y auguro una enfermedad seria en capítulos muy próximos. El hecho de que la nariz no deje de sangrar no invita al optimismo. Y tampoco invita a pensar en un desenlace ingenioso y sorprendente por parte de los guionistas. Más allá de lo previsible de las tramas, Prison Break entretiene.

Vamos con los motivos de los que hablaba al principio. La serie tiene un ritmo frenético y consigue que los 42 minutos pasen volando. Ya, no sólo de ritmo vive la televisión, porque entonces las maratones se emitirían en prime time, pero es un factor destacado. Y no todas las series consiguen mantener tu atención durante todo el episodio. Será por la propuesta de robos, asaltos y escapismo, lo cierto es que he estado entretenido mientras Scofield y Lincoln agujereaban la caja fuerte y Sucre y Bellick hacían de improvisados bedeles. El recurso de copiar la tarjeta y ver cómo se llenan las barritas es fácil y antiguo, pero no le resta intensidad y emoción.

Sara es otro de los motivos para ver la serie, aunque cada vez menos por su aportación a la trama y más por la figura de novia de Scofield. Prison Break se equivoca en mantener sólo tres tramas abiertas, dos de ellas ya han confluido: la búsqueda de las tarjetas y la venganza de Mahone. Más allá de la preparación y el trabajo de investigación para dar el siguiente golpe, la serie carece de interés. Sí, está la relación de Sara y Michael, pero la emotividad de éste último deja bastante que desear. Espero que se abran nuevas historias.

La tercera trama que se mantiene abierta es la historia de T-Bag. Poco a poco empieza a descifrar el código del libro de los pájaros: Scylla. La fortuna se ha aliado con él, por enésima vez, y una gota de agua ha desenredado su camino hacia el éxito. Tendrá tres días para seguir encontrando pistas o enfrentarse al nuevo chino, mucho más serio, mucho más peligroso y mucho menos carismático que el de la segunda temporada. Y hablando de asiáticos, Roland es un gran personaje, otro de los aciertos de la temporada. No estaría mal que investigáramos en su pasado y tuviera algo más que hacer aparte de teclear.

Por cierto, Alex Mahone es un crack. Podría exponer cómo he llegado a esa conclusión, pero viendo su actuación en el episodio ya tenéis la respuesta. Y eso que no ha estado demasiado participativo en esta historia. Sensacional.

Conclusión: no le pidamos peras al olmo. Ya no. Podemos recitar de memoria la cantinela de que Prison Break ya no es Prison Break, que no se parece en nada al de la primera temporada, que se ha perdido la esencia de la serie, que no tiene ninguna gracia y bla bla bla. O podemos sentarnos con un bote de palomitas, una coca cola zero (publicidad gratuita) y disfrutar de 42 minutos de cine sencillo, directo y sin mayores aspiraciones. ¿Qué os parece? ¿Alguien que traiga la coca cola y yo pongo las palomitas?

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