Review Once Upon A Time: What Happened to Frederick

¿Qué sería de mundo sin obstáculos y enredos? Probablemente éste sería un lugar en calma, una balsa de aceite. Y ni siquiera importaría. No importaría porque, seamos francos, lo que nos hace sentir bien, lo que nos hace atesorar los momentos de paz, es precisamente esa tendencia de la vida a ponerse complicada. ¿Cómo vamos a saber cuándo estamos bien si nunca estamos mal? Y es que, aunque a veces queramos estallar y mandarlo todo bien lejos, esos obstáculos son necesarios para que nos demos cuenta de que, al fin y al cabo, nuestra historia es nuestra historia, y si queremos escribirla, hemos de seguir luchando. What Happened to Frederick es el ovillo de un gato furioso, y los lectores del cuento tenemos por delante la tarea de desenmarañarlo. Desliemos, pues…

Lo de esta semana ha sido una sorpresa. Es vox pópuli el hecho de que los episodios centrados en la pareja del cuento no me gustan y además consiguen enfadarme como si tuviera algo que ver con ellos. Es de locos. Pero What Happened to Frederick ha sido un buen episodio. Me ha gustado, en general, e incluso ha habido momentos en que he llegado a entenderlos. A los tres. Porque esto es un triángulo con los ángulos bien machacados del que nadie saldrá sin rasguños. Unos más que otros, claro está, cada uno acorde a su rol. Además, no puedo negar que llevaba dentro una pequeña curiosidad… ¿Quién es el tal Frederick y qué le ha pasado al pobre para que le tengan que dedicar el título de un episodio? Y del número trece, nada menos. Que yo no soy supersticiosa (normalmente), pero hay quien no puede ver el numerito ni de lejos. Y eso que gracias al numerito el señor Bilbo Bolsón acabó siendo protagonista. En fin, digresiones aparte, me alegra poder decir que el episodio me ha dejado buen sabor de boca. Pasemos a comentarlo.

Lo que normalmente decide si la review comenzará hablando de Storybrook o del cuento es la carga de contenido de ambas. Normalmente el peso del episodio suele encontrarse fuera del pueblecito, pero esta semana, éste lugar tan mágico (y maldito) se ha visto empapado de drama y hay mucho de lo que hablar. Además, ha habido un gran contraste entre el final feliz de la historia y el triste desenlace de la “realidad”. La relación entre Mary Margaret y David quedó en estado crítico el mismísimo día en que Cupido, supuestamente, tenía que salir a practicar el tiro con arco. Sin embargo, se resisten a rendirse fácilmente. Es de entender, desde luego. El problema en este juego es que hay una tercera persona en medio, que, sin lugar a dudas, se ha llevado la peor parte y además ha sido privada de cualquier oportunidad de renacer. Es una pena. Lo que le ha tocado vivir no lo quiere nadie, no es precisamente una situación agradable y todo ser humano sabe cómo se siente alguien a quien le han retorcido el corazón con las manos.

Es una pena, sobre todo, porque éste parecía un buen momento para que ocurriera. Es un golpe duro, pero con una nueva vida en el horizonte las cosas se ven diferentes. Una nueva ciudad, el comienzo de unos estudios con ilusión, un nuevo trabajo, quizás, y la promesa a sí misma de encontrar un amor de verdad, que la mire como su marido no sabe mirarla. Es muy triste, porque llega a entenderlos, llega a dar su aprobación a eso tan sumamente especial que ella no tiene después de abofetear a su contraria en el pasillo (bofetada que, dicho sea de paso, debería haber recibido otra persona). No hay suerte para Kathryn, que, gracias a la convicción de Regina, cree que tiene un apoyo, y tras dejar una carta que no llega a su destinatario y que podría haber cambiado radicalmente las cosas, se dispone a abandonar un lugar en el que está atrapada. Y ahora llega la verdadera interrogante: ¿qué ha sido de ella? Sabíamos que no iba a salir de Storybrook y que la huída, normalmente, supone un accidente. ¿Ha desaparecido con las cenizas de la carta? ¿Ha llegado a salir del coche tras la colisión? No sabemos, pero su Frederick particular no la encuentra en el vehículo…

Por otra parte, después de todo el revuelo causado, la relación prohibida no va a ninguna parte. Una vez superada la fase de confesión (una confesión tan falsa y cobarde como era de esperar), todo se convierte en un caos. Por lo visto, al ser todos personajes de una misma historia, las acciones son condenables a más no poner, porque no he visto en mi vida mayor complot ciudadano. Qué barbaridad, señores, ¿es qué nadie en todo Storybrook tiene otros asuntos de los que ocuparse? Bien me parece que los implicados se alteren, pero lo del resto ya es demasiado. Por no dejarnos atrás el hecho de que la señorita Regina haya decidido probar suerte en el terreno del arte callejero. Claro que, en su caso, lo último que le conviene es que las cosas vayan por el camino correcto. Que el papel de villano se viste veinticuatro horas al día.

