Review Once Upon A Time: That Still Small Voice

¿Quién no ha deseado alguna vez ser alguien que no es? ¿Quién no ha soñado con ser libre y encontrar su verdadero lugar en el mundo? Es un día a día. La gran mayoría se siente preso de las cadenas de la sociedad, o de la familia, o del empleo que desempeña. Todos nos hemos sentido alguna vez fuera de nuestro sitio y hemos querido ser quienes realmente somos. Es inevitable. Llegar a la culminación de la identidad siempre será uno de los mayores logros del ser humano. Y el pobre Jiminy ha sido víctima de todas esas sensaciones, ya hemos podido comprobarlo en “That Still Small Thing”. ¿Queréis conocer un poquito mejor a ese bichito verde con paraguas al que todos llamamos conciencia? Sólo tenéis que pasar la página…

La vida es injusta y todos hemos sido testigos de cómo nuestro Jiminy (Pepito para los españoles) tiene que dedicarse a robar en las ferias en que trabaja para subsistir ya desde niño. El pobre no quiere que esa sea su vida, la vida que le han impuesto sus codiciosos padres. Él sólo quiere ser un grillo y ser libre, capaz de elegir dónde estar en cada momento. Las marionetas son una condena para él y serán, como veremos más tarde, su salvación.

Una noche lluviosa, especialmente triste y cansada (existencialmente hablando), Jiminy conoce al que resulta ser Gepeto, un niño que siente admiración por el trabajo del pelirrojo y a la vez piedad de su tristeza. Gepeto le regala su paraguas para que no se moje y vuelve corriendo a casa. No sé si lo he dicho cien o doscientas veces, pero si hay algo evidente es que a veces esta serie puede resultar un encanto.

No obstante, y consciente de que esa vida nunca va a llegar a llenarlo, Jiminy decide hacer un trato mágico con Rumpelstinskin, cosa que a estas alturas no logro entender, porque es de saber popular el hecho de que esos tratos nunca acaban con erótico resultado bien… La cuestión es que Rumpel le da una poción a Jiminy, y dicha poción acaba desembocando en tragedia y libertad, ya que en una de esas noches en que sus padres salen a timar, los padres del pequeño Gepeto acaban bebiendo la poción y convertidos en marionetas. Un desastre en todos los sentidos.

El pobre Jiminy (es que aún me resisto a llamarlo Pepito, al menos hasta que se convierta en grillo) se siente culpable de por lo acontecido, así que invoca inintencionadamente al hada de los deseos, quien le concede ser un grillo y acompañar a Gepeto hasta que sea mayor, ayudarlo en su viaje a la madurez. No me digáis que el guión no se ha organizado de forma genial… Ah, y no puedo olvidarme del detalle de la rueca que aparece en la cabecera. Es curioso, porque al ver la rueca todos hemos pensado casi de manera automática en la bella durmiente, y es Rumpelstinskin quien la está utilizando después.

Y vayamos ahora al mundo real. No es de extrañar que, con todo ese historial, el pequeño Henry esté completamente seguro de que su psicólogo es nada más y nada menos que Pepito Grillo. Está más que claro tú eres la conciencia”, y además, al final del episodio, consigue salvarse gracias a su paraguas. Detallazos, ya digo.

Esta semana la tragedia se ha mascado durante un buen rato en Storybrook, ya que Emma está cambiando cosas, como dice su hijo, y al ponerse la estrella del uniforme desencadena un terremoto que deja al descubierto una antigua mina. ¿Y qué mina va a ser? Pues la mina de los enanitos de Blancanieves, estoy segura. El caso es que, enfadado y obsesionado por encontrar una sola prueba de que lo que dice es verdad, Henry entra en la mina y acaba encerrado allí con su psicólogo. Tampoco puedo olvidar aquí el detalle de la barrita Apollo y el guiño a Lost, que si no, luego tengo que rendir cuentas. Creo que, de las muchas cosas que han quedado demostradas en la conversación entre el niño y su psicólogo, el hecho de que éste último sea un gran personaje y de un gran corazón es evidente. Es otra de las mil cosas buenas que hacen la serie, sus grandes personajes. Al final, Emma consigue sacarlos con vida (no sin antes plantarle cara a la alcaldesa) y los grillos vuelven a cantar en Storybrook.

Por otro lado, la historia de amor entre la profesora y el paciente del hospital parece cada vez más difícil. Ella se está enamorando y al parecer, él no reconoce nada de su pasado. Cosa que es normal si tenemos en cuenta que está siendo engañado. Pero lo importante aquí, es que para él, lo único real es la mujer que va a jugar al ahorcado con él todas las mañanas… Pero no es fácil, como ya he dicho, y la pobre profesora no quiere inmiscuirse en nada, así que va a renunciar a su voluntariado en el hospital… Henry  dice que es el destino, pero a menudo el destino juega con nosotros de forma vil.

En cuanto al final del episodio, podemos ver dos cosas que nos han llamado la atención. Una de ellas es que las marionetas de los padres de Gepeto se encuentran en el anticuario de Mr. Gold. La segunda, es que evidentemente, la alcaldesa sabe lo que es ese viejo túnel, y sabe lo que es la pieza de cristal que arroja a su interior. La que no lo sabe soy yo, no sé si porque era la finalidad del guionista, o porque hoy estoy muy poco espabilada. Lo que sí está claro es que la señora sabe muy bien quién es y dónde está.

Nada más. Creo que la serie va viento en popa, y estoy encantada de ser yo quien se encargue de seguirla, comentarla, y  llevar a vuestras vidas un poquito de fantasía todas las semanas. Dicho esto, creo que debería coger mis apuntes, porque acaba de entrar a mi habitación un grillo con chistera y paraguas y… no sé por qué lo contraté. Nos vemos en el cuento la semana que viene.


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