Review Once Upon A Time: The Price of Gold

En todos los rincones del mundo hay un “érase una vez” escondido. Si prestas atención, allí, en aquel bar, puedes ver a alguien vendiendo su alma al diablo para conseguir una vida mejor. Somos ficción ahogada en realidad. Somos realidad manchada de ficción. No están claras las fronteras, porque en todos nosotros, habita ese duende verde que nos susurra al oído. Tal vez por eso me he enamorado de Once Upon A Time, porque hace mi duende verte aparezca, que la realidad y la ficción paseen de la mano. The Price of Gold ha vuelto a remontar el genial nivel al que la serie nos está acostumbrando… ¿Queréis pasar a comentarlo? Adelante, sólo tenéis que firmar aquí

Nadie suele estar donde merece estar, que se lo digan a la pobre Cenicienta, barriendo y sirviendo a su madrastra y hermanastras, mientras éstas le roban lo que es suyo. No es justo, no, por eso la pobre no puede evitar caer en la trampa de Rumpelstinskin, que acaba de matar a su hada madrina. Cenicienta sólo quiere salir de ahí e ir al baile. Sólo eso. Y aunque nuestro villano deje claro que “toda la magia tiene un precio”, no puede resistirse ante la promesa de un futuro mejor.

Es este uno de esos casos en que la realidad (ficcional) acaba mejor que la propia ficción. En el mundo de los cuentos, Cenicienta acaba casada con el príncipe de sus sueños, sin sospechar que, en el momento en que se quede embarazada (como, ocurre), su primer hijo será propiedad de Rumpelstinskin. Para evitar tal desdicha, crean un contrato que lo hace caer en su propia trampa, pero hay algo para lo que es demasiado tarde… en efecto, toda magia tiene un precio, y la princesa paga el suyo perdiendo a su príncipe. Realidad y ficción se solapan cuando Rumpelstinskin dicta sentencia: “En un mundo u otro, tendré a tu bebé”.

Una semana más, y aún a riesgo de convertirme en una pesada, tengo que detenerme a comentar el gran trabajo que está haciendo el gran Robert Carlyle con Rumpelstinskin. La interpretación es magnífica, y ese uso del inglés que tanto roza el inglés medio hace que sea el personaje más conseguido de todos. Es increíble cómo Mr. Gold y el malo de los cuentos pueden parecer dos personajes tan diferentes, mucho más que el resto del reparto. Declaro abiertamente que mi personaje favorito de Once Upon A Time es Rumpel y me encanta que en este episodio hayamos podido volver a disfrutar de él en todo su esplendor.

Como cada semana, el cuento ha trascendido y la que es Cenicienta en el mundo ficcional, resulta ser una asistenta embarazada de diecinueve años para quien las circunstancias no son gratas en absoluto. El padre de su hijo la ha dejado impulsado y prácticamente obligado por el padre de éste, y además, aterrada por la idea de ser una  mala madre, ha vendido a su hijo a Mr. Gold.

Impulsada por Emma, quien esta semana parece haberse alimentado de una energía y una seguridad aplastantes, decide marcharse a Boston y comenzar una nueva vida donde nadie le diga cómo hacer las cosas. El plan sólo tiene una pega, y es que, los que son personajes del cuento, no pueden salir de Storybrook. Nuestra protagonista es la única que podría abandonar el pueblo por ser el verdadero nexo entre ambos mundos, aunque, dándose cuenta de que hay algo podrido allí, y sobre todo, muy consciente de que el pequeño Henry necesita su ayuda, decide establecerse y echar raíces en un lugar por primera vez en la vida, así que acepta el puesto de ayudante del sheriff.

Mr. Gold es un hombre persistente, desde luego, y no piensa dejar que su negocio fracase. Sigue dispuesto a quedarse con el bebé de nuestra Cenicienta real, y es la propia Emma la que, vendiendo su alma al diablo, decide hacer un trato con él para que la chica pueda quedarse con su hija. ¿El favor que le deberá? Aún no lo sabemos, pero me da que no va a ser sencillo…

El bebé es una niña y se llama Alexandra, como el príncipe quiso en el cuento. Una de las escenas más bonitas y detallistas del episodio ha sido el momento en que el padre vuelve, y le lleva a su hija unos zapatitos que, no sabe si le quedarán bien. Como el príncipe buscando a la princesa con la que bailó hasta media noche. En cuestión de detalles, la serie demuestra cada semana estar cuidadísima. Caperucita lleva un lobo en el coche y la alcaldesa no puede dejar de mirarse al espejo…

Y hablando de la alcaldesa, se he propuesto sacar a Emma del pueblo cueste lo que cueste, y algo me dice que le va a ser muy difícil. La cuestión es que esta semana hemos descubierto que sus reuniones de trabajo consisten en ir a meterse entre las sábanas del sheriff. ¿Está él en todo esto? ¿Está del lado de Emma o de la alcaldesa? Creo que anda un poco a dos bandos, más por miedo que otra cosa. No sé si esto refuerza o aleja la teoría de que es el cazador de Blancanieves.

En general, el episodio de esta semana ha sido muy bueno, y al menos en mi opinión, ha vuelto a subir en calidad con respecto al de la semana pasada. También es grato comprobar que no toda la serie va a estar centrada en el personaje de Blancanieves, que son más personajes del cuento los que van a entrar en juego. Personalmente, me muero porque me cuenten las historias de Caperucita y La bella durmiente. Tal vez debería escribir a los guionistas… ¿Os apuntáis?


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