Review Outcasts: Episode 4

Review Outcasts: Episode 4

De todos los dilemas con los que se encuentra el ser humano día a día, el que con más frecuencia hace acto de presencia es el de lo que es moralmente correcto o no. Los límites de la moralidad jamás quedarán bien dibujados ni remarcados. Normalmente aceptamos que moralmente correcto es lo que no atente contra los derechos humanos. Pero, ¿y si experimentamos con otras especies?, ¿y si nos salimos de lo que comúnmente conocemos? A veces el hombre no conoce límites y es capaz de cualquier cosa en su propio beneficio. Culpa y dilemas morales, eso hemos encontrado en el cuarto episodio de Outcasts. ¿Hablamos de ello?

Este episodio ha despertado en mí profundos sentimientos de piedad y lástima. Nos han facilitado más piezas del puzzle. Poco a poco vamos conociendo mejor a los AC y nos vamos haciendo una idea de lo que hicieron con ellos. Sabemos que los utilizaron como experimento, que los crearon y los liberaron como animales abandonándolos a su suerte en Carpathia. Sin embargo, unos sufrieron más que otros. Recuerdo que hace una semana comentaba que no estaba claro quiénes eran los buenos y quiénes los malos. Creo que ya lo tenemos. Tal vez exista ambigüedad en los miembros de la base. Tal vez no todos quisieran eso. Lo que sí está claro es que los AC no han intentado nada de forma gratuita. Tienen sus razones. Tienen muchas razones.

Hasta ahora sólo conocíamos el nombre de Rudi, del que ya aprendimos que no atacaría a nadie si no se encuentra amenazado. Incluso le vimos salvar a Cass. En este episodio nos han presentado a Elijah, un AC algo más especial. Un AC en el que no repararon a la hora de experimentar sin límites y al que dañaron, indudablemente. En serio, qué lástima me ha despertado este personaje. Creo que sólo ha hecho falta mirarle a los ojos para descubrir cuánto sufre por su condición, cuánto odia dañar a los demás, cuan consciente es de ser un peligro.

Las pruebas que realizaron a Elijah llegaron más lejos de lo que tenían que haber llegado. Mucho más. Algo hicieron con su cerebro, condicionándole a atacar cuando se pone nervioso, a agredir a los demás sin querer hacerlo cuando alguien se acerca demasiado. Agrede a la mujer que intenta curarlo (por suerte ésta ya conoce su naturaleza y bondad) y a Cass cuando estalla la tormenta. Como él dice, “se le enciende la luz roja”. Y es que está claro las intenciones de Elijah no son las que todos creen. Podría haberse liberado. Podría si no se hubiera detenido a salvar a Fleur (a veces me mata que quiera ser la super heroína), y sin embargo lo hizo. Podría haberse enfadado cuando Cass (joder, por qué) advierte a Tate de la situación y sin embargo lo entiende.

Al menos a mí el personaje de Elijah me ha resultado interesantísimo. Es una lástima que el episodio haya terminado con su injusta muerte. Creo que podríamos haber obtenido bastante información a través de él. Creo que todas esas pruebas que le hicieron despertaron también en su cerebro algo diferente, una precepción diferente, porque está claro que percibe ciertas cosas. Elijah ha hecho del cuarto episodio el mejor de la serie hasta ahora. Creo que lo único que me queda por destacar de este personaje es la preciosa conversación que mantiene con Cass antes de que estalle la tormenta. Y es que si algo nos ha enseñado es que los AC y los humanos no son tan distintos. Ambos ríen, lloran, sienten y aman.

No somos tan diferentesNo somos tan diferentes

También hay mucho que decir del presidente Tate. Mucho, mucho. Es de los personajes que más me ha gustado desde el principio, y sigue siendo interesantísimo, desde luego. Pero en cierto modo, todo el asunto de Elijah me ha hecho restarle muchos puntos. Creo que es inevitable. Lo de jugar a ser Dios se le fue un pelín de las manos con todo este asunto de los AC, y está muy claro que todo acaba saliendo a la superficie. Así que Tate tiene sus propios demonios, su cruz, su culpa.

Desde el segundo episodio hay una presencia cuando está solo. La primera vez sólo mueve un dibujo. Hoy ha ido más allá. Voces, huellas en los cristales, susurros, y un “dad” un poquito siniestro. La presencia que lleva tiempo acompañando a Tate es nada más y nada menos que sus propios hijos. No sé si esto tiene más que ver con su redención que con el hecho de que se escondan demasiados secretos en torno a la muerte de los niños, pero en cualquier caso sabemos que lo que lo acompañaba no tiene nada que ver con las fuerzas sobrenaturales de Carpathia. Muy grande la escena final, también, cuando por fin puede verlos y destrozado les dice que se vayan a jugar.

No os vayáis, por favorNo os vayáis, por favor

Creo que con este cuarto episodio queda muy clara la calidad de la serie. Se van superando capítulo a capítulo, y nos están regalando momentos tan intensos… ¿Qué os ha parecido a vosotros?

Nota del autor
3
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