Review Once Upon A Time: True North

Dicen que la mejor forma de vencer una tentación es caer en ella. Todo eso suena muy bonito sobre el papel, pero todos sabemos cómo pueden llegar a funcionar las cosas en realidad. Se cae en la tentación, se recibe un golpe, una lección aprendida más a la lista y, si sales de esta, prepárate para la siguiente. Miles de tentaciones con todas sus posibles consecuencias. Tentaciones de todas las formas y colores para que todos acabemos mordiendo de la manzana una y otra vez. Es ley de vida. Es esa debilidad lo que nos hace humanos. Y esta semana una tentación muy colorida ha puesto a los protagonistas de True North en un aprieto. ¿Queréis pasar? Tarde o temprano, se acaba cayendo…

Tenía muchísimas ganas de este episodio por diversas razones, y he de decir que, en general, todas mis expectativas se han visto cumplidas con creces. Creo que es mejor episodio que el de la semana pasada aunque haya echado de menos a Rumpel y que la serie ha vuelto a subir el listón.

Esta también ha sido una semana de reencuentros con actores de otras series importantes. Como Hansel y Gretel hemos tenido nada más y nada menos que a los niños que interpretaron a Peter y Olivia en Subject 13. Aunque no ha sido el encuentro más esperado para mí, ha sido grato volver a verlos juntos, y sobre todo lo habrá sido para los muchísimos fans de Fringe que se mueven por este territorio. Forman un gran equipo. Y como padre de las criaturas hemos vuelto a ver a… sí, ya lo dije, Nicholas Lea. Con unos años más encima, pero al verlo, jamás podré dejar de recordar a Krycek. Furia rusa. Perdió un brazo en Tunguska. El malo más querido de Expediente X por los restos de los restos.

Ya conocemos la historia de Hansel y Gretel. Sin embargo, en esta versión del cuento hay más brujas malvadas de la cuenta y las historias acaban complicándose. Los pequeños dejan a su padre, un leñador humilde, en el bosque cortando leña. Antes de partir, reciben una brújula prometiéndoles que con ella siempre lograrán encontrarlo. Al volver, en el lugar de su padre encuentran a la malvada reina esperando para adjudicarles una misión que les tentará más de lo conveniente a cambio de llevarlos hasta su padre. No tienen elección… Cuando la reina quiere algo, lo quiere hasta las últimas consecuencias.

La misión es colarse en una encantadora casita hecha de todos los dulces del mundo habitada por una bruja ciega. En esa casa, se esconde algo que la reina necesita, y antes de que los hermanos se adentren en ella, reciben la advertencia: “Por fuerte que sea la tentación, no comáis nada”. Parece muy fácil, pero no si tienes hambre y edad de querer consumir todo el azúcar del mundo. Y es lo que ocurre, que Hansel tiene hambre y muerde una magdalena, despertando a la bruja, quien los captura con la intención de darse un atracón a la hora de la cena. Pero los chicos son muy listos, y después de unas cuantas maniobras consiguen encerrarla en el horno donde…quedará echa cenizas. Y la señora no es precisamente un fénix…

La malvada reina tenía salirse con la suya, claro está. Aquello tan valioso que Hansel y Gretel tenían que rescatar es, nada más y nada menos que la manzana con la que envenenará a Snow White más tarde. Un arma muy poderosa. Y por supuesto no piensa cumplir lo prometido, así que libera a los hermanos y al padre, sí, pero en mitad del bosque, donde a saber cuánto tiempo tardarán en encontrarse, si es que alguna vez lo hacen.
Como siempre, la historia se repite en Storybrook. Eve y Nicholas son dos chicos huérfanos a los que conocemos gracias a un pequeño intento de robo. Viven solos y con una historia inventada, ya que no tienen nada y, ante todo, no quieren que los separen. Así que la nueva sheriff se pone manos a la obra para solucionar el problema y… ¿a quién acudir en estos casos? A Mr. Gold, no podía ser de otra manera, que no tarda una milésima de segundo en reconocer la brújula y recordar a quien se la vendió (porque lo del registro era una gran patraña). Por cierto, un detalle encantador ver a Mr. Gold frotando la lámpara mágica.

Esto nos lleva al padre de las criaturas, dueño de un taller de coches al que le cuesta bastante pagar las facturas y le asusta de forma soberana lo de ser padre. Demasiada información de un golpe. Siempre hay una solución, claro. Y aunque los personajes no pueden salir del pueblo, y probablemente el coche se habría averiado de seguir unos kilómetros más, Emma sabe que sólo viendo las caras de sus hijos conseguirá que todo se ponga en su sitio. Incluida la dirección a la que apunta la brújula. Final feliz para ellos.

En este episodio las cuestiones de paternidad y maternidad no han brillado precisamente por su ausencia. Regina sigue insistiendo en que en este caso, la cuestión biológica no importa nada. Henry es su hijo y todo su empeño sigue siendo sacar a Emma de allí como sea. Ésta, a su vez, esconde varios secretos de su pasado. Entre ellos, quién es realmente el padre de Henry. Al niño le ha contado que murió y que fue un héroe, pero la realidad es bien distinta, y seguramente no será ninguna joyita y por supuesto se encuentra vivito y coleando.

Emma también empieza a sentir curiosidad por encontrar a sus verdaderos padres y, por muy loca y descabellada que le siga pareciendo la historia de su hijo, no sabe lo cerquísima que está de ellos. Si supiera que en realidad vive con su madre… quien por cierto, ha reconocido la manta de Emma y no va a tardar mucho en abrir los ojos del todo.

Por último, no se me puede olvidar comentar la llegada de ese extraño a Storybrook. No tengo ni idea de quién puede ser, lo que sí sabemos, es que nadie ajeno al cuento puede entrar en el pueblo… Tal vez el lobo ha vuelto a casa.

¿Qué os ha parecido a vosotros?


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