Review Once Upon A Time: The Shepherd

El ser humano tiende a complicarse la vida siempre porque viene mal programado por defecto. Hay quien lo hace porque no tiene más remedio, como la madre del pastor. Hay quien lo hace porque lo tiene todo y, o se aburre, o quiere más, como el padre del príncipe. En cualquier caso, cada paso que damos nos enreda la vida más que el anterior y, si encima hablamos de ese juego tan peligroso conocido como “amor”, la cosa se convierte en un rompecabezas. Pobres personajes los de Once Upon A Time, que en “Shepherd” nos han enseñado que, si ya es difícil vivir en este universo, vivir en dos es el quebradero de los quebraderos… Tirad del hilo….

He de reconocer que desenmarañar aquí la madeja de la historia de Blancanieves y el Príncipe encantador comienza a ser una ardua tarea. Así que mejor vamos por partes y pieza por pieza, daremos forma al puzzle. En caso de dejarme atrás algún detalle, ya sabéis que siempre se agradecen vuestros comentarios y teorías. Vamos a ello.

Quizá debería comenzar por el mundo de los cuentos, donde hemos sido testigos de cómo el príncipe encantador moría justo después de que el rey Midas convirtiera su espada en oro, poniendo el peligro la integridad de su reino. Y el oro es el oro, ya sabéis. La codicia lo puede todo. Así que su padre (Charles Widmore para los losties), decide buscar ayuda en el sempiterno Rumpelstinskin, quien nos deja ver que el príncipe no llegó de manera natural a manos de su padre, y nos cuenta que en realidad tiene un hermano gemelo.

Su hermano gemelo vive con su madre y es, tal y como el título del episodio nos indica, un pastor. Como se puede imaginar debido a los problemas económicos que mantienen, su madre tuvo prácticamente que vender a uno de los hijos que dio a luz, y como es de imaginar, también, ese pastor va a sustituir a su hermano en la tarea de derrotar al dragón y salvar el reino. Una tarea poco propia para un pacífico pastor, en principio, pero nuestro alt-charming resulta ser un héroe y acaba derrotando al dragón. Él solito. Y matar a ese dragón (que por cierto, ya nos ha saludado desde la cabecera) es como vender el alma al diablo, ya que tiene que renunciar a su madre y prometerse con la hija del rey Midas.

Sin embargo, su madre le da el famosísimo anillo antes de que se marche, con el fin de que un día pertenezca a la mujer que ama, y justo antes de partir con la que será su nueva esposa, su falso padre le dice que está a punto de comenzar el camino del amor… el camino donde, precisamente, se encuentra con Blancanieves, como ya pudimos ver en “Snow Falls”.

Lo que, al menos a una servidora, causa más confusión, es este trío amoroso en la vida real, porque algo muy extraño se cuece en Storybrook. Nuestro John Doe particular ha vuelto a casa, y por la conversación que mantienen su mujer y la alcaldesa, las sospechas de engaño empiezan a disiparse un poco… ¿y si es verdad la historia? Varios minutos más tarde, en cambio, habiendo sido testigos de la revelación de los gemelos, y habiendo escuchado lo mucho que el hombre ha cambiado de boca de su mujer… la hipótesis cambia. Todo parece indicar que con quien realmente estuvo es con su hermano, y no con él. Y de hecho es la hipótesis que mantengo en este preciso momento.

Vuelve a haber un giro, otro más. Como ya he dicho, lo que tienen montado no tiene nombre…. Él parece convencido de empezar una vida con Mary Margaret, se le declara, le dice que lo espere en el puente y… entonces se deja engañar. La alcaldesa lo envía muy intencionadamente al anticuario de Mr. Gold, donde al ver un molino de madera lo recuerda todo. Francamente, lo que creo, es que el molino está hechizado, o algo por el estilo, y que al verlo, el personaje ha creído ser quien no es. ¿Me explico? Supongo que no, pero es que tiene tela el asunto…

Eso sí, y no me puedo ir de aquí sin decirlo, me parece absolutamente fatal, por mucho hechizo o engaño que pueda haber en medio, cómo se porta con la profesora. Vamos a ver, señorito, sabes de sobra que estás en una situación complicada, y te dedicas a destrozar a dos mujeres en un día. Debería de haberse sentado e intentar averiguar quién es antes de intentar investigar el color de la ropa interior de nadie. Sé que entre las féminas el príncipe es muy popular, pero confieso que a mí cada vez me gusta menos.

¿No ha sido un mal episodio, no? Creo que ha servido para anudar un poquito la trama, y crear un pelín más de misterio. Ah, y por supuesto, no se me puede olvidar, el whiskey McCutcheon, ha vuelto a traer un guiño Lostie, no ha sido de la mano del de siempre (aunque le hemos tenido en el episodio) pero ahí está. Os veo en el cuento la semana que viene.


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