Vistas las consecuencias, Mary Margaret decide que, si el hecho de ser felices va a hacer desgraciadas a terceras personas, lo mejor es dejarlo estar. Porque al amor no es amor si hay tal grado de sufrimiento. Y aquí se equivoca de todas, todas, no sé si es que ha visto demasiadas películas, o es que su concepción del amor es tan inocente como la de un niño, pero el amor sí es sufrimiento, el amor trae felicidad y también desdicha, porque esto es el mundo real, chica, y hay que pasar por encima de muchas cosas. La culpa no es buena consejera…

Tampoco se puede dejar de lado la actitud de David en el episodio. Juro que por un momento he decidido darle un voto de confianza, porque por una vez iba a ser honesto y hacer lo que debía. Pero no, ha decido ocultar una parte de la información que, digamos, es bastante importante… y hacer que tu mujer acabe enterándose de tu infidelidad por terceras personas es, cuanto menos, humillante. Otro asunto que me ha sacado de mis casillas es el hecho de que, de primeras, al buscar el chivo expiatorio de turno, no haya salido precisamente su nombre, y seamos razonables, que aunque aquí nadie se salva, Mary Margaret no tiene ningún compromiso con nadie. Y prefiero cortar aquí porque voy a entrar en una serie de temas sociales que no me apetece tratar. Me reitero, pero creo que de momento, las cosas tienen que ser así. No es cuestión de que los personajes sean infelices, es cuestión de que todo tiene su momento, y está claro que, mientras no se calmen las aguas, aquí no hay nada que hacer. Por no hablar de que en el mismísimo instante en que todo esté bien se acabará la serie.

Esta semana el pequeño Henry ha recuperado la ilusión. El extraño escritor, quien por cierto, tiene nombre, y al más puro estilo observer, se ha encargado de restaurar el libro y hacérselo llegar al niño de forma anónima. ¿Qué intención guarda el señor August W. Booth con esto?  Ni idea, pero no creo que sea mala, y el personaje cada vez me despierta mayor curiosidad. Muy bueno el momento en que conduce a Emma al pozo mágico, cuya agua concede deseos. Y sabe todo esto porque “ha leído la placa”. Creo que, de faltar el sheriff, contamos con una posible nueva relación para Emma. Y sé que no es de gran relevancia, pero me ha parecido muy significativa la escena en la que Regina regala a su hijo una máquina de matar marcianitos para suplir las carencias que su libro de cuentos ha dejado. Me ha llamado especialmente la atención porque, la mano que escribe nunca ha tenido una consola de videojuegos y pedía libros por Navidad desde muy pequeña. Y quizá de forma muy subjetiva me atrevo a decir que una cosa jamás suplirá a la otra. Nuestra imaginación es todo lo que tenemos, es el único lugar en el que podemos ser realmente libres. Así que, si bien con esa maquinita puede convertirse en héroe, villano, o en cualquier cosa que quiera según su madre, donde realmente puede ser quien quiera ser, es en su imaginación.

En el cuento hemos vivido momentos más felices. No sólo Charming se siente atrapado en un destino que no es el suyo, ya que también Abigail tiene el corazoncito ocupado por alguien con quien no puede estar. Ninguno de los dos quiere verse embarcado en un matrimonio lleno de mentiras, así que deciden ayudarse el uno al otro. Si bien el David de Storybrook cae y cae para mí episodio tras episodio, James, su versión alterna, me parece un hombre íntegro, luchador, y honesto. Una personalidad cargada de honor. Es por eso que decide arriesgar su vida por conseguir que la dama se reúna de nuevo con su Frederick, quien se alza convertido en oro cual monumento.

Cuando alguien oye hablar de un lago mágico guardado por un ser temible que, casi con toda seguridad, acabará con tu vida si te acercas, nadie espera encontrar allí una belleza etérea de cabellos larguísimos y labios cual carmín. Sin embargo ahí está, acechando, utilizando las debilidades de todo ser que se atreve a beber. Pero Charming sabe que esa no es su Snow y hace posible el reencuentro de los enamorados. Honorable.

Lo decís mucho en los comentarios y además es una cuestión para mí permanente. ¿Cuándo vamos a ver a Caperucita en acción? Porque no nos han contado mucho de ella en Storybrook y en el cuento sólo hemos podido verla ligada a la historia de Snow White y Charming.

La serie me tiene muy, muy contenta y estoy deseando ver el siguiente episodio. ¿Y a vosotros, que os ha parecido la entrega de esta semana?

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3.5
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