Review Once Upon A Time: Tallahassee

Hoy quería hablar del sacrificio y es que lo encuentro un término realmente difícil de definir. Damos un paseo por la RAE que nos proporcione ciertas aclaraciones y todo lo que encontramos son referencias sexuales y rituales paganos, así que queda la esperanza de que cada uno defina el sacrificio según sus circunstancias. No es éste uno de esos casos en los que podríamos decir “todo el mundo tiene que”, porque no es verdad. El sacrificio es algo injusto y selectivo. Hay quien tiene que pasar la vida sacrificando todo lo que ama, lo poco que tiene, los sueños a los que alguna vez aspiró. Otros, en cambio, se nutren de esos sacrificios ajenos. La cuestión es que a veces, sólo a veces, hay que sacrificar Tallahassee y hablar de Once Upon A Time. ¿Me acompañáis?

Vuelvo a repetirme y volveré a hacerlo cada vez que lo crea pertinente, pero esta segunda temporada me está encantando si me olvido de ese amago de infarto que me provocó el primer episodio. Tallahassee ha llegado cargado de respuestas y es de agradecer, además de muchas más referencias a Lost de las que creo necesarias, pero eso ya es otro tema. Supongo que es de entender, ya que todo queda en casa y al fin y al cabo son referencias de las que todo ser humano que no haya vivido en la Antártida durante los últimos diez años se daría cuenta, es un recurso fácil.

Ese primer episodio al que he hecho referencia nos dejó con el enigma de un personaje muy anclado en la gran ciudad cuya identidad sólo podíamos imaginar. Dijimos Bae, dijimos padre de Henry, y finalmente ha sido ésta última la respuesta, cinco episodios después. ¿Quién iba a decirnos que August había empezado a jugar un papel importante en la salvación de ese mundo mágico mucho antes de lo que creíamos? Y es que aquel “broken” que llegaba un día lluvioso pertenecía nada más y nada menos que a la mano de Pinocho.

Ha sido interesante, ya digo, conocer a ese Neal Cassidy que por la mejor de las razones rompió el corazón de Emma. Muy acertado el nombre, además, ya que esta semana volvemos a tener una referencia literaria, nada más y nada menos que bautizando a un personaje como al propio poeta de la generación Beat. Y podemos ir más allá, si queremos, ya que el mismísimo Kerouac retrató a Cassidy en su célebre On The Road (con el nombre de Dean Moriarty) y de esa tradición de carretera y moteles que tanto adoro hemos tenido una buena dosis en este episodio. Es genial, en realidad, que alguien con esa forma de vida lleve el nombre de un escritor que pasó una buena parte de su juventud viviendo de la misma manera y fue incluso condenado por robo de vehículos. Brillante.

Es precisamente en el robo de ese ya famoso escarabajo amarillo de Emma donde la salvadora conoce al que hasta ahora ha sido el único hombre del que ha estado enamorada. Alguien como ella encaja perfectamente en ese modus vivendi, ya que por razones más que comprensibles, alguien que ha sido abandonado (y no sabe la verdadera causa, en este caso) no quiere lazos fuertes. Ni personas ni lugares. Aunque acaba resultando inevitable.

Me gusta que esta semana nos hayamos acercado un poco más a la que se supone protagonista teórica de la serie, porque nos aleja un poco de esa despersonalización a la que nos tienen acostumbrados con este personaje. Emma nunca ha llegado a apasionarme, si bien es cierto que tampoco me molesta. Es un personaje con el que no llego a tener toda la química necesaria, y es por eso que este episodio ha servido para que pueda entenderla un poquito mejor. Por no hablar del hecho de que ya iba tocando un episodio centrado en ella.

Despierta un poco de piedad, siendo sinceros. No sabemos a ciencia cierta si ha elegido esa vida de carretera y manta o es la que le ha tocado vivir. Un poco de cada, es de suponer. Porque hay un abismo entre robar comida y relojes de veinte mil dólares. La cuestión es que no deja de romperme un poquito el alma verla esposada con la esperanza por los suelos, sin saber que el hombre al que espera ha tenido que hacer un sacrificio por salvar un mundo cuya existencia aún no conoce. Sacrificamos Tallahassee. Nos dejamos a Emma en la cárcel y embarazada, sin más que desilusión y las llaves de un coche. Y esos enunciados de lugares con un saltito a Vancouver suponen también un pequeño guiño al trabajo de Chris Carter, de paso.

Tengo curiosidad por varias cuestiones en este momento. Lo primero que me pregunto es qué había en esa caja de August. Evidentemente no es ningún libro de cuentos ni nada que se le parezca, ya que el contenido tiene que suponer algo tan chocante y claro como para que alguien esté dispuesto a sacrificarse por la causa. En segundo lugar, me pregunto si Neal sabe de la existencia de Henry. Y puesto que ha sido un verdadero placer ver a Pinocho de nuevo, ¿cuándo piensan volver a darnos noticias?

Mientras tanto trepamos en el bosque encantado. Las judías ya no tienen magia y necesitamos de una brújula y las cenizas que Cora guarda. Sigo pensando que la salvación del grupo en este momento es, de nuevo, Emma. No sé cómo el resto no termina de darse cuenta de que Hook no es más que un enviado de la reina desterrada. Suerte que nuestra protagonista, lejos de lo que se podría pensar, sabe hacer amigos. Amigos enormes, mortales, e interpretados por Jorge García, que resulta adorable hasta interpretando a un gigante. Es algo que he pensado en el mismísimo instante en que ha cruzado el umbral. Si pretendían mostrar a un ser terrorífico no lo han conseguido, si casi se me caen dos lágrimas escuchándolo decir que está sólo… o estaba. Ahora tiene a Hook por compañero de piso, por más que haya intentado sacar partido de esa gran labia suya para ganarse a la fémina, amén de otros encantos. Mentiría si dijera que no hay química entre ambos, pero lo cierto es que hay mucho en que pensar y no creo que Emma esté por la labor de volver a romperse de forma gratuita.

Por último, no puedo dejar de preguntarme qué supone ese sueño que tanto el pequeño Henry como Aurora comparten, y que los hace despertar en medio del llanto. Una habitación sin salida, cortinas rojas, fuego. Casi podría parecer sacado del mundo onírico de Twin Peaks. De lo que no hay duda, es de que significa algo, y ese algo no puede ser bueno.

Una semana más Once Upon A Time vuelve a dejarnos con las manos llenas de incógnitas y un saco de respuestas. Lo están haciendo bien, lo están haciendo muy bien y yo estoy disfrutando de esos cuarenta minutos semanales más de lo que lo hice con la temporada anterior, si cabe. ¿Qué os ha parecido a vosotros?

Nos vemos en el cuento la semana que viene.


